La guerra de Irán se amplía con la entrada en una fase cada vez más intensa e incierta
Donald Trump amenaza a Teherán con atacar todas sus plantas eléctricas si no abre el estrecho de Ormuz antes de 48 horas


Miles de infantes de Marina estadounidenses, a punto de llegar a Oriente Próximo. Misiles iraníes contra bases de EE UU y el Reino Unido en el Índico, con un alcance de 4.000 kilómetros, casi el doble del que se les suponía hasta ahora. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, promete bombardeos aún más agresivos. El estratégico estrecho de Ormuz, clave para la economía mundial y para el resultado de la guerra, sigue cerrado en la práctica. En medio de una retórica y de acciones bélicas cada vez más contundentes, Donald Trump ha dado 48 horas a Teherán para abrir ese paso marítimo, bajo amenaza de dejar a ese país sin electricidad, y debate si enviar tropas a suelo iraní.
Al entrar en su cuarta semana, la guerra contra Irán se extiende territorialmente, se encuentra en su punto más intenso y en medio de una gran incertidumbre.
Trump actúa —sigue actuando— como el gran verso libre del conflicto y envía señales contradictorias sobre qué se plantea en la nueva fase de la guerra. Este sábado, poco antes de las 20.00 horas en Washington (01.00 del domingo en España, 18.00 en México) lanzaba un ultimátum a Irán: “si no abre por completo, y sin amenazas, el estrecho de Ormuz, en 48 horas a partir de este preciso momento, Estados Unidos atacará y pulverizará sus distintas centrales eléctricas, ¡empezando por la mayor!"
El viernes, el republicano había sostenido que no se planteaba ningún tipo de alto el fuego. “No accedes a un alto el fuego cuando estás ganando por tanto”, declaraba. Poco más tarde, sin embargo, proclamaba que sus objetivos están casi cumplidos y apuntaba la posibilidad de “ir retirando” las fuerzas estadounidenses en el golfo, en un mensaje en sus redes sociales. Según ese texto, Estados Unidos dejaría el problema de Ormuz a los países a los que les hace falta que haya libertad de tráfico marítimo por ese estrecho para cubrir sus necesidades energéticas, aunque matizaba que Washington podría ayudar si se le pidiera.
Este sábado, las fuerzas estadounidenses aseguraron que ya habían atacado 8.000 objetivos desde el comienzo de la guerra en Irán el 28 de febrero. El general Brad Cooper, al frente del Comando Central —responsable de las operaciones de EE UU en Oriente Próximo— anunció en un comunicado por vídeo distribuido en redes sociales la destrucción de un arsenal iraní oculto en las costas del estrecho de Ormuz. También sostuvo que la capacidad de combate de Teherán se ha visto gravemente reducida.
Update from CENTCOM Commander on Operation Epic Fury: pic.twitter.com/8yTLrVy4jk
— U.S. Central Command (@CENTCOM) March 21, 2026
Pero Irán mantiene bloqueado Ormuz. Sus fuerzas continúan lanzando proyectiles contra Israel y los países árabes del golfo, y este sábado dispararon dos misiles contra la base británico-estadounidense de Diego García en el Índico, a 4.000 kilómetros de Irán. Ninguno de los dos cohetes golpeó su objetivo, pero ambos recorrieron mucho más trayecto del que se calculaba que podían alcanzar. Teherán también ha atacado las instalaciones israelíes de Dimona, donde se cree que se encuentra el núcleo del programa atómico de ese país, en represalia después de que, según ha denunciado, Israel bombardeara las suyas de Natanz. Los servicios sanitarios han registrado más de 40 heridos.
Al tiempo que Israel e Irán intensifican sus acciones hostiles, la Administración de Trump ha tendido un hilo de salvación económica a Teherán y su maquinaria de guerra al levantar temporalmente sus sanciones al petróleo iraní que se encuentre en alta mar, unos 140 millones de barriles.
Difícil salida
El lanzamiento de los misiles iraníes hacia Diego García le complica el panorama, si lo que Trump se planteaba era una salida rauda y sin complicaciones del conflicto. Esos cohetes representan una escalada por parte de Irán y extienden la guerra más lejos de Oriente Próximo. Podrían llegar a Europa, como apuntó el presidente estadounidense al principio del conflicto para justificar su ofensiva. Y dejan clara la determinación de Irán a ir con todo, sea mediante misiles de medio alcance, sea mediante el bloqueo de un punto vital en el comercio del mundo, en una guerra en la que está en juego la supervivencia de su régimen.

“Irán se ha dado cuenta de que tiene esta gran herramienta de presión que puede utilizar para hacer que cualquier país participante en la economía global sienta dolor”, apuntaba Colby Connelly, analista del Middle East Institute, en una videoconferencia este viernes.
Las declaraciones contradictorias de Trump se producían cuando está a punto de llegar a la zona del Comando Central el grupo de tres barcos anfibios encabezados por el Tripoli, a bordo de los que viajan cerca de 2.500 soldados del 31.º cuerpo expedicionario de la infantería de Marina. Se encuentra de camino también un segundo grupo similar, liderado por el barco de asalto anfibio Boxer y que transporta al 11.º cuerpo expedicionario de marines, también de unos 2.500 soldados.
