
Videoanálisis | La oposición, alérgica al voto
Que Morena pretenda incluir a Sheinbaum nuevamente en la boleta no es un fraude, es una obviedad
Los partidos de oposición exigen sin pudor el financiamiento público que requieren para existir, pero tiemblan cuando llega el momento de hacer aquello para lo que nacieron: competir y pedir el voto.
El motivo del nuevo sobresalto opositor es claro: la posibilidad de que Claudia Sheinbaum aparezca en la boleta de la elección intermedia de 2027, adelantando así el ejercicio de revocación de mandato estrenado el sexenio anterior. Es decir, que al tiempo en que vayamos a votar por diputados, gobernadores y presidentes municipales, también digamos si queremos -o no- que se vaya la Presidenta.
Para que eso ocurra, la Constitución y la Ley Federal de Revocación de Mandato tendrían que modificarse: adelantar el calendario de la revocación -prevista originalmente para inicios de 2028- y eliminar la prohibición de hacerla de manera simultánea a una elección ordinaria. Además, el ejercicio de revocación debería ser solicitado, al menos, por el 3% de la lista nominal en 17 Estados.
Ante aquella posibilidad, la oposición ha objetado. La presentan como una maniobra electoral desesperada de Morena por el desgaste reciente de su partido.
¿La novedad? Ninguna.
Así funcionan las elecciones. Morena ganó en 2024 con la mayor cantidad de votos en la historia apalancándose precisamente en la popularidad de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum. Aquello también pintó de guinda la mayoría del país y les entregó el carro completo.
Así funcionan las elecciones. El uso del capital político no es ninguna trampa ni ningún “traje a la medida”. El uso del capital político es la esencia de la competencia electoral. Que Morena pretenda apoyarse en la popularidad de Sheinbaum no es un fraude, es una obviedad.
Los partidos, más bien, deberían enfocar sus esfuerzos en otras cosas. Fomentar figuras competitivas, por ejemplo. Generar narrativas atractivas. Salir a territorio. Hacer política pues, la que dejaron de hacer hace tiempo. Todo eso va a antes de desacreditar una elección y hacer pasar a los votantes como entes sin criterio.
Lo que no es sostenible es que esos mismos partidos defiendan el financiamiento público cuando, al mismo tiempo, se niegan a usar ese dinero -que es de todos- para lo único que justifica su existencia.
Competir. Salir a pedir el voto. Someterse al juicio del elector.