México descarta que el presidente de Perú haya hecho acercamientos para restaurar las relaciones
El Gobierno peruano rompió vínculos después de que el país norteamericano diera asilo a la ex primera ministra de Pedro Castillo, preso por un intento fallido de golpe de Estado


Las expectativas que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, había depositado en el nombramiento del nuevo mandatario de Perú, José María Balcázar, se han visto de momento frustradas. El Ejecutivo mexicano había visto en la elección del último mandatario peruano, del mismo partido que el expresidente Pedro Castillo, un rayo de esperanza para las enturbiadas relaciones entre los dos países, que viven sus horas más bajas desde noviembre del año pasado. Tras tres años de tiranteces, el asilo otorgado por México a la ex primera ministra de Castillo, en prisión por un intento fallido de golpe de Estado, llevó la tensión al límite y provocó la ruptura de los vínculos diplomáticos por parte de Perú, que todavía no está dispuesto a retomarlas. “No hay, hasta ahora, nada del actual presidente para restaurar la relación”, ha asegurado Sheinbaum este lunes durante su conferencia matutina, en la que ha reconocido que “en algún momento” llegaron a pensar que con él se “podría tener una relación distinta”.
No parece que vaya a ser el caso. Balcázar lleva un mes y medio en el cargo y las relaciones con México se mantienen en el mismo punto en el que estaban antes de su llegada. El presidente interino, el último en un país que ha convertido casi en rutina la sustitución sucesiva de mandatarios, tiene poco margen si quiere enderezar el vínculo con el país norteamericano. Perú se encamina este domingo a unas elecciones generales en las que se elegirá, entre otros cargos, al nuevo mandatario del país. “Lo más importante, porque están en proceso electoral, difícil opinar, es que gane el pueblo. Ese es nuestro deseo en cualquier lugar, que haya gobiernos que atiendan las necesidades de los pobres”, se ha limitado a decir Sheinbaum al respecto, que ha reiterado su apoyo al expresidente Castillo.
“Nuestro deseo es que salga libre, porque está preso injustamente”, ha expresado la mandataria, que ya se había pronunciado a favor de su liberación en otras ocasiones. “Recientemente vino de nuevo su abogado a platicarme cómo va el caso. Más allá de afinidades o no políticas, y de lo que consideramos que es una visión de racismo, de clasismo, hay un argumento muy claro que da el abogado, que es que se necesitaba cierto número de votos para poderlo destituir, y la votación fue menos que ese número de votos”, ha justificado su apoyo.
Pedro Castillo fue condenado el pasado noviembre a 11 años y cinco meses de cárcel por conspiración, tres años después de un intento de autogolpe que resultó fallido. El 7 de diciembre de 2022, el entonces presidente instauró un gobierno de excepción, decretó el toque de queda y anunció la reorganización del sistema de justicia, pero las Fuerzas Armadas no lo secundaron y Castillo fue detenido de camino a la embajada mexicana, donde pretendía exiliarse. El mismo tribunal que procesó al mandatario condenó también a su primera ministra, Betssy Chávez, que sí logró llegar a la Embajada de México y que detonó el último episodio de desencuentros entre los dos países.
La gravedad de la situación es tal que, desde este enero, el Gobierno brasileño ha asumido la representación de la embajada mexicana en Perú a petición del propio Gobierno de Sheinbaum. Esa responsabilidad abarca la “guarda de los locales de la embajada de México en Perú, incluyendo la residencia del jefe de la misión, así como sus bienes y archivos”, informó entonces el ministerio de Relaciones Exteriores brasileño.
El origen del estado actual de las relaciones se encuentra en el sexenio anterior, con Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional. El morenista salió en defensa de Castillo desde el primer momento, y los enfrentamientos con la presidenta peruana que ocupó su lugar, Dina Boluarte, fueron en aumento hasta que el Congreso de Perú declaró al mexicano persona non grata en mayo de 2023, mismo camino que siguió Sheinbaum dos años y medio después. “Nosotros no podemos permitir que una persona así, que está en la cama con el narcotráfico y que distrae a su pueblo de los verdaderos problemas a los que se debería acometer, se meta en problemas peruanos”, atacó con dureza el vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Ernesto Bustamante, en la sesión en la que se aprobó.
En este tiempo, las ausencias han sido igual de elocuentes que las manifestaciones a viva voz. Sheinbaum excluyó al Gobierno de Boluarte de su toma de posesión, en octubre de 2024, y tampoco México asistió a la cumbre Asia Pacífico (APEC) de ese año, realizada en la capital peruana. Ya en 2023, ambos países tuvieron que cederle la presidencia provisional de la Alianza del Pacífico a Chile para que esta pudiera celebrarse. Desde entonces, el tono solo ha continuado elevándose. “La relación con el pueblo peruano continuará siempre”, ha templado este lunes la mandataria mexicana. Otra cosa son los Gobiernos. Quien salga de las urnas este domingo tendrá una nueva oportunidad de encauzarla también en el plano institucional.
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