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Las agresiones de civiles contra las patrullas de reclutamiento en Ucrania se triplican en un año

Las cifras oficiales indican que más de dos millones de hombres se esconden de la llamada a filas, y unos 200.000 militares han desertado

Una pancarta en el centro de Leópolis (Ucrania) llamando a cumplir con el servicio militar.Rostyslav Averchuk (EFE)

No hay semana en Ucrania sin que los medios de comunicación informen de una nueva agresión contra las patrullas de reclutamiento que peinan las calles del país. Estas unidades, formadas por policías y soldados, son las encargadas de notificar a los varones ucranios de entre 25 y 60 años su obligación de alistarse en el ejército. Tras la notificación, la persona es retenida en las dependencias de alistamiento y, a las pocas horas o días, tras superar una prueba de aptitud médica exprés, es enviada al regimiento donde deberá servir.

Son más de dos millones, según datos oficiales del Gobierno, los hombres que se esconden por todo el país de estas patrullas, conocidas con las siglas TCK. Y sus integrantes tienen que hacer frente, cada vez con más frecuencia, a la violencia verbal y física de la ciudadanía.

Los casos de agresiones físicas contra las patrullas de la TCK se triplicaron en 2025: pasaron de 118 en 2024 a 341 el pasado año. Los primeros meses de 2026 apuntan a un nuevo récord, con unos 35 casos mensuales. Son datos de la policía nacional ucrania publicados el 3 de abril por el medio Slidstvo.

El último hecho que conmocionó a la opinión pública sucedió el 2 de abril en Lviv, en el oeste de Ucrania. Oleg Avdiev, oficial de una patrulla de la TCK, fue asesinado de una cuchillada en el cuello. El homicida era un agente de aduanas que acompañaba a su hermano. La patrulla estaba identificando a este último cuando el hombre les atacó. Avdiev, de 52 años, había representado a Ucrania en dos Juegos Olímpicos de Invierno (Nagano 1998 y Salt Lake City 2002) en la modalidad de luge. En Lviv ya se produjo el 11 de enero otro apuñalamiento contra un oficial de la TCK.

El 30 de marzo, tres días antes del ataque fatal contra Avdiev, un hombre que había sido retenido por la TCK en Odesa se dio a la fuga apuñalando en plena calle a uno de los militares que lo custodiaban. La policía subió al coche para perseguirlo, pero varios vehículos de transeúntes que presenciaron la escena bloquearon su paso para permitir que el atacante escapara.

El Estado Mayor ucranio ya emitió en junio de 2025 un comunicado en el que alertaba del “significativo aumento” de la obstaculización con fuerza del trabajo de las TCK. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksandr Sirski, puso el grito en el cielo en febrero de aquel año por las crecientes amenazas que sufrían sus reclutadores: “La violencia contra el personal militar es inaceptable. Los culpables deben ser castigados como se merecen. Las Fuerzas Armadas de Ucrania están haciendo todo lo posible para proteger al Estado y al pueblo ucranio. En esta situación de guerra a gran escala, esto es imposible sin medidas de movilización”, subrayó.

La incorporación voluntaria a filas se frenó en seco en Ucrania tras la fracasada contraofensiva de verano de 2023. Una muestra de ello son las relativamente escasas acciones violentas registradas contra la TCK en los dos primeros años de guerra: solo 43 casos entre 2022 y 2023.

Aquella contraofensiva fallida de 2023 marcó el inicio de la fase actual de la guerra, en la que el ejército ucranio se centra en resistir. El cansancio se acumula en el ejército y en la ciudadanía. La falta de tropas es un problema acuciante: si la infantería en posiciones de primera línea rotaba para descansar cada semana en el primer año de la guerra, hoy la rotación es difícilmente inferior a un mes. Lo habitual es que los soldados tengan que estar en sus posiciones, sin ser relevados, durante meses.

Las Fuerzas Armadas de Ucrania tienen como objetivo incorporar a 30.000 nuevos reclutas cada mes, el mínimo que necesitan para reemplazar las bajas en un país que cuenta, aproximadamente, con un millón de soldados.

La cifra de los dos millones de hombres que evaden hoy su obligación con el ejército es el doble que hace un año, según datos oficiales del Gobierno. Y la cifra es seguramente superior, si se tiene en cuenta a las personas que han conseguido documentos oficiales mediante sobornos que les eximen del servicio militar o que les permite salir del país, una práctica que ha sido habitual. La Unión Europea, según estadísticas de Eurostat, acogía como refugiados en julio de 2022 a 1,1 millones de varones ucranios de entre 18 y 64 años. En enero de 2026, el número era de 1,7 millones, un 54% más respecto al primer año de la guerra.

Hay maneras legales de evitar el alistamiento. Por ejemplo, si un adulto no tiene estudios superiores, tiene derecho a cursarlos y esto le exime de ser incorporado a filas. Eso ha disparado durante la guerra las matriculaciones de hombres de más de 25 años en la universidad: según datos del Ministerio de Educación, 120.000 varones de esa edad se matricularon entre 2022 y 2025, aunque el Parlamento está elaborando una reforma para frenar ese fenómeno.

Oleksander, de 32 años, es un músico profesional de Kiev que en 2024 se matriculó en la carrera de Agronomía. La semana pasada admitía a este diario que no tiene intención alguna de ejercer como agrónomo. Hace lo posible para ir superando cursos lo más lento que se le permite.

El problema también se detecta en las deserciones. El ministro de Defensa, Mijailo Fedórov, afirmó el pasado enero que 200.000 militares han desertado durante los cuatro años de guerra. Esto equivale a más del 20% de las tropas del ejército ucranio. Y el grueso de las deserciones se han producido en el último año: a finales de 2024 la cifra oficial era de 80.000 soldados que habían abandonado su unidad.

Un ejemplo es el de B., un hombre que fue detenido en febrero por una patrulla de la TCK. Este joven, que prefiere mantenerse anónimo, tenía un documento médico militar comprado que le eximía de ser llamado a filas. La TCK lo detuvo y falseó el documento de reclutamiento asegurando que B. se había presentado voluntario, según su testimonio.

Pasó dos días en el centro de internamiento de la TCK y desde allí fue enviado a la base de una brigada para recibir entrenamiento. A la semana se fugó de la base con un grupo de reclutas y ahora vive escondido, limitando sus salidas a la calle para evitar a la policía. B. dice que no es el único en su entorno que ha hecho lo mismo.

El medio Hromadske publicó el 4 de abril un artículo en el que destacados representantes del ejército criticaban el silencio que, según ellos, mantiene el presidente, Volodímir Zelenski, ante los casos reiterados de violencia contra la TCK para evitar perder apoyo entre la ciudadanía.

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