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La líder opositora de Taiwán defiende en Pekín su acercamiento a China “para evitar una guerra”

El presidente chino, Xi Jinping, recalca ante Cheng Li-wun, al frente del Kuomintang, que su país “no tolerará” el independentismo en Taiwán

Cheng Li-wun, presidenta del principal partido de la oposición de Taiwán, el Kuomintang, este viernes en Pekín. ANDRES MARTINEZ CASARES (EFE)

Hace una década que los canales políticos entre Taiwán y China permanecen prácticamente congelados. Desde la llegada al gobierno en 2016 del Partido Progresista Democrático (PPD), la formación chinoescéptica y con sectores más inclinados a la independencia, los contactos se han reducido al mínimo. Pekín, por su parte, tacha a sus dirigentes de “separatistas” y se niega a tratar con Taipéi mientras no se acepten sus términos.

Esta semana, sin embargo, algo parece haberse movido. La líder de la oposición taiwanesa, Cheng Li-wun, ha realizado una visita al gigante asiático con el objetivo declarado de reactivar el diálogo. Un gesto, el primero de este tipo de un presidente del Kuomintang (KMT) en ejercicio en diez años, que ha reabierto el debate sobre si el futuro de la isla autogobernada (y que cuenta con apoyo militar de Estados Unidos) pasa por reforzar la disuasión o por explorar una vía de distensión con China.

“Debemos superar la confrontación política” y “crear mecanismos institucionalizados que prevengan y eviten la guerra”, ha pedido este viernes Cheng durante su encuentro con el presidente chino, Xi Jinping, en Pekín. “Los compatriotas a ambos lados pertenecen a la nación china. Necesitamos paz, desarrollo, comunicación y cooperación. Es un deseo común”, le ha confiado por su parte el mandatario chino, aún con las cámaras presentes.

Xi también se ha mostrado firme al insistir en que “la ‘independencia de Taiwán’ es la principal causa de inestabilidad en el estrecho”. “No la toleraremos lo más mínimo”, ha aseverado, según recoge la prensa estatal. “Debemos convertir el estrecho de Taiwán en un modelo de resolución pacífica de conflictos a nivel global”, ha enfatizado Cheng, quien también ha advertido que esa franja marítima no debería convertirse “en un tablero de ajedrez para la intervención de fuerzas externas”.

La política, de 56 años, asumió las riendas del KMT el pasado noviembre y ha presentado su viaje de seis días y con paradas en Shanghái, Nankín y Pekín como una “misión de paz”. Su posición es radicalmente opuesta a la del Gobierno de Lai Ching-te (del PPD), que ha reforzado una línea más firme frente a China. Centrada, sobre todo, en la defensa de la soberanía y la democracia, el aumento de la capacidad de disuasión y el estrechamiento de la relación con Washington, su principal suministrador de armamento —aunque no está claro si intervendría en caso de conflicto armado—.

Cheng se define a sí misma como “pragmática” e interesada en “poner los cimientos y tender puentes”. En una rueda de prensa, ha expresado que las diferencias deben resolverse “con paciencia”. Y ha asegurado que Xi respeta que el sistema y el estilo de vida taiwaneses sean diversos a los de China. También ha destacado la capacidad de diálogo del mandatario chino, a quien, afirma, le gustaría “recibir algún día” en Taiwán.

La visita de Cheng se produce en un momento especialmente sensible, y a un mes de la fecha prevista para el viaje a la capital china del presidente estadounidense, Donald Trump. Para el Gobierno chino era importante escenificar antes de esa cumbre que Pekín tiene capacidad para influir en la cuestión taiwanesa por vías políticas y no solo militares. China ha exigido en repetidas ocasiones a Washington que deje de armar a Taiwán.

Desde agosto de 2022, el Ejército chino ha realizado seis grandes rondas de maniobras militares alrededor de Taiwán. En ellas, ha practicado simulaciones de bloqueo e incluso utilizado fuego real. Pese a ese contexto, el KMT, que controla el Parlamento junto a un socio minoritario, ha paralizado los planes del Ejecutivo para elevar el gasto en Defensa —una exigencia de Washington—, lo que ha agudizado el enfrentamiento político interno sobre la estrategia de seguridad.

Figura atípica

Cheng es una figura atípica dentro de su partido. Ante la prensa se ha mostrado carismática y sonriente, y ha respondido con el característico tono directo y combativo que emplea en los programas de debate a los que acude con frecuencia.

Su trayectoria está construida sobre una paradoja: en su juventud fue activista a favor de la independencia y crítica acérrima del partido que hoy preside. Formada en la efervescencia democrática de finales de los ochenta (Taiwán vivió bajo ley marcial entre 1949 y 1987), su transición del espectro verde al azul se ha convertido en la base de su identidad política. Tras abandonar el PPD en 2002 por discrepancias ideológicas, el KMT la reclutó en 2005. Desde entonces, ha ocupado cargos de visibilidad: portavoz, responsable de comunicación y diputada.

La ahora presidenta del KMT se sitúa en el ala del partido que defiende un acercamiento a Pekín para reducir tensiones, pero la formación dista de ser un bloque monolítico. Dentro conviven sensibilidades muy distintas respecto a China, desde sectores que abogan por reforzar los lazos políticos y económicos hasta otros que apuestan por una línea más cautelosa e incluso más cercana a EE UU.

Esa división refleja en buena medida el sentir de la sociedad taiwanesa. Las encuestas que desde 1994 realiza el Centro de Estudios Electorales de la Universidad Nacional Chengchi (Taipéi) muestran que la inmensa mayoría de los 23 millones de taiwaneses apuesta por mantener el statu quo.

El KMT (literalmente, Partido Nacionalista Chino) fue el principal actor político de la China republicana tras la caída del imperio Qing en 1912. Entonces, la antigua isla de Formosa se encontraba bajo dominio japonés. Tras la II Guerra Mundial, pasó a manos del Gobierno nacionalista chino, que se trasladó allí en 1949 tras perder la guerra civil frente a las tropas comunistas lideradas por Mao Zedong.

La denominación oficial de Taiwán continúa siendo, de hecho, República de China. Durante décadas, ambos gobiernos, el de la República Popular China, en Pekín, y el de la República de China, en Taipéi, se reivindicaron como los legítimos representantes de toda China.

De esa fractura surgió el núcleo del conflicto que marca la relación entre ambos lados del estrecho. Con el paso del tiempo, sin embargo, la posición de Taiwán ha evolucionado: la isla, que funciona como un Estado de facto, con gobierno, sistema político y Fuerzas Armadas propias, ya no plantea la recuperación del territorio continental. Desde la década de 1970, la mayoría de la comunidad internacional reconoce al Gobierno en Pekín, aunque mantiene vínculos económicos y comerciales con Taipéi. Actualmente, solo 12 Estados tienen relaciones diplomáticas formales con Taiwán.

El Gobierno chino, sin embargo, considera la isla una provincia rebelde y parte inalienable del territorio chino y, aunque nunca ha ejercido autoridad efectiva sobre ella, mantiene que la “reunificación” es una misión “histórica”. Aunque aboga por una vía pacífica, no renuncia al uso de la fuerza para lograr ese objetivo. Xi vincula dicha empresa al “gran rejuvenecimiento de la nación”, cuyo horizonte simbólico está fijado en 2049, cuando se cumplirá el centenario de la República Popular.

“La tendencia histórica de que los compatriotas de ambos lados del estrecho se acerquen y avancen hacia la reunificación no va a cambiar. Es algo inevitable en la historia, y tenemos plena confianza en ello”, ha manifestado este viernes Xi ante Cheng.

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