Crece el temor en Rumania por dejar a EE UU usar sus bases militares en su guerra contra Irán
El Gobierno de Nicusor Dan descarta un ataque de Teherán. ”Las declaraciones solo han sido sobre la situación política y consecuencias legales", sostiene el ministro de Defensa

El Gobierno rumano trata de apaciguar los temores que ha despertado entre la ciudadanía la autorización que dio a EE UU para desplegar aviones y tropas en su territorio para maniobras defensivas en medio de la guerra contra Irán. La inquietud se ha acrecentado luego de que Teherán amenazara al país con “consecuencias políticas y legales en el futuro” por participar de lo que consideran “una agresión militar“ y de que el expresidente Traian Basescu advirtiera en redes sociales de un posible riesgo de ataques. El ministro de Defensa, Radu Miruta, ha insistido este lunes en que no tienen información de que la República Islámica piense en atacarlos.
”Las declaraciones solo han sido sobre la situación política y consecuencias legales. La palabra militar no se pronunció. No consideramos tal hipótesis”, ha afirmado el ministro en entrevista con un canal de televisión.
Según la más reciente encuesta elaborada por INSCOP, siete de cada 10 rumanos estaban muy o algo preocupados sobre la posibilidad de que el país termine implicado en una guerra en los próximos años. El porcentaje de encuestados que estaban muy preocupados aumentó de un 31% en febrero a un 36,9% en marzo.
El pasado 11 de marzo, el Parlamento aprobó por amplia mayoría el despliegue de aviones cisterna estadounidenses, así como de equipos de monitoreo y comunicaciones por satélite, durante 90 días. La mayoría de estos recursos se concentra en las bases de Mihail Kogalniceanu y Campia Turzii. Además, Rumania alberga en la base de Deveselu el escudo antimisiles de EE UU, diseñado para proteger a los países de la OTAN de cualquier amenaza procedente del flanco este.
Aunque los equipos, según el Gobierno, son “defensivos”, distintas voces han sembrado dudas al respecto. El 16 de febrero, por ejemplo, el expresidente Basescu aseguró en su cuenta de Facebook que “ninguno de los equipos” aceptados en territorio rumano era de tipo “defensivo militar”. “Aunque tenemos una antigua y buena relación [una parte de los líderes iraníes estudió en Rumania], es posible que Irán intente atacar el equipo estadounidense desplegado”, aseguró el exmandatario, muy activo los dos últimos años como analista en los medios, sobre todo televisivos. Además, incidió en que nadie podía “garantizar la eliminación de todos los riesgos”.
Por ese motivo, instó al Estado a tomar medidas preventivas para informar a la población de cómo actuar en caso de posibles ataques y fue más allá: “Tal vez sería bueno que cada uno de nosotros pensara en dónde refugiarse él y su familia, si tiene dinero y medios de subsistencia para dos o tres días”.
No obstante, Basescu, que fue una ficha importante para ayudar al actual presidente a ganar las elecciones de 2025, trató de matizar sus declaraciones calificándolas como una mera “opinión personal”. “No me he propuesto contradecir las declaraciones oficiales”, escribió en su publicación. Además, reconoció que la decisión de dar el visto bueno a la solicitud de Washington resultó “correcta”, ya que “está en el interés a largo plazo de fortalecer la relación con los EE UU y la seguridad de Rumania”.
En medio de este ambiente, el presidente, Nicusor Dan, y la ministra de Exteriores, Oana Țoiu, se han esmerado en lanzar mensajes tranquilizadores a la población. Tres días después de esa publicación, el primer mandatario, en una rueda de prensa conjunta con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, insistió en que Rumania es un país “más seguro” gracias a la “presencia adicional de militares estadounidenses”. La ministra también descartó cualquier peligro al recalcar que “no existen amenazas directas por parte de Irán”.
Laurentiu Plesca, del programa German Marshall Fund of the United States de Bucarest, considera que las autoridades “no han comunicado bien que el uso de las bases por parte de los estadounidenses tiene un cometido defensivo”. Y sostiene que Rumania solo podía aceptar la petición estadounidense. “Teniendo en cuenta nuestra proximidad al flanco este, la guerra rusa en Ucrania y la posición tan cerca al conflicto de Irán, las relaciones entre Bucarest y Washington habrían empeorado considerablemente si se hubiera rechazado y perjudicado la seguridad del país”, remacha Plesca.
Preocupación en las calles
Incluso electores de formaciones ultraderechistas afines a Donald Trump ―que se abstuvieron en la votación en el Parlamento para aprobar el despliegue― se muestran contrarios a los ataques de EE UU e Israel sobre Irán.
Ionela Mitrica, una funcionaria de Justicia de 43 años, cree que el país puede ser blanco de Teherán por albergar el escudo antimisiles en la base de Deveselu. “Está diseñado y financiado por EE UU para una inminente amenaza procedente del régimen iraní”, asevera Mitrica. La mujer ha leído las declaraciones del expresidente Basescu y coincide con él. “Ocupó la función de presidente durante diez años, mientras que Dan acaba de llegar a la jefatura de Estado”, argumenta.
Ovidiu Petre, un arquitecto de 47 años, también ha seguido con atención las noticias. “Aeronaves enviadas por la Fuerza Aérea de los EE UU a Rumania llevaron a cabo una misión en la madrugada del viernes y otra en la del domingo en el sur de Chipre. Un sexto avión para misiones de reabastecimiento aéreo ya llegó a Bucarest. [Es] suficiente para justificar que seamos objetivo militar de Irán”, afirma.
Petre reconoce que siente cierto temor ante un posible ataque iraní. “Es cierto que estamos en la OTAN, pero esto se trata de un acuerdo con EE UU, el propulsor de la guerra”, señala. “Tampoco ayuda que Rumania esté presente aunque sea como observador en la Junta por la Paz creada por Trump para la reconstrucción de Gaza y que Bucarest esté valorando la opción de enviar soldados para eliminar las minas del estrecho de Ormuz”, añade Petre.
Para Armand Gosu, profesor de Historia y Política de la Universidad de Bucarest, aunque el miedo a la guerra es latente, puede resultar irracional. “Muchas veces es inducido por los medios de comunicación que promueven los propios partidos de extrema derecha”, argumenta. Y recuerda que uno de los principales temas de la campaña presidencial electoral en las elecciones de 2024 y 2025 fue el temor de que “Occidente quisiera empujar a Rumania a un conflicto con Rusia”.
En opinión de Ioana Constantin-Bercean, experta en Oriente Próximo, “los líderes iraníes y la Guardia Revolucionaria hacen todo tipo de afirmaciones agresivas que forman parte de la lógica de la guerra”. Por tanto, no cree que los ciudadanos deban sentirse preocupados ante las supuestas represalias. “A veces se exacerban interpretaciones políticas o en los medios que no tienen nada que ver con la realidad”, puntualiza.
Tampoco contempla a Rumania como un actor relevante en el conflicto para que Teherán ataque militarmente. “Rumania, que lleva décadas manteniendo buenas relaciones con Irán, siempre ostentó una posición equilibrada en Oriente Próximo, incluso como un mediador importante”.
En la misma línea se encuentra Plesca. “Irán no utilizaría un misil de largo alcance para atacar Rumania no solo porque son costosos y porque tiene pocos, sino también porque no tendría un beneficio estratégico real”, argumenta.
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