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Opinión

¿Elegir al “mejor bebé”? Promesas llamativas y dudas sobre la selección genética de embriones

La publicidad de nuevas pruebas promete hijos más sanos, pero los expertos advierten de sus límites científicos, dilemas éticos y posibles efectos sociales

Si la tecnología se presenta como casi infalible, algunas familias pueden tomar decisiones sobre una idea equivocada.Peter Dazeley (Getty Images)

Recientemente han aparecido anuncios en redes sociales y en espacios públicos, como en el metro de Nueva York, que presentan la selección genética de embriones como una forma de tener un “bebé más sano” e incluso un “bebé mejor”. Algunos lemas, como “Ten tu mejor bebé” o “genéticamente optimizado”, sugieren que sería posible escoger embriones con mejores predicciones de altura, inteligencia o menor riesgo de enfermedad. Para entender el debate respecto a la selección genética hay que empezar por lo básico. Desde hace años existen técnicas que permiten analizar embriones antes de transferirlos durante tratamientos de fertilidad. Su objetivo original es médico: ayudar a familias con enfermedades hereditarias graves evitando transmitirlas a sus hijos. En estos casos, se pueden detectar alteraciones genéticas concretas y seleccionar embriones que no las tengan. Este uso está regulado en muchos países.

El problema surge cuando se intenta ir más allá. La mayoría de las enfermedades comunes —como la diabetes, las cardiopatías o muchos cánceres— no dependen de un solo gen, sino de una combinación compleja de muchos genes, el estilo de vida, el ambiente y el azar. Para estimar riesgos en estos casos se han desarrollado métodos que calculan probabilidades basadas en múltiples variantes genéticas. No son diagnósticos, sino cálculos estadísticos.

La mayoría de las asociaciones médicas no recomienda usar estas estimaciones para elegir embriones, porque aún no predicen con precisión el riesgo real en una persona concreta y porque los estudios genéticos siguen teniendo limitaciones, por ejemplo, en diversidad de poblaciones analizadas. Además, en países como España o el Reino Unido no está permitido ofrecer este tipo de pruebas en clínicas de fertilidad.

Aun así, algunas parejas recurren a servicios en el extranjero o contratan análisis por su cuenta a empresas como Orchid Health, Herasight, Heliospect o Genomic Prediction. Estas compañías ofrecen un screening genético de los embriones que estima riesgos de padecer determinadas enfermedades y que, en teoría, permitiría elegir cuál implantar según probabilidades de salud, rasgos físicos u otras características. Aunque suena futurista y tranquilizador, los especialistas advierten de varios riesgos.

El primero es crear falsas expectativas. Ninguna prueba puede garantizar que un niño será sano. La salud depende de demasiados factores como para reducirla a un cálculo genético. Si la tecnología se presenta como casi infalible, algunas familias pueden tomar decisiones médicas complejas basándose en una idea equivocada.

También existe un efecto psicológico: la sensación de que los padres pueden controlar totalmente el futuro de su hijo. Tener descendencia siempre implica incertidumbre, y esa ilusión de control puede transformarse en ansiedad o culpa si surge algún problema.

A esto se suma el debate ético. Hablar de “seleccionar embriones” puede insinuar que unas vidas valen más que otras y favorecer actitudes discriminatorias hacia personas con enfermedades o discapacidades. Además, son servicios muy caros; si se popularizaran, podrían aumentar las desigualdades sociales desde antes del nacimiento.

La publicidad de estas técnicas preocupa especialmente a la comunidad médica porque, a menudo, simplifica en exceso y minimiza sus límites. Cuando se presentan como un producto más del mercado, decisiones médicas y personales muy complejas corren el riesgo de convertirse en una simple compra. Por eso, muchos especialistas piden prudencia, regulación y asesoramiento genético riguroso antes de que estas prácticas se extiendan. En el fondo, la cuestión no es solo si la tecnología permite hacerlo, sino algo más profundo: si se debería hacer y en qué condiciones.

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