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Sheinbaum deshace los liderazgos heredados de López Obrador

En apenas año y medio de mandato, la presidenta consolida su propio proyecto con la renovación del fiscal general y el jefe de la bancada en el Senado

La arrolladora victoria de Claudia Sheinbaum vino acompañada de algunos peajes. El expresidente Andrés Manuel López Obrador, creador y factótum de Morena, diseñó una estrategia para cerrar las heridas de las primarias internas del partido. Los perdedores de la carrera presidencial tendrían asegurados puestos altos en el gabinete o en el grupo parlamentario. Los liderazgos heredados del sexenio anterior son una práctica frecuente desde los tiempos del PRI monolítico, pero en el caso de la variopinta y numerosa familia morenista la herencia ha sido más incómoda de lo habitual para la nueva presidenta. Figuras como Adán Augusto López, Ricardo Monreal o Alejandro Gertz Manero, viejos lobos políticos supervivientes de los tiempos del priismo, han dado muestras en más de una ocasión de manejar sus propias agendas, muchas veces en dirección contraria a la propia Sheinbaum. En apenas año y medio de mandato, la presidenta ha ido dando pasos para consolidar su propio proyecto, renovando de momento dos esos liderazgos con los cambios en la cabeza de la Fiscalía General de la República y en la coordinación de grupo morenista en el Senado.

Las salidas del exfiscal y el jefe de senadores eran movimientos muchas veces anticipados, pero que han coincidido con las horas más bajas de ambos. En el caso del Gertz, convertido en el primer fiscal de México tras una reforma de calado que trataba de dotar de autonomía a la antigua procuraduría, y al que aún le faltaban más de dos años en el cargo, solo la presión de la presidenta consiguió llevar a buen puerto una salida pactada en forma de una plaza en una “embajada de un país amigo”. A los 86 años, Gertz ya ha sido confirmado como nuevo embajador en Londres tras años de polémicas constantes, expedientes estancados, filtraciones y choques internos. El caso que desbordó el vaso fue la polémica de Miss Universo y su poderoso presidente, Raúl Rocha, que tenía una orden de detención y estaba siendo investigado cuando se destapó en noviembre un grave caso de corrupción. Pocos días después, se anunció la salida del exfiscal.

La piedra en el zapato que suponía López era quizás aún más incómoda. Amigo personal del expresidente y su mano derecha como secretario de Gobernación, llevaba meses en el centro de la diana por otro grave caso de corrupción. Cuando era gobernador de Tabasco nombró como jefe de policía a un tipo, ahora detenido, que a su vez era el líder local del Cartel Jalisco Nueva Generación, una de las grandes mafias del narco. Los meses siguientes, las polémicas en torno a López fueron creciendo al destaparse en verano unos ingresos millonarios que no presentó en su declaración patrimonial ante el parlamento. Pero, nuevamente, el punto de inflexión ha llegado como resultado de algunos problemas en el desempeño de su trabajo. Hace apenas dos semanas, el Partido Verde, socio de la alianza parlamentaria del oficialismo, acusó al jefe de la bancada morenista de ser uno de los obstáculos para la aprobación de la reforma electoral, una de las grandes prioridades de la presidenta, y que sigue encallada ante la negativa de sus socios.

Como parte de los equilibrios de todo cálculo político, tanto Gertz como López eran, pese a las polémicas, cuadros veteranos y eficientes que sacaban adelante operaciones complicadas. El exfiscal fue, por ejemplo, quien puso la cara para negar que el caso del rancho de Teuchitlán, una de las peores crisis en materia de seguridad hasta ahora, se tratara de un centro de exterminio como apuntaban los colectivos de buscadoras. López, por su parte, fue clave en que prosperara la polémica reforma judicial. El coordinador del centro de Estudios Políticos de la UNAM, Khemvirg Puente, apunta que “los escándalos se pueden sortear con mayor o menor coste. Pero si un coordinador del grupo del Senado, como López, es desconocido como interlocutor por tus propios socios parlamentarios, si no puede cumplir con su función, es señal de que su tiempo está agotado”.

Su sustituto, Ignacio Mier, vicecoordinador de la bancada, es también una señal del giro propiciado por la presidenta. Diputado federal en las dos legislaturas del obradorismo, ya con Sheinbaum en el poder fue el coordinador parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política. “Pese a no ser del círculo más cercano de la mandataria, tiene más recorrido parlamentario que López y es un reconocido operador muy bien valorado incluso por la oposición. Su estilo es más dialogante que el de López, acostumbrado a imponer su agenda”, añade Puente. El relevo en la Fiscalía General sí supuso un movimiento más audaz. La designación de Ernestina Godoy, una aliada histórica y figura central de su círculo político, fue interpretado como un golpe en la mesa, como una señal de que Sheinbaum ha optado por asumir las riendas del aparato de justicia.

Ambos movimientos se encuadran también en el contexto de fuertes presiones desde el norte de la frontera y, en clave interna, las elecciones parlamentarias del año que viene. El azote de Donald Trump está siendo respondido con un desfile de resultados, sobre todo en materia de seguridad, lo que añade presión a todo el sistema de justicia mexicano, lastrado por la larga sombra de las irregularidades y la impunidad. Mientras, los comicios de 2027 pondrán a prueba el músculo electoral del oficialismo, que aspira a renovar su mayoría en ambas cámaras.

Las palabras de López al anunciar su salida van en esa dirección, subrayando que se dedicará, como un senador más, al trabajo sobre el terreno de cara a la cita con las urnas del año que viene. El politólogo de la UNAM incide en que “las salidas tendrán un costo para Morena al reconocer, aunque sea implícitamente, que la cohesión dentro del partido es delicada”. En todo caso, añade, la presidenta consuma con estos movimientos un cambio de fase: “De la administración de la herencia de López Obrador a consolidar su propio proyecto”.

Entre los liderazgos heredados del sexenio anterior que aun sigue vigentes, Marcelo Ebrard es el que mejor se ha acomodado a los nuevos tiempos. Fue uno de los alfiles más hábiles y poderosos de López Obrador y peleó hasta el final por la candidatura presidencial dentro de Morena. Vendió cara su derrota y llegó a coquetear con una salida del partido. Hoy es uno de los aliados clave de Sheinbaum con su secretario de Economía. En el otro lado de la balanza se sitúa Ricardo Monreal, jefe parlamentario de Morena en el Congreso. Con una larga historia de desavenencias con la presidenta desde su etapa como jefa capitalina y algún choque también durante este sexenio, el veterano operador parece que ya está preparando la venda antes de que llegue la herida. “Tengo lista mi renuncia. No me aferro al cargo”, ha dicho este mismo martes.

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