Ir al contenido
_
_
_
_

Pérez Ricart: “No ha habido mejor momento para la industria armamentística en Estados Unidos que el actual”

En su nuevo libro, ‘La violencia vino del Norte’, el académico explora la historia reciente de la producción de armas en el país y el tráfico creciente a México

Muchas veces, un buen puñado de cifras funcionan igual que un caballito de mezcal: ponen a tono al que ingiere. Y es necesario hacerlo –ponerse a tono– para entender el universo del que habla Carlos Pérez Ricart, profesor e investigador de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), una de las universidades más prestigiosas de México. Van algunas cifras: en Estados Unidos se producen al año 14 millones de armas de fuego. Eso implica un ratio de 114 por cada 100 habitantes, dos menos que celulares, 24 más que coches. He ahí las coordenadas del paisaje.

Sumergirse en la parafernalia estadística de las armas de fuego en la gran potencia de América del Norte puede sonar a cliché: todo el mundo sabe que allá se producen muchas armas de fuego, que es fácil comprarlas, que los controles son mínimos y que la industria le ha ganado la batalla a la clase política. Pocos ignoran, además, la cantidad de masacres que provoca su uso indiscriminado contra la población, Sandy Hook, Parkland, Las Vegas, Columbine… En su nuevo libro, Pérez Ricart trata de entender cómo la violencia que atenaza a México desde hace casi 20 años bebe igualmente del río de plomo que fluye de las armerías estadounidenses y cómo el lobby gremial se construyó una armadura legal como ninguna otra industria en el país.

El título muestra sus conclusiones. La violencia vino del Norte, que edita Debate, es un alegato a favor de regular la producción y la venta, una utopía, como él mismo reconoce, y más en estos tiempos, con Donald Trump en la Casa Blanca y las agencias de seguridad federales convertidas en vehículos del apostolado radical del republicano. Viejos debates, como la necesidad de reforzar los controles a la venta o el rastreo de las armas incautadas saltaron por los aires, ante el empuje desregulador del presidente. “No ha habido un momento mejor para la industria armamentista en EE UU”, señala el autor.

México, destino habitual de los golpes que salen de Washington, sufre la producción de armas del vecino, que ha aumentado exponencialmente desde que expiró el veto a los rifles de asalto, en 2004. Muchas acaban de este lado de la frontera, en manos de grupos criminales, que atesoran impresionantes arsenales, protagonistas de sus interminables batallas, de la ola violenta, en general, que desangra al país. “Sin las armas que llegan de allí no habríamos visto este aumento de la violencia aquí. Y esto es cierto para México y también para América Latina”, añade Pérez Ricart.

Pregunta. En el capítulo uno resume las causas de la violencia en México. Luego apunta la llegada masiva de armas de alto poder, ¿qué importa más?

Respuesta. Yo intenté reunir todo lo que se había escrito para explicar la violencia. No intento mostrar cuál importa más, no me meto en ese debate, solo reconocer que en un universo complejo hay muchas variables que impactan sobre los acontecimientos. Lo que yo apuesto es por subrayar el papel de las armas, por ponderar de manera distinta, por sellar que hay indicios de que las armas pudieron ser el factor detonante de todo esto. Es esa historia y también cómo EE UU, que iba a ser un país normal, iba a regular el mercado, en 2004 da en reversa y termina por ocasionar el derrame de sangre en México y también allí. Es un esfuerzo también por no disociar ambas violencias, la de México y EE UU. Es parte del mismo problema. Los problemas de violencia de EE UU no son normales para un país industrializado, en temas de suicidio, violencia machista, homicidios… Y parte todo de la misma raíz, la producción de armas en EE UU.

P. Rescata la historia de la familia Brady. Asesor de Ronald Reagan, James Brady fue víctima del atentado contra él, en 1981. Casi muere. Luego, un día, su mujer ve a su hijo pequeño con un revolver .22 en el carro de un amigo, un revolver cargado. Todo eso les lleva a convertirse en activistas. Menciono todo esto por lo del país normal que dice…

R. En el libro hago la referencia a Paul Auster, que uno de sus libros menciona que el automóvil y las armas son parte natural a la experiencia norteamericana. Ya no desarrollo mucho más esas ideas, pero me llama la atención el hecho o la idea de que tanto el carro como las armas llevan la fuerza del hombre a toro nivel, expanden sus capacidades… Mira el caso de asesino de Las Vegas, en 2017, un señor en etapa terminal viejo, débil… Vi todos los videos en YouTube, una persona que juega maquinitas, sin fuerza, logra esa cantidad de fuerza con las armas.

