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China, Vietnam o México: los espejos donde se miró el castrismo para una posible apertura

Durante la dura crisis de los noventa, el régimen exploró modelos para sobrevivir sin perder nunca el poder. Hoy, ante una crisis aun peor, historiadores y economistas cubanos analizan los posibles escenarios

Un hombre en bicicleta durante la escasez de combustible en La Habana, Cuba, el 21 de febrero.Norlys Perez (REUTERS)

Cada vez que el castrismo ha estado contra las cuerdas, siempre ha buscado la manera de sobrevivir. Tras la invasión fallida estadounidense de Bahía Cochinos en los sesenta, se echaron definitivamente en brazos de la Unión Soviética. Y cuando cayó el bloque soviético, encontraron otro colchón con Venezuela y los gobiernos de la izquierda bolivariana. Pero entre un salvavidas y otro, pasó más de una década. Los años noventa fueron un tiempo de pruebas y giros en Cuba. Sin apenas ayuda exterior, llegaron los primeros gestos de apertura económica, se despenalizó el dólar y aparecieron algunos pequeños negocios privados. Mientras abrían la mano, empezaron a estudiar a fondo otros casos de regímenes autoritarios que han transitado hacia una cierta apertura, económica más que política, pensando en la manera de sobrevivir sin perder nunca el poder.

A finales de los noventa, una comisión del Gobierno llegó incluso a viajar a China y Vietnam para evaluar el paquete de reformas que implantaron ambos regímenes comunistas para abrirse al mercado. También se estudió la experiencia mexicana del camaleónico PRI, que aguantó siete décadas en el poder con una etapa final que desmanteló gran parte del peso del Estado en la economía. Se escribieron informes y recomendaciones, pero aquello no duró mucho. Fidel Castro nunca estuvo muy convencido de que fuera posible un equilibrio entre las fuerzas del mercado y el control del Partido Comunista. A principios de la siguiente década, el propio Fidel cerró la puerta y apretó las filas. Aquella comisión económica de estudiosos quedó disuelta y se creó una especie de Gobierno paralelo, el Equipo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe, con competencias para asegurarse de que los ministros de turno no se salieran del guion.

“Oficialmente nunca se volvió a abrir ese capítulo, pero la academia sí retomó el testigo”, dice el economista cubano Mauricio de Miranda. Él mismo, junto a otros académicos, formó parte a principios de los 2000 de una delegación, financiada por la Agencia sueca de cooperación al desarrollo, que siguió la estela de analizar posibles modelos de cara a una apertura cubana. También visitaron China y Vietnam, además de Rusia, Hungría o Dinamarca. “La idea era estudiar, por un lado, gobiernos con fortaleza socialdemócrata y por otra, la transición rusa y húngara”.

Una de las primeras medidas, tanto en China como en Vietnam, fue abrir al mercado la agricultura. Se llevó a cabo mediante un sistema gradual de títulos de arriendo privado de la tierra por plazos (20, 50, 100 años) transmisibles a familiares. En Cuba, “sin embargo, se ha mantenido el espíritu colectivista de las cooperativas, con arriendos de como mucho 10 años”, apunta el economista. La unificación cambiaria, que en Cuba se llevó a cabo en 2021, eliminando de golpe el peso convertible a dólar en plena pandemia, los dos países asiáticos la implementaron en los noventa. Y lo hicieron de manera gradual y controlada entre el mercado formal e informal, para evitar la subida de la inflación, desbocada en el caso de Cuba.

La llamada Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, fue el proceso de reformas que emprendió China bajo el mando de Deng Xiaoping a partir de 1978. Aquellos cambios, que se anticiparon a la glasnost y perestroika de Mijail Gorbachov en la URSS, sentaron las bases para el fulgurante vuelco del país, que pasó de una economía depauperada a convertirse en un tiempo récord en la segunda potencia. Si tras la muerte de Mao el PIB de China representaba el 1,75% de la economía mundial, hoy supone casi el 20%. La esperanza de vida ha pasado de 65,8 a 76,4 años. Más de 800 millones de personas abandonaron la pobreza.

