Qué puedes aprender observando a tu hijo jugar con muñecas
El juguete actúa como un elemento mediador que facilita que un menor exprese sentimientos o hechos que, por edad, todavía no puede verbalizar. Además, ofrece un escenario adecuado cuando sea necesario reconducir determinadas conductas y aporta información sobre la forma en que afronta los conflictos


Entretenerse y divertirse con muñecas es una forma de juego simbólico en la infancia. En estas escenas, normalmente, los niños asignan emociones a los personajes y recrean situaciones de su entorno. El interés por este tipo de prácticas no se limita a la observación en casa. El lenguaje que los niños emplean durante esta experiencia ha sido también objeto de investigaciones sobre desarrollo infantil.
Entre ellas, cabe citar el estudio de 2020 Explorando los beneficios del juego con muñecas a través de la neurociencia, publicado en Frontiers in Human Neuroscience y realizado por investigadores de la Universidad de Cardiff (Inglaterra), que analizó las diferencias en el uso de lenguaje emocional entre esta actividad y la interacción con dispositivos digitales. En uno de los experimentos, el 82% de los niños empleó lenguaje emocional durante la dinámica con muñecas, frente al 64% durante la interacción con tabletas. Otra investigación, titulada El juego con muñecas estimula el pensamiento social y el diálogo social: representaciones del lenguaje de los estados internos en el cerebro y publicada en la revista Developmental Science en 2021, también determinaba que el juego con muñecas estimula precisamente la verbalización de las emociones, mucho más que el juego con tecnología.
Más allá de los datos experimentales, son muchas las familias que pueden describir las distintas dinámicas de sus hijos durante el juego con muñecas. Por ejemplo, Lara Escolá, que vive en Barcelona y es madre de una niña de cinco años, relata que en casa esta actividad suele incluir representaciones estructuradas. “Mi hija les pone nombre, les asigna emociones y plantea situaciones que tienen que resolver. Si una muñeca está enfadada, otra le explica por qué. A veces reproduce lo que ha pasado en el colegio y cambia el tono según el papel que interpreta”, señala. “Otras veces juega sola durante bastante tiempo”, añade Escolá. Javier Vide, de Vigo, padre de un niño de seis años, cuenta que su hijo utiliza muñecos para representar situaciones cotidianas incluso cuando juega solo: “Mantiene conversaciones entre los personajes y les hace decir cosas distintas. En ocasiones, repite frases que ha oído en casa y otras inventa diálogos completos”.
Desde la práctica clínica, María Fernández Gómez, psicóloga perinatal e infanto-juvenil, asegura que el juego ocupa un lugar central en el desarrollo infantil. “Cuando el adulto se sienta con el niño en el suelo, se implica y valida la práctica con muñecas, el niño entiende que sus intereses son importantes y eso ayuda a fortalecer su autoestima y confianza”, sostiene. Fernández añade que esta dinámica puede ofrecer, además, un escenario adecuado cuando sea necesario reconducir determinadas conductas: “Siempre que sea necesario explicar o corregir, por ejemplo, si se burla de una muñeca, el juego ofrece también una oportunidad para hacerlo y que el niño lo interiorice mejor”.
“A través del juego simbólico los niños expresan emociones, necesidades y conflictos”, indica. Fernández recomienda prestar atención al tipo de roles que el menor asigna a cada personaje y a los diálogos que establece entre las muñecas, por ejemplo, si repite frases de la familia o si imita situaciones. Sugiere observar también la repetición de escenas que podrían indicar una experiencia significativa, como cuando la muñeca, por ejemplo, llora al despedirse de su madre.

Fernández aclara que la interacción puede aportar información sobre la forma en que el niño afronta los conflictos dentro de la historia que construye. Y advierte que cuando el juego es repetitivo y se centra de manera persistente en episodios de violencia extrema, miedo intenso o daño físico, cuando se observa retraimiento emocional o aparecen conductas regresivas persistentes como enuresis o mutismo, sería aconsejable consultar con un profesional.
En esta misma línea, la psicóloga Nerea Baztán Barbería sostiene que a través del juego con muñecas los niños muestran cómo perciben a las figuras de su entorno (padres, amigos o hermanos) y cómo interpretan distintas situaciones: “Se pueden dar muchas situaciones reales, pero los niños las perciben como representación y, por lo tanto, reaccionan de manera espontánea”. Baztán refiere que si el menor se muestra poco empático o muy centrado en sí mismo durante la actividad puede ser útil plantear una situación concreta para observar su reacción. La experta explica que en consulta comienza con juego libre y que, cuando detecta esa falta de empatía, introduce una escena específica: “Normalmente es un mecanismo de defensa, una forma de protegerse ante la vulnerabilidad. Puedo, por ejemplo, proponer que una muñeca está herida porque no la han invitado a una fiesta de cumpleaños para ver cómo se comporta y dirigir el juego al propósito de la intervención”.
Lenguaje y construcción de escenas
En el ámbito educativo, Tamara Chubarovsky, formadora especializada en desarrollo infantil, sostiene que la muñeca puede desempeñar distintas funciones según la etapa evolutiva. Ella las distingue entre la blanda, similar a un peluche, y otros tipos más rígidos. En los primeros años, subraya, “la muñeca blanda puede funcionar como elemento de compañía en momentos de separación, como cuando el niño acude a la guardería con un objeto que le aporta seguridad”. “Este peluche es algo suave al que los menores hablan y les permite expresar emociones que todavía no siempre son verbales”, agrega. Según la experta, con los juguetes rígidos se suelen montar escenas —un bosque, una guardería, una cena en casa— de la vida diaria que facilitan también el juego simbólico.
Según Chubarovsky, el juego simbólico con muñecas también está vinculado al desarrollo del lenguaje. A través de la imitación de secuencias cotidianas, como dar de comer, acostar o cuidar a la muñeca, los niños reproducen situaciones de su entorno. En ese proceso, según esta experta, el habla cumple una función organizadora: “Piensan en voz alta y estructuran lo que sienten. Cuando le dicen a la muñeca ‘no te pongas triste’ o ‘no te enfades’, de alguna manera también se lo están diciendo a sí mismos”.
La experta observa, además, que en algunos casos los pequeños reproducen dinámicas que viven en su día a día. “Niños a los que se les regaña a la hora de comer pueden tratar a su muñeca de la misma manera”, expone. En otras ocasiones, resalta, esta actividad permite introducir variaciones a esas escenas: el menor consuela o transforma la situación que representa. “Se ve tanto el espejo de cómo se les trata como la posibilidad de reparación. Ahí está lo terapéutico del juego”, señala. En relación con el acompañamiento adulto, Chubarovsky señala que la muñeca puede actuar como un elemento mediador que facilita que el niño exprese contenidos que, por edad, todavía no puede verbalizar directamente.
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