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Gabriela Ortiz cuenta la historia detrás de ‘Yanga’, la composición ganadora del Grammy y el libertador que la inspiró

La Academia de la Grabación reconoció el trabajo de la mexicana con tres premios en las categorías de música clásica

Gabriela Ortiz, la compositora mexicana que ganó tres premios en la pasada entrega de los Grammy, ha compartido detalles sobre Yanga y Dzonot, las obras que le valieron el reconocimiento de la Academia de la Grabación en las categorías de Mejor Composición Clásica Contemporánea, Mejor Compendio de Música Clásica y Mejor Interpretación Coral.

A su regreso a México, Ortiz contó en un encuentro con los medios que la idea de componer Yanga —melodía interpretada por la Filarmónica de Los Ángeles y el Coro Maestro de Los Ángeles bajo la dirección de Gustavo Dudamel— surgió a partir de conversaciones con su esposo, el músico Alejandro Escuer, quien conoció la historia del personaje a través de uno de los libros de Gary Jennings. En sus novelas, el autor ficciona sucesos históricos, incluyendo la historia real de un esclavo africano que en el siglo XVI lideró una rebelión en México durante la conquista española.

Hay poca información sobre Gaspar Yanga, el hombre que llegó encadenado a lo que hoy es Veracruz, pero se sabe que, a su llegada al país, se dedicó al manejo de ganado. Con el tiempo logró emanciparse y se replegó en la sierra junto con otros afrodescendientes, quienes sobrevivían saqueando los convoyes españoles que transitaban por la ruta México-Veracruz. “Yo no sabía nada de quién era Gaspar Yanga. Me pareció una historia fascinante; era como una especie de Robin Hood que asaltaba a los españoles y repartía las mercancías entre la gente que vivía replegada en la sierra”, dijo la también profesora de la UNAM. Yanga es recordado por haber liderado la rebelión que dio origen al primer pueblo libre de América, un territorio que hoy lleva su nombre y alberga un pequeño museo dedicado a su líder.

De acuerdo con Gabriela Ortiz, en un inicio la idea era convertir la historia de Yanga en una ópera que resaltara las tres raíces de la música mexicana —la afromexicana, la de los pueblos originarios y la europea—, pero el proyecto no logró concretarse debido a su complejidad. Años después, la obra cobró nueva vida con la invitación de Dudamel para desarrollar un tema como una respuesta contemporánea a la Novena sinfonía de Beethoven, un reto que la llevó a pensar más allá de lo convencional. “Dije: ‘No puedo competir con Beethoven, no hay manera’; tenía que hacer algo completamente diferente. Me pareció que Yanga representaba la idea de libertad que está expresada perfectamente en la Novena de Beethoven, que a su vez está influida por la revolución francesa. Me pareció que se podía abordar ese concepto desde nuestro continente”, explicó. En tanto, Dzonot, obra por la que también recibió un Grammy, es un concierto para violonchelo y orquesta inspirado en los cenotes de la península de Yucatán.

Al reflexionar sobre su triunfo en los Grammy, Gabriela Ortiz agradeció el reconocimiento y puso énfasis en lo que considera verdaderamente significativo: su identidad como compositora mexicana y el hecho de que un álbum orquestal dedicado a su obra haya encontrado respaldo fuera del país por segunda ocasión. “Yo espero que esto impulse la voz de otros compositores que están en todo el continente y que han estado luchando mucho. Tenemos grandes intérpretes en Latinoamérica y nos cuesta mucho trabajo esa visibilidad. Yo creo que tenemos apoyo institucional pero me gustaría que hubiera más, no es suficiente”, señaló, y a su vez denunció la reciente desaparición de la Orquesta de Boca del Río como un caso que pone en evidencia de la fragilidad de los proyectos culturales y las pocas oportunidades reales para los jóvenes músicos mexicanos.

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