Ir al contenido
_
_
_
_

Inteligencia emocional y una red de apoyo: dos claves para lidiar con el ‘burnout’ parental

La autoexigencia de llegar a todo y la crianza sin red empujan a muchos padres al límite emocional y a la extenuación, cuyas consecuencias pueden ser graves si no se abordan a tiempo y con los apoyos adecuados

El agotamiento parental aparece cuando el cuidado de los hijos se desarrolla en contextos de alta demanda, con poco o nulo apoyo.Jamie Garbutt (Getty Images)

La vorágine del día a día supone lidiar entre el trabajo y las responsabilidades parentales, las cuales pueden hacer que el ritmo diario se acelere hasta el punto de definir un concepto llamado síndrome de burnout parental. Este término, que fue consolidado conceptualmente en 2018 por investigadores de la Universidad de Lovaina (Bélgica), hace referencia a progenitores saturados, cansados y desbordados en la crianza, tanto física como mentalmente. “Esta respuesta de agotamiento aparece cuando el cuidado de los hijos se desarrolla en contextos de alta demanda, con poco o nulo apoyo y con una carga emocional que se va acumulando”, explica el psicólogo y psicoterapeuta familiar Jorge Manjarrés. “Uno de los miembros de la pareja, o ambos, con este trastorno entra en una dinámica de desequilibrio que se vuelve crónico, y en el que influyen factores de estrés excesivo prolongado en el tiempo, pero se trata de un fenómeno complejo”, prosigue Manjarrés.

“Los primeros síntomas suelen comenzar como complicaciones y dificultades en las relaciones familiares que, con el tiempo, se acaban extendiendo a relaciones fuera de la familia. La irritabilidad, la distancia emocional, discusiones que escalan, los conflictos e, incluso, rupturas de la propia relación parental son algunos de ellos”, apunta el psicólogo.

“Es algo habitual, sobre todo en madres, que sienten que no llegan a todo, que no son suficientes o que lo hacen mal, y esto va unido a la creciente exigencia social, el cambio de modelo de crianza y educación sin referentes y sin apoyo, donde se trata de criar sin una red de colaboración real, de ahí el conflicto”, agrega la psicóloga Arantxa García, coordinadora en Anida Psicología. Además, es un problema que se traslada a los hijos. “Para los niños este modelo de prisas genera mucho malestar”, añade esta experta.

“Se van acumulando emociones desagradables como la tristeza, la ira o el pasotismo, que a menudo son demasiado intensas y a las que es importante prestar mucha atención. Si las condiciones no lo permiten y estas señales se mantienen sin ser atendidas, con el tiempo pueden dar lugar a síntomas más psicopatológicos, como cuadros de ansiedad, insomnio o depresión”, advierte Manjarrés.

Cómo afrontar el síndrome de agotamiento parental

Reconocer estas señales a tiempo es fundamental para poder intervenir y evitar así otras consecuencias más graves del síndrome de agotamiento parental. “Lo primero para afrontarlo es no normalizar la idea de que un padre o una madre deben ser perfectos y poder con todo, sino en ser progenitores suficientemente buenos y, para ello, es importante enfocar la crianza desde una parentalidad positiva, donde se necesitan límites, autocuidado, corresponsabilidad y también toques de autocompasión”, asegura la psicóloga Amaya Prado, vocal del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

“Todo lo que tenga que ver con acompañar, apoyar y reforzar las capacidades de cuidado de las familias es positivo y necesario”, continúa Manjarrés, “no se trata de aprender a controlar las emociones, sino de poder reconocer lo que se siente, darle legitimidad y poder expresarlo y compartirlo con personas de confianza, en relaciones seguras y de cuidado”.

La investigación más reciente sobre burnout parental publicada en julio de 2025 en el National Library of Medicine (NIH, por sus siglas en inglés), llamada Agotamiento parental: una condición progresiva que potencialmente compromete el bienestar familiar, refuerza la idea de que la presencia de apoyo externo, incluyendo a la familia o amigos cercanos, es un factor protector que ayuda a mitigar la vulnerabilidad al agotamiento parental.

“Han aumentado los modelos de familia sin referentes, el estrés y la exigencia en padres y madres sin herramientas emocionales suficientes para hacer ese acompañamiento en la crianza de forma adecuada”, argumenta García. “Muchas veces no estamos ante padres o madres con baja inteligencia emocional, sino ante adultos emocionalmente desbordados, sin redes de apoyo suficientes y sometidos a múltiples estresores: laborales, socioeconómicos y políticos”, retoma Manjarrés. Para el psicólogo, en estos contextos, cualquier capacidad emocional se resiente y el acompañamiento y el cuidado relacional son esenciales para prevenir que el malestar se transforme en algo más perjudicial.

La inteligencia emocional, una aliada

La inteligencia emocional actúa como un amortiguador del estrés y otorga a los padres más capacidad para regular y expresar sus emociones, tolerar la frustración y prevenir respuestas impulsivas en la crianza, ya que tienen un recurso muy potente para no quemarse”, detalla Prado. “Los progenitores que saben reconocer su cansancio, que ponen palabras a su enfado o que saben pedir ayuda, son modelos para sus hijos”, aclara.

“El estrés forma parte de la crianza, pero hay que sobrellevarlo de la forma adecuada”, prosigue esta experta. Para Prado, es esencial diferenciar lo urgente de lo importante y evitar que el cuidado recaiga solo en uno de los progenitores: “Se trata de un fenómeno social, por lo que también habría que fomentar una cultura menos culpabilizadora hacia los padres y permitir sostener una crianza más saludable”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_