Trump retrasa su ultimátum a Irán, pero mantiene el despliegue de refuerzos
El presidente de EE UU amplía hasta el 6 de abril el plazo que dio a Teherán para aceptar sus condiciones, bajo pena de “desatar el infierno” si no lo hace

El gran contingente de barcos de guerra y aviones que Donald Trump ordenó enviar a Oriente Próximo en las semanas previas a la guerra contra Irán apuntaba a que el presidente de Estados Unidos tenía en mente una ofensiva aérea. Los refuerzos de miles de soldados que ahora se encuentran de camino o acaban de ser movilizados preludian una nueva fase: el despliegue de tropas en suelo iraní. Mientras que el mandatario republicano presiona a Teherán para que acepte un acuerdo de inmediato, la Casa Blanca promete, en caso contrario, “desatar un infierno”.
En el día antes de que se cumpliera el plazo que Trump dio al régimen de los ayatolás para que acepte sus condiciones, y dos antes de que la guerra entrara en su quinta semana, el mandatario decidió extender esa fecha límite hasta el próximo 6 de abril, “a petición del Gobierno iraní”, anunció en Truth, su red social. “Aplazo la fase de destrucción de las plantas eléctricas diez días, hasta el lunes 6 de abril a las 20.00 hora de Washington (02.00 hora peninsular española del martes). Las conversaciones siguen”, afirmó el presidente, que asegura que las negociaciones “van muy bien”.
Pero pese a este último gesto, ayer los indicios de un acercamiento eran mínimos, en especial después de que Israel matara a Alireza Tangsiri, jefe de las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria. Unos y otros mantienen sus posiciones maximalistas y opuestas. Teherán, que se ve sin motivos para ceder ante Washington, demanda el pago de reparaciones, mantener el estratégico —y cerrado— estrecho de Ormuz en su poder y la retirada de las tropas estadounidenses. La Administración republicana demanda abrir Ormuz, la renuncia de Irán a contar con armas nucleares y que retire su patrocinio a los grupos radicales islamistas en Oriente Próximo.
Las dos partes prometen una lucha más encarnizada en la nueva etapa si los contactos diplomáticos en curso fracasan: Irán fortifica la isla de Jarg, considerada un probable objetivo de las fuerzas estadounidenses, según la cadena CNN. La Casa Blanca amenaza con un ataque contra su adversario “mayor que cualquiera que haya padecido”. El problema, en su caso, es que ya lo ha lanzado: como le gusta recordar, ha matado a buena parte de los líderes de la preguerra, ha hundido la flota de guerra iraní y ha diezmado sus arsenales. Su capacidad de presión se ve así disminuida.
Si no puede convencer a Irán, y descartada una retirada súbita que deje las cosas como estaban, pero peor, la única opción que le queda a Trump es la escalada. Hacer aquello que prometió en campaña que él no haría jamás, pero sus rivales electorales sí: desplegar soldados sobre el terreno en guerras en el extranjero.
Tras una sesión informativa a puerta cerrada este martes en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, los legisladores de Estados Unidos parecieron dar por descontada una operación de este tipo. La congresista republicana Nancy Mace escribió en la red social X: “Acabo de salir de la sesión. Permítanme repetirlo: no voy a apoyar tropas sobre el terreno en Irán, y menos aún después de esta sesión”.
El Comando Central, el responsable de las fuerzas estadounidenses en Oriente Próximo, está a punto de recibir importantes refuerzos que le ofrecen toda una gama de opciones si, finalmente, Trump ordena una escalada: una estructura de mando para una división, paracaidistas de élite, buques anfibios de asalto —dotados con aviones caza entre su equipación—, y unos 5.000 miles de infantes de Marina.
Este martes, el Pentágono envió órdenes de movilización a los principales mandos y unos 2.000 soldados de la muy laureada 82.ª División Aerotransportada de paracaidistas, célebre por su participación en el desembarco de Normandía en 1944, en Vietnam y, más recientemente, en la evacuación del aeropuerto de Kabul en 2021. La brigada movilizada puede llegar a cualquier parte del mundo en solo 18 horas.
Además, se espera a partir de este viernes la llegada a las aguas de responsabilidad del Comando Central en Oriente Próximo de un grupo de buques anfibios de asalto, idóneos para desembarcos. El contingente, que el día 23 repostaba en la base británico-estadounidense de Diego García, en el Índico, lleva a bordo unos 2.500 soldados de la 31.ª Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina. Estas unidades de marines son célebres por su versatilidad y han participado tanto en misiones humanitarias —tras el terremoto de Haití de 2010, por ejemplo— como en despliegues en tierra. La 31.ª ya participó en la operación Zorro del Desierto para patrullar Kuwait en 1998.

