Padres bajo presión: el estrés contamina la crianza y la educación de los hijos
El 41% de los progenitores estadounidenses afirma que la mayoría de los días están tan estresados que no pueden funcionar, y el 48% asegura que su estrés es completamente abrumador


A finales de 2024, el entonces director general de Salud Pública de los Estados Unidos, el doctor Vivek H. Murthy, avaló la publicación de un extenso documento, titulado Parents under pressure (Padres bajo presión), en el que mostraba su preocupación por los niveles de estrés con los que muchas madres y padres viven hoy en día el ejercicio de la maternidad y la paternidad. Según los datos del informe, el 41% de las madres y los padres estadounidenses afirman que la mayoría de los días están tan estresados que no pueden funcionar, y el 48% aseguran que su estrés es completamente abrumador. Esas cifras se reducen hasta el 20% y el 26%, respectivamente, en las mujeres y hombres sin hijos, lo que da una idea del impacto emocional que supone la educación y la crianza de los hijos en el siglo XXI.
“Criar requiere mucha energía, tanto física como psíquica, y hoy en día, además, vivimos en un contexto de alta exigencia”, reflexiona Raquel Huéscar, psicóloga perinatal. Su opinión la comparte el también psicólogo perinatal Máximo Peña, autor de Paternidad aquí y ahora (Arpa, 2023): “Cada período histórico tiene sus propios retos y dificultades. Pero está claro que la sociedad actual no lo pone fácil para la crianza”.
Entre los motivos para que la crianza de los hijos sea un momento tan estresante, el informe Parents under pressure cita varios. El primero de ellos, la inestabilidad económica y la pobreza. Según datos de Eurostat, en 2024 un 34% de los niños y niñas españoles menores de 18 años estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el segundo dato más alto de toda la Unión Europea, solo superado por el de Bulgaria (35%). “No tener la certeza de que vas a poder proveer a tus hijos de lo necesario es una causa evidente de estrés. La falta de vivienda asequible, por ejemplo, es uno de los problemas más graves que afecta a las personas en España y repercute, desde luego, en la salud mental de toda la familia”, apunta Peña.
El segundo factor señalado en el documento es la falta de tiempo. No hay madre o padre que se tercie, que no se lamente por el hecho de que a su día le falten horas. En Estados Unidos, el tiempo dedicado al trabajo remunerado, según el informe, ha aumentado en un 30% entre 1985 y 2022, un incremento sostenido en gran medida por la incorporación de la mujer al mercado laboral. A su vez, el tiempo dedicado al cuidado principal de los hijos también se ha incrementado: en un 40% en las madres (de 8,4 horas a la semana en 1985 a 11,4 en 2022) y en un 154% en los padres (de 2,6 a 6,6 horas). Los días, sin embargo, siguen teniendo 24 horas. “Lo laboral se lleva gran parte de la energía de las madres y padres que, además, en general llegan a la experiencia muy mayores. Pero también hay una dificultad muy importante para parar, vivimos en una sociedad en la que se valora el poder con todo y es difícil salirse de esa rueda”, sostiene Huéscar.
La soledad con la que hoy en día se vive la experiencia de la maternidad en un contexto cada vez más urbano, más individualista, con menos redes familiares, también es otra de las razones que explican el estrés de los progenitores “Ayudar a levantar los hijos en soledad es una experiencia nueva en la historia de la humanidad. La especie humana evolucionó criándose en grupo”, afirma Peña. Para el psicólogo, la idea de una pareja, en un piso de 60 metros, encargándose de una o dos criaturas sin ayuda de otras personas adultas, es “un experimento social” contemporáneo que, en su opinión, atendiendo a las cifras de salud mental en madres, padres, infancia y adolescencia, “no está saliendo demasiado bien”.
Por último, aparecen la tecnología y las redes sociales. Casi el 70% de los padres y madres de EE UU afirma que criar a los hijos ahora es más difícil que hace 20 años, y mencionan el uso de la tecnología y las redes sociales por parte de los niños como las dos principales razones. Sin quitarles su parte de verdad, los expertos consultados prefieren apuntar a cómo esa tecnología y esas redes sociales tienen un impacto directo sobre madres y padres. “Si te preocupa cómo las nuevas tecnologías pueden afectar a tus hijos e hijas, comienza tú por dejar el teléfono a un lado, porque si tu atención está en otra parte, si no estás presente, no puedes cuidar de tus hijos”, reflexiona Peña.
Para Huéscar, el impacto de las redes sociales, además, va más allá, ya que la imagen de la maternidad idealizada que suele triunfar en los algoritmos de las redes sociales mete todavía más carga de estrés sobre las familias: “Puede que en algunos casos las redes sociales puedan ayudar a una madre a conocer otros relatos, a sentirse identificada, a poner nombre a cosas, pero en general no conozco a muchas personas a las que les hagan sentirse mejor”.

Otorgar a la maternidad y la paternidad “el valor social que merecen”
Como señala Peña, hay pequeñas estrategias que pueden ayudar a reducir la carga de estrés: desde tener expectativas realistas y asumir que los hijos e hijas “no necesitan madres y padres perfectos, sino suficientemente buenos”; hasta no compararse con otras familias y reconocer los límites de cada cual, que no se puede con todo; pasando por construir redes de apoyo con otras personas en situación de crianza.
Pero en general, como añade Huéscar, hablamos de un tema social “que difícilmente se puede abordar de forma individual”. En el informe Parents under pressure, de hecho, el Director General de Salud Pública de EE UU Vivek H. Murthy destaca la importancia de cambiar la manera como se valora social e institucionalmente la crianza: “El trabajo de criar a un niño no es menos valioso que el que se realiza en un empleo remunerado y de un valor extraordinario en lo que respecta al impacto en el futuro de la sociedad”. Murthy reclama en ese sentido que la sociedad en su conjunto se vea a sí misma como participante en esta responsabilidad a través de políticas, programas y comportamientos individuales en consecuencia, ya que, recuerda, las tensiones que las madres y padres experimentan se transmiten a los niños de formas directas e indirectas.
“Sin embargo, en España, a las madres y a los padres se les deja solos en la crianza. Las ayudas públicas para las familias con hijos son la gran tarea pendiente de la democracia”, lamenta Peña. El psicólogo sanitario reivindica medidas como la reducción de la jornada laboral sin pérdida del poder adquisitivo, una renta económica significativa para las familias con menores, la gratuidad de las guarderías, la máxima flexibilidad laboral para quienes tienen personas a su cargo, o el rediseño de las ciudades para convertirlas en espacios amables para la infancia. “No es que hagan falta políticas públicas orientadas a la crianza, sino que hay que poner el cuidado de los hijos e hijas en el centro de la política”, concluye.
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