El universo de Marcel Dzama: arte para resistir desde el gozo
El artista canadiense presenta la exposición ‘I am the Sun, I am the New Year’ en la Galería OMR de Ciudad de México


El trabajo de Marcel Dzama (Canadá, 51 años) existe en conversación con la historia del arte y sus fantasmas. Su exposición más reciente en la Galería OMR de Ciudad de México, I am the Sun, I am the New Year, relata episodios de las vidas de artistas de otros tiempos: desde el asesinato de Federico García Lorca hasta el amorío de Marcel Duchamp con la escultora brasileña María Martins, que lo llevó a retomar el arte tras años de aparente retiro. Al evocarlos, Dzama busca mantener vivas sus advertencias y lecciones en un presente marcado por la incertidumbre y la tensión política.
La muestra reúne 43 obras en múltiples formatos que construyen un universo poblado por personajes fantásticos, referencias al ajedrez, elementos de la naturaleza, mujeres fuertes y seres siniestros. “El tema de la exposición es la resistencia gozosa, porque vivimos tiempos muy oscuros, y siento que la posibilidad de mantener la esperanza y resistir este tipo de mal a través del arte es como una chispa para la vida”, explicó el artista en entrevista con EL PAÍS.
Para Dzama, mirar hacia el pasado es también una forma de leer el presente. “Me encanta hacer referencia a artistas que me inspiran y siento que eso —sin querer sonar egoísta— de alguna manera los mantiene vivos para las nuevas generaciones. Se puede aprender mucho de ellos. Yo hago muchas referencias a Goya, por ejemplo, a Los Desastres de la Guerra, que lamentablemente siguen siendo muy vigentes. Lo mismo ocurre con la historia de García Lorca, cuya biografía resuena mucho con el presente. Y también Duchamp y los artistas dadaístas, que en gran medida representaron un rechazo al liderazgo político de su tiempo”, afirmó.

Ese diálogo también se extiende a la actualidad. Una de las piezas más explícitas de la exposición es un retrato de Donald Trump con la leyenda Ceci n’est pas un monstre. C’est un dessin d’un monstre (esto no es un monstruo, es el dibujo de un monstruo), una clara referencia a una de las piezas más famosas de René Magritte. El artista describe estas obras como una forma de catarsis ante el resurgimiento de retóricas de ultraderecha. “A veces veo las noticias y me altero tanto, que para poder dormir hago una especie de exorcismo a través de mi trabajo. Necesito sacar esa ira antes de poder conciliar el sueño. Esa fue una de esas piezas. Normalmente no soy tan directo, suelo hacer referencias más sutiles. Por ejemplo, mis dibujos submarinos hablan un poco de sentirse ahogado en las malas noticias, pero al mismo tiempo de intentar encontrar belleza en la esperanza y en la naturaleza”, contó.
El imaginario de Dzama tiene su origen en su infancia. El artista creció en Winnipeg, Canadá, donde el frío invernal lo obligaba a pasar largos periodos en interiores. “De niño, probablemente pasaba casi la mitad del año dibujando y el resto jugando afuera”, recuerda. En ese tiempo comenzó a crear sus primeros personajes: hacía figuras recortadas en papel, intervenía figurines de Star Wars con arcilla para transformarlos y organizaba espectáculos de títeres desde la ventana de su casa, cobrando cinco centavos a los niños del barrio.

Ese sentido lúdico permanece hasta hoy. “Creo que el humor siempre ha estado presente en mi trabajo, así que todavía intento incorporarlo, usualmente con un mensaje que tenga presente en mi mente”, explica.
Otro de los lugares que transformó la práctica del artista fue México, donde hace algunos años realizó una residencia en Guadalajara. Desde entonces, la influencia del país permanece incluso en su estudio, donde conserva papel picado como parte de su entorno cotidiano. “Se sentía como un segundo hogar. La gente fue muy amable y la cultura es tan viva, llena de alegría y color. Me atrajeron mucho los textiles festivos, también siempre me han fascinado las máscaras, y en México hay una enorme tradición. Es una cultura tan alegre que me cautivó profundamente”, concluyó.
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