Lo que México ha ganado y ha perdido en su relación económica con la Venezuela chavista
El intercambio comercial se deprimió y sigue sin recuperarse desde la crisis hiperinflacionaria de 2018, pero la inversión directa y el envío de remesas se han disparado en los dos últimos años

Venezuela pasó de ser un socio comercial de México a principios de los 2000 a representar ahora el 0,005% de las importaciones nacionales. El deterioro de la economía venezolana, acentuado desde 2013 con graves contracciones del PIB venezolano, ha resentido la relación comercial bilateral en los últimos años, en los que las empresas mexicanas del país se retiraron por riesgo de impago y falta de certeza jurídica. Hoy, los intercambios entre ambos países han experimentado un repunte en inversión extranjera directa que llega a México y en las remesas que los migrantes envían a sus familiares en Venezuela, mientras a nivel político se mantienen gestos de cercanía.
Ante la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero, la presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que las diferencias entre los países en conflicto deben resolverse con diálogo y diplomacia, además ha solicitado un juicio justo para el exmandatario. Tanto la actual presidenta como López Obrador han tenido gestos de cercanía con el régimen venezolano, cuya producción ha lidiado con las restricciones impuestas por Estados Unidos principalmente a su pilar económico: el petróleo.
Las tensiones con Estados Unidos, que se originaron con la llegada de Hugo Chávez al poder (1999-2013) y se profundizaron con el mandato de Nicolás Maduro (2013-2026), generaron caídas en la economía local, que tuvieron un reflejo directo en la desconfianza de los inversores extranjeros. Con los años, los capitales fueron dejando Venezuela y las empresas -también las nacionales- vieron desvanecerse o abandonaron la producción. En esa inercia, también cayeron los intercambios con México.
De acuerdo con Jorge Sánchez Tello, economista y consultor independiente, el único producto atractivo para México de origen venezolano era el petróleo, pero este no se refinaba de manera eficiente, por lo que perdió representación en los cruces comerciales.
El Fondo Monetario Internacional estimó para 2025 un incremento de la inflación del 556%, un cálculo que no representa fielmente la evolución de los precios para los bolsillos venezolanos, ya que no cuenta con las herramientas que se emplean para el resto de los países. El Gobierno de Venezuela mantiene su información en reserva, lo que solo permite medir el comportamiento de la inflación con base en algunos productos esenciales.
A pesar de las prolongadas estrecheces de la economía venezolana, la inversión extranjera directa desde ese país hacia México experimentó un repunte significativo en 2024. La mayor parte de esos capitales aterrizaron en el Caribe mexicano, detalla Tello, entre el Estado de Quintana Roo, Tabasco, Yucatán, además de Veracruz, esto es, lejos de las zonas de mayor inversión, que suelen ser los Estados más industrializados. “La Riviera Maya funciona como un ‘Miami alternativo’ para el capital venezolano que busca activos tangibles”, afirma el analista. Los inversores suelen colocar sus recursos en bienes raíces o proyectos turísticos, comúnmente en paraísos ya constituidos, como lo son Cancún o la ciudad de Mérida.
La diáspora venezolana en América Latina
Cerca de 6,9 millones de venezolanos han emigrado a otros países de la región latinoamericana -el 85% de todos los migrantes-, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En diferentes olas, la población venezolana comenzó a buscar otras oportunidades lejos de su patria, a partir del año 2000. Colombia, su país vecino, recibió la mayor parte de la diáspora, con 2,8 millones, seguido de Perú y Estados Unidos. Este último país ofreció en 2022 visas humanitarias para aquellos que quisieran alejarse del régimen de Maduro, aunque el Gobierno de Donald Trump, que volvió al poder en enero de 2025, detuvo la concesión de esos permisos y, además, retiró los visados a una parte de los que ya lo habían recibido. Cuando los migrantes alcanzaban la frontera sur estadounidense eran devueltos a México, lo que les dejaba en un limbo.
México ha dado refugio al menos a 106.000 venezolanos, aunque las cifras resultan inexactas ante la imposibilidad de contabilizar a quienes entraron al país por pasos irregulares y quedaron atrapados por la nueva política antiinmigración de Donald Trump. Este flujo de personas da respuesta también al comportamiento de las remesas que se dispararon en 2024. Desde el segundo trimestre de ese año, comenzaron a registrarse cifras récord en el envío de dinero de los migrantes desde México a sus familias en Venezuela, rozando los cinco millones de dólares.
Las estadísticas muestran, asimismo, un incremento en la entrada de remesas desde Venezuela a México. Sánchez Tello estima que esto puede representar una fuga de capitales hormiga o triangulaciones financieras para sacar dinero de allá, más que remesas laborales. Esta salida de dinero desde Venezuela, apunta, pueden ser los ahorros de emergencia de los ciudadanos que buscan reacomodarlos en otros espacios.
El petróleo mexicano toma el lugar de los envíos a Cuba
Pese a las restricciones de Estados Unidos, Venezuela seguía apoyándose en la venta de petróleo como su fuente de ingresos más importante. El país con mayores reservas de crudo del mundo era además el pilar que sostenía el consumo energético de Cuba. Un rol que la presidenta Sheinbaum decidió inicialmente mantener, pero terminó suspendiendo ante las amenazas de Trump de imponer aranceles. En octubre de 2024, los envíos por parte de Pemex incrementaron de manera significativa, de acuerdo con datos del Banco de México. El Gobierno mexicano ha optado por enviar ayuda humanitaria a la isla.
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