Al presidente se le presenta un dilema: completar los objetivos que ha declarado (fulminar el programa de misiles y la marina iraníes, impedir que el país adversario proyecte poderío en el exterior y destruir su programa nuclear) requeriría, sobre todo este último, un despliegue de tropas en territorio iraní.
Pero ese hipotético despliegue es políticamente peligroso, especialmente si se alargase como calculan los expertos.
Una guerra muy impopular
La guerra contra Irán ya es de por sí muy impopular: cerca de un 60% de los votantes se opone a ella, según las encuestas. Un sondeo de Ipsos-Reuters aseguró esta semana que dos tercios de los estadounidenses creen inevitable que Washington acabe desplegando soldados en suelo de Irán, pero solo un 7% lo considera una buena idea.
El anuncio de un despliegue y la perspectiva de más bajas en las filas estadounidenses que se sumen a los 13 muertos y más de 200 heridos en las tres semanas de ofensiva desatarían aún más el rechazo al conflicto; incluso entre el movimiento trumpista MAGA, que hasta ahora y pese a protestas muy públicas de algunos de sus representantes más destacados, se ha mostrado en general fiel a su líder. Los legisladores republicanos tendrían difícil aprobar la partida extraordinaria de 200.000 millones de dólares —equivalente a una cuarta parte del total del presupuesto anual de defensa— que el Pentágono busca para costear la guerra.
El presidente estadounidense, que ha pasado el fin de semana jugando al golf en Florida, aún no ha tomado una decisión definitiva, según han declarado altos cargos a medios estadounidenses. Una de las opciones que se sopesan es el envío de al menos parte de la 82.ª división aerotransportada, la misma que participó en la operación de salida de Kabul en 2021, o en misiones de rescate tras el huracán Katrina en Nueva Orleans.
Las movilizaciones de los barcos y marines que ya se encuentran de camino, o las de tropas adicionales en el futuro, de momento solo se efectúan para dar opciones al presidente estadounidense en el momento en que decida. Pero los expertos apuntan a que esas opciones podrían incluir la toma de la isla de Jarg, a cerca de 700 kilómetros al norte de Ormuz, la principal terminal petrolera de Irán y que cuenta con importantes objetivos militares, con la esperanza de forzar a Teherán a una capitulación y a reabrir el estrecho. Estados Unidos ya bombardeó esa isla estratégica hace una semana, aunque teniendo buen cuidado en no golpear su infraestructura petrolera”.
Una operación arriesgada
Pero hay un gran problema. “Los marines pueden tomar la isla. Pueden hacerse con las infraestructuras de petróleo que evitamos bombardear. Pero una vez que estén allí serán muy vulnerables. Entre los activos que no atacamos hace una semana estaban, en muchos casos, grandes depósitos de combustible que ellos podrían hacer volar, y nuestros soldados estarían cerca. La isla solo mide algo más de diez kilómetros”, recordaba Mike Mulroy, antiguo subsecretario de Defensa para Oriente Próximo, en un acto organizado por el Middle East Institute. Otro riesgo, apunta este experto, es que Irán haga caso omiso y mantenga el estrecho cerrado. “¿Y entonces qué? ¿Retiramos nuestras tropas? ¿Le damos una victoria táctica a Irán? Es algo que hay que sopesar muy bien”.
Aún más complicado sería alcanzar el objetivo que Trump siempre ha declarado como principal, evitar que Irán cuente con armas nucleares. La captura del uranio enriquecido al 60% en territorio de ese país, a muchos metros en el subsuelo y bajo las ruinas de las instalaciones que Washington ya atacó en junio del año pasado, también requeriría soldados sobre el terreno y sería aún más peligrosa.
“Nunca vamos a destruir al 100% su capacidad militar. Irán tiene cuatro veces el tamaño de Irak y el doble de su población. Es extraordinariamente montañoso. Nunca vamos a diezmar por completo sus capacidades militares. Tenemos que establecer expectativas realistas”, apunta Mulroy.
Veteranos de la guerra de Irak, la desastrosa invasión que costó más de 4.000 vidas estadounidenses y cerca de 200.000 iraquíes, han implorado a Trump esta semana, al cumplirse el 23 aniversario del inicio de aquel conflicto basado en motivos falsos, que evite esta vez el despliegue de tropas sobre el terreno y que ponga fin a la ofensiva.
“En diciembre enterré a un amigo más en el cementerio nacional de Arlington (donde yacen los caídos estadounidenses en guerra), porque para muchos de nosotros la guerra nunca llegó a terminar”, apuntaba esta semana Naveed Shah, veterano de la operación Libertad Iraquí y director político de la organización de excombatientes Common Defense. “Tratamos a la fuerza militar como si fuera la primera opción, en vez de la última. Dejamos que los presidentes lancen guerras sin debatirlo en el Congreso, mucho menos contando con su aprobación. Y nos siguen convenciendo de que un despliegue más, otra serie de bombardeos, otra excursión más nos dará esa victoria que tanto esperan antes de las elecciones”, denunciaba.
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