P. La lógica Superman.

R. Exacto. Reflexionaba mucho sobre eso, de como un arma tan fácil de comprar, casi como comprar una cerveza, pueden expandir las posibilidades de una persona para hacer tanto daño, y que, además, no pueda ser regulado. O sea, suena estúpido que una persona pueda hacer una bomba nuclear en el garaje de su casa, pero también debería sonar estúpido que una persona pueda acumular en su casa 14 o 15 armas automáticas. Me llama mucho la atención.

La parte de Reagan… Me doy cuenta de que ahí nace uno de los movimientos más importantes de control de armas en EE UU, la familia Brady. Y al meterme a estudiar el caso de Sarah, la esposa, me doy cuenta de lo increíble que es que venga del partido republicano. O sea, no viene de los radicales, de la izquierda, de los demócratas, sino de uno de los principales asesores de política de Reagan. Y dice,’ esto no puede ser’.

P. Y lo iluminador que es que Reagan no les hace caso hasta que sale de la presidencia

R. Es increíble. Lugo él, Reagan, se une con otros expresidentes para pedir más regulación y pareciera que es lo que sucede tras pasar el periodo: los presidentes toman conciencia de este problema cuando salen.

P. Y ya no tienen nada que perder

R. Si, eso también.

P. Ahí escribe que el apoyo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), puede suponer entre un 3 y un 6% de votos en elecciones electoral.

R. Lo que está claro es que la NRA y otras organizaciones tienen la capacidad de generar la percepción de que pueden cambiar un resultado electoral. Son una plétora de organizaciones, que reciben demasiado dinero. Y en el momento que la política dejo introducir ese dinero en EE UU, provocó que hoy sea casi imposible cambiar las regulaciones. Porque la mayor parte de la población en EE UU está a favor de mayor control de armas, lo que no tiene su correlato en la representatividad.

P. Es lo que usted dice. Hoy más que nunca parece que estamos en un mundo ideal. Al menos para la industria.

R. No ha habido un momento mejor Yo cerraba el libro a los 120 días del gobierno de Trump, en la colita de sus primeros cambios legales. Trump 2.0 llega a derribar completamente el aparato de control de armas. La concusión es aclara: en Estados Unidos nada va a cambiar. Ni la forma de producir armas, ni municiones, ni su venta. Es muy complicado que en 15 o 20 años cambie la forma en que se regulan las armas en EE UU. Durante muchos años, quienes nos dedicamos a estos hicimos esfuerzos para provocar el cambio institucional allá. Las demandas allá de México tiene que ver con eso, con que se transformara la forma de producción. Pero hoy tengo claro que Trump es la avanzada. No es una anomalía, es la forma en que se hace política en EE UU.

P. Otra cifra increíble. En EE UU hay 77813 licencias para vender armas, a las que hay que sumar los que venden en ferias, los que venden de segunda mano, etcétera… En México hay dos y las lleva el Ejército.

R. Sí, allá hay más que McDonald’s, Wendy’s, Starbucks… Es impresionante. Y cuando uno ve la cosa más holística, ve que gran parte viven en la frontera de México y EE UU. Y según alguna investigación que cito, muchas viven por el mercado ilegal. Es imposible saber cuáles son…

P. Imposible por la propia legislación.

R. Y las capacidades estatales para verificar que los puntos de venta cumplen con los requisitos es mínima. Y con Trump, ahora uno de sus planes es terminar con la ATF, con los programas de rastreo que todavía existen. Algo tenemos que hacer al respecto.

P. Escribe: “el tráfico de armas en México no es sofisticado”. O sea, esa idea de grandes traficantes de armas, que hacen ventas de 300 millones de dólares no corresponde a la realidad binacional.

R. No es sofisticado, es en realidad muy prosaico. Hay muchas formas y la mayoría de veces encontramos grupos familiares pequeños que quieren ganar unos pesos, y que cruzan la frontera con armas varias veces a la semana. Es increíble que se pueda cruzar la frontera de EE UU a México sin enseñar el pasaporte. No hay revisión alguna. Y mientras eso funcione así, México será receptor de armas para siempre. Frente a la evidencia del papel que tienen las armas en aumentar la violencia, es increíble que no hayamos logrado sofisticar siquiera un poco los sistemas de control.

Los datos más conservadores hablan de un flujo de 140.000 o 150.000 armas traficadas al año a México, no hay estructura política, modelo judicial o policial que te sostenga eso. Frente a la cantidad de armas que llegan a México, no hay un modelo que aguante.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Pablo Ferri
Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_