La deuda de la menstruación digna en México: 31% de niñas faltan a la escuela durante su periodo
La Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual revela retrocesos en acceso a productos, así como falta de infraestructura adecuada y profundas brechas de información en el país


En México, menstruar sigue siendo una experiencia marcada por desigualdades. Aunque la conversación pública sobre el tema es cada vez más abierta y se han conquistado avances —como la eliminación del IVA a los productos para el periodo y las licencias menstruales—, los datos más recientes muestran que las mujeres aún enfrentan barreras estructurales para gestionar su ciclo menstrual con dignidad. Los resultados de la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual 2025, elaborada por UNICEF, el colectivo Menstruación Digna México y la empresa sueca Essity (dedicada a higiene y salud), muestran que el país se ha quedado rezagado en aspectos clave.
Uno de los hallazgos más preocupantes es el impacto en la educación: el 31% de las niñas y adolescentes menores de 15 años reportó haber faltado a la escuela durante su periodo menstrual. Las razones principales son el dolor y el miedo a mancharse. Esta deserción temporal “limita las posibilidades de vida de las niñas”, dice a EL PAÍS Viridiana Zamora, oficial de Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF México.
Para Zamora hay al menos tres temas urgentes: garantizar que las escuelas tengan infraestructura adecuada (baños seguros con agua, por ejemplo), acceso gratuito a productos de gestión menstrual y “construir un ambiente en donde se pueda hablar abiertamente de menstruación”, y eso incluye también a niños y maestros. Según resultados de la encuesta, el 42% de las estudiantes encuestadas reportó carencias recurrentes de insumos básicos como jabón, papel higiénico o sanitarios en condiciones adecuadas en sus escuelas.
La falta de información persiste
La encuesta también revela una brecha profunda de información sobre el propio ciclo menstrual. Tres de cada cuatro personas —el 75%— desconocen que el ciclo se compone de cuatro fases: menstruación, fase folicular, ovulación y fase lútea. Además, el 66% de las personas afirmó haber tenido poca o ninguna información cuando experimentó su primera menstruación.
Las fuentes de conocimiento están cambiando. Más de la mitad de la población (52%) recurre a internet y redes sociales para informarse sobre el tema. Solo el 4% recibe información en la escuela, cifra que se mantiene estancada desde la primera encuesta. En contraste, la figura de la madre como principal fuente informativa se desplomó: pasó del 46% en 2022 al 22% en 2025. “La siguiente pregunta es ‘¿y nuestras madres están informadas?, ¿de dónde obtuvieron esa información?’ Por eso es muy importante que la educación menstrual sea integral y para todos”, dice a EL PAÍS Melisa Guerrero Pulido, cofundadora de Menstruación Digna México.
La menstruación, un tema de derechos humanos
La gestión menstrual es un asunto de salud pública y derechos humanos. No se trata solo de “higiene personal”, sino de condiciones estructurales que permitan a las población ejercer plenamente su derecho a la educación, al trabajo y a la participación social. “Se ha dado por hecho que la menstruación es parte de la vida de las mujeres, que es un tema privado y que cada quien resuelve el cómo gestionarla, pero nos hemos dado cuenta de que no, que hay muchos factores que no dependen de las mujeres, que haya servicios, insumos”, agrega Zamora.
La encuesta —realizada entre noviembre y diciembre de 2025 a 3.000 mujeres de entre 12 y 70 años— muestra que la menstruación continúa condicionando la participación cotidiana de mujeres y niñas. El 34% de las encuestadas reportó haber dejado de realizar actividades debido al dolor menstrual, una cifra ligeramente mayor que en 2022. Además, el acceso material sigue siendo precario. El 67% de las personas encuestadas dijo no haber contado con productos de gestión menstrual ante imprevistos en su escuela o trabajo. La cifra representa un retroceso respecto a 2022, cuando el porcentaje era de 56%. El miedo al estigma también influye: el 33% evitó actividades por temor a mancharse.
Sin embargo, los datos muestran que las percepciones sociales están cambiando. Hoy el 92% de la población considera que no debería ser mal visto hablar de menstruación, frente al 88% registrado tres años antes. Al mismo tiempo, la idea de que el dolor menstrual “debe tolerarse” disminuyó del 85% al 75%.
El cambio cultural parece avanzar más rápido que las condiciones materiales.
Menopausia y perimenopausia: el otro silencio
Por primera vez, la encuesta incluyó preguntas sobre las etapas finales del ciclo reproductivo, y los resultados evidencian un vacío importante en la atención médica. El 80% de las mujeres encuestadas dijo no saber en qué consiste la perimenopausia, mientras que el 67% afirmó no haber recibido orientación médica durante la menopausia. Además, para el 29% de quienes buscan diagnóstico en la etapa de perimenopausia, el proceso puede tardar más de un año.
Para Mariana Salguero, directora de marketing de Essity, la falta de información también se refleja en el desconocimiento del propio cuerpo. “Prácticamente 7 de cada 10 mujeres no llevan ningún registro sobre sus síntomas. Sin conocer su cuerpo es difícil prevenir o transitar el ciclo de mejor manera”, explica.
En medio de todo, hay avances
En los últimos años, México ha registrado algunos avances legislativos, como la eliminación del IVA a los productos de gestión menstrual. Esa medida ayudó a reducir el porcentaje de personas que reportan dificultades económicas para adquirirlos, que pasó del 30% al 21%.
Pero los resultados de la encuesta muestran que las reformas legales no siempre se traducen en cambios tangibles en la vida cotidiana. Y aún hay pendientes, como garantizar la permanencia de la tasa cero de IVA, implementar licencias menstruales a nivel nacional, ampliar la distribución gratuita de productos para poblaciones vulnerables y fortalecer la educación menstrual en las escuelas. “México ha sido parteaguas en América Latina, pero es importante consolidar que los productos para gestionar la menstruación tengan tasa cero para siempre, que no le paguemos al Estado por gestionar nuestra menstruación. También están las licencias menstruales. Ya hay 20 entidades que han incorporado algún tipo de licencia, pero necesitamos modificar la Ley del Trabajo para que se incluya a nivel nacional. Y, por supuesto, avanzar hacia la gratuidad de los productos”, finaliza Guerrero.
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