“Una unidad expedicionaria (MEU, por sus siglas en inglés) es como toda la infantería de Marina comprimida en un grupo de 2.500 soldados. Incluye desde aviones de combate F-35, entre los más técnicos y punteros que existen, a un simple soldado armado con su rifle y bayoneta. Una MEU aporta todo un rango de opciones al comandante al frente de la fuerza de combate”, explicaba en videoconferencia este lunes el teniente general retirado Sam Mundy.
Al frente de este grupo, con base en Japón, se encuentra el barco Trípoli, que con sus 261 metros de eslora puede actuar como un mini portaviones para cazas F-35B. El buque está escoltado por los destructores Robert Smalls y Rafael Peralta, dotados ambos con misiles de ataque guiados.
A ese contingente se le sumará en las próximas semanas otro similar, formado también por otro grupo de asalto anfibio de tres buques, con una dotación de unos 2.000 marineros entre los tres, y unos 2.500 soldados de otra unidad expedicionaria de marines, la 11, desplegada en la provincia iraquí de Nayaf durante la guerra de Irak. Liderado por el buque de asalto Boxer, también con capacidad para transportar F-35B y helicópteros, este contingente zarpó esta semana de su base en San Diego (California) y, dado que tiene que cubrir una distancia de unos 22.000 kilómetros, no se le espera hasta mediados de abril.
En total, los 7.000 soldados adicionales y los 2.000 marineros que ya van de camino no son ni de lejos suficientes para una invasión de Irán similar a la que se intentó en 2003 en Irak, un país con la tercera parte del territorio y una orografía mucho menos complicada. Según el periódico The Wall Street Journal, el Pentágono sopesa enviar próximamente otros 10.000 soldados de infantería y vehículos blindados. Pero tampoco bastaría. La Administración de George W. Bush envió a Irak 160.000 soldados.

Las especialidades de los refuerzos y su cantidad hacen pensar más bien en un intento de tomar bien algunas de las islas iraníes en el estrecho de Ormuz para tratar de forzar desde allí la apertura del paso, o la isla de Jarg, donde Estados Unidos ya atacó hace dos semanas objetivos militares, incluido su aeródromo. Esa isla, a 26 kilómetros de la costa continental iraní, es el núcleo de la industria petrolera de su país. Otra opción sería una incursión limitada para tratar de recuperar el uranio iraní, a muchos metros en el subsuelo bajo los escombros de las instalaciones nucleares que las fuerzas estadounidenses atacaron en junio pasado en la operación Martillo de Medianoche.
En el caso de Jarg, “el tamaño del objetivo es proporcional con la fuerza que se prepara”, opina el teniente general Mundy, antiguo comandante de la Infantería de Marina en el Comando Central. Pero además hay que tener en cuenta, apunta, “la posibilidad de que aún quede algo de capacidad militar” en la isla tras los ataques de hace días. También, “¿cuáles son las simpatías de los trabajadores allí en la isla, van a representar un problema?" Y “¿cuál será la duración? [Los soldados] necesitarán combustible, agua, comida, quizá munición. Y son recursos finitos".
Hasta el momento, el Comando Central cuenta con cerca de 50.000 desplegados en bases en Oriente Próximo y en la flota que el Pentágono ha desplegado para esta guerra. Un grupo de combate encabezado por el portaaviones Abraham Lincoln se encuentra en la zona del golfo. Un segundo portaaviones, el Gerald R. Ford, el más moderno de la flota estadounidense, ha tenido que retirarse a la base militar de Suda, en el Mediterráneo oriental, para reparaciones después de que se produjera un incendio a bordo.
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