En Vietnam los resultados fueron parecidos. Tras la reunificación en 1976 y el inicio de las reformas Doi moi una década después, pasó a integrarse en los mercados y atraer inversión extranjera. Su PIB per cápita nominal se ha multiplicado por más de ocho, de menos de 500 dólares en 1986 a casi 4.300 en 2023. La pobreza extrema ha caído por debajo del 2%. Su economía ha mantenido un crecimiento sostenido (a excepción de la pandemia) durante 25 años, con una tasa media anual del 6,25%.

En ambos casos, el Estado no se retiró del todo. “Tienen fuertes controles. Por ejemplo, la concesión de licencias para operar, con alto grado de discrecionalidad por parte de las autoridades, lo que incentiva la corrupción”, apunta de Miranda. El ambos casos, por supuesto, el poder político lo sigue manteniendo el partido comunista y las organización internacionales llevan décadas denunciado graves violaciones a los derechos humanos.

El Partido de la Nación Cubana

La vía mexicana tiene incluso unos antecedentes anteriores. Ya en los setenta, el ministro de Educación Armando Hart llamaba a los estudiantes a prestar mucha atención a la historia del PRI. “Les interesaba que era partido emanado de una revolución, hegemónico pero no único, con una oposición controlada y un carácter de partido de la nación”, explica el historiador cubano del Colegio de México Rafael Rojas. Ya en los noventa, en plenas estrecheces durante el Periodo Especial, estuvo cerca un cambio al menos nominal inspirado por el caso mexicano.

El congreso del Partido Comunista de 1991 preparó algunos cambios en la constitución firmada en los setenta, muy marcada por el paradigma soviético. “Hubo un debate sobre cambiar el nombre a Partido de la Nación Cubana, flexibilizando una retórica que miraba al caso mexicano”, añade el historiador Rojas. Pese a contar con el apoyo de cuadros de peso, como el entonces número tres del partido, Carlos Aldana, finalmente tampoco sucedió.

Volviendo a poner el foco solo en la economía, el economista cubano Omar Everleny Pérez resume el panorama actual de su país: “Cuba hoy tiene que importar casi el 95% de sus necesidades alimentarias; las producciones agrícolas y ganaderas están muy deterioradas. La producción industrial está en mínimos y, específicamente, la producción azucarera no alcanza para exportar y cubrir las necesidades internas de consumo”. Una precariedad que venían arrastrando desde hace años, y que la asfixia petrolera decretada por Donald Trump ha agravado hasta límites insostenibles.

Los economistas consultados consideran que es indispensable una apertura a la inversión privada para sectores enteros. De Miranda apunta que “desde Fidel, la política económica, las reformas, se producen cuando no hay más remedio, por eso los cambios nunca son profundos ni estructurales, se tapa un agujero y se abre otro”. En la última semana, se han anunciado dos gestos que parecen fruto de la necesidad extrema. La apertura a que pequeñas empresas importen petróleo. Y la posibilidad de que se abran hospitales de día o residencias de ancianos también privadas. “Son buenas noticias”, sostiene Everleny Pérez, “hay pequeños negocios que se están uniendo para importar. Y en el caso de las residencias, las familias del exilio estarán encantadas de pagar 200 0 300 dólares para que sus padres estén bien cuidados”.

El papel del exilio también lo han estudiado como caso comparado los economistas cubanos. En Vietnam, se incentivó la compra de vivienda para facilitar el regreso. En China, estimularon la inversión de la comunidad en el exterior incluso a través de prebendas políticas. “Les dieron acceso a partidos políticos secundarios o incluso a la militancia del partido comunista”, apunta De Miranda. En el caso cubano hay un sector duro de la diáspora, incluso parlamentarios republicanos de segunda o tercera generación, que considera que cualquier gesto es darle oxígeno al castrismo. “Pero esos que gritan tanto no son los que tienen el dinero. Hay familias que han hecho una fortuna en Florida y están más que dispuestos a entrar a invertir en Cuba”, sostiene Everleny Pérez, que acaba de participar en unas jornadas académicas en la Universidad de la Florida.

Los economistas recuerdan que ya en la época del deshielo, hace una década, hubo movimientos para entrar en la industria azucarera durante el último año de Barack Obama. Incluso Trump, magnate inmobiliario antes que político, llegó a concretar durante su primer mandato un desarrollo cerca de la Habana, en las playas del Salado, para construir dos campos de golf y varios hoteles. El mismo Trump que ha dicho este viernes: “Quizá podamos tomar Cuba de manera amistosa”.

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