La gentrificación que asfixia Xochimilco
La contaminación por el uso de lanchas de motor y los químicos aplicados en cultivos y canchas ha generado una amenaza para la fauna y población local
En meses pasados, en Ciudad de México tuvieron lugar diversas marchas contra la gentrificación de la capital. Estas protestas, polémicas por los enfrentamientos y destrozos que suscitaron, centraron el debate en la zona urbana. Pero productores, activistas y pobladores denuncian que la gentrificación también se ha expandido a Xochimilco, donde ha puesto bajo amenaza a especies en peligro de extinción, como el ajolote.
Los productores, muchos de ellos trabajadores que heredan las chinampas de generaciones anteriores, se han visto sobrepasados por algunos inversores externos que compran sus tierras a bajo precio para ofrecer experiencias turísticas o cultivos. El mismo sistema también ha generado que los productos que venden se malbaraten o regateen para ser adquiridos por intermediarios que luego los revenden a precios elevados.
La contaminación es una de las consecuencias más importantes de la gentrificación. El uso de motores con combustible en los canales, los agroquímicos, los desechos provocados por la expansión de la mancha urbana y el mantenimiento de canchas de futbol, e incluso el incremento del ruido, han tenido consecuencias graves para la flora y fauna de la zona.
“Este problema que tenemos de la contaminación del agua en el humedal de Xochimilco es multifactorial”, dice Michel Balam, del proyecto de conservación ecológica Santuario Ajolote: “No solo es de las empresas que contaminan sino también de la ciudad que está directamente conectada con drenajes a la zona del humedal”.
La dualidad de estos proyectos es la derrama económica que deja en la zona, aunque los productores señalan que muchas veces no permea entre la población local, de modo que no los beneficia. Para la activista y productora Carla Medina Castillo la invitación se abre para un turismo más responsable. Para ella, “Xochimilco va más allá de solamente el recorrido convencional que es embriagarse o esta visión del bar flotante”.