De las amenazas en Australia a la ovación en Teherán: las futbolistas iraníes regresan a su país tras renunciar a pedir asilo
El régimen organiza un recibimiento oficial para aclamar a las integrantes de la selección femenina, tres semanas después de presionarlas para evitar que huyeran. Solo dos de las jugadoras han mantenido su decisión


El equipo femenino de la selección de fútbol de Irán, casi al completo, regresó el jueves a Teherán y fue recibido con un multitudinario acto de bienvenida organizado por el régimen islámico en el que las deportistas fueron aclamadas como patriotas. Era el punto final a un episodio plagado de tensión, presiones y amenazas en el que seis jugadoras y una asistente técnica llegaron a pedir asilo en Australia, tras disputar allí la Copa Asiática, y finalmente renunciaron a él; otras dos deportistas sí se han quedado en el país oceánico.
La participación del equipo femenino en la Copa Asiática estuvo marcada por un hecho insólito: el 2 de marzo, antes del partido inaugural contra Corea del Sur, las 11 jugadoras titulares de Irán no entonaron el himno nacional, un gesto que fue interpretado por muchos como una protesta silenciosa contra el régimen iraní. Su actitud motivó que Mohammadreza Shahbazí, presentador ultraconservador de la televisión estatal, las calificara de “traidoras en tiempos de guerra” y pidiera sanciones severas contra ellas.

Shahbazí afirmó que debía caer sobre las jugadoras “la vergüenza de la deshonra y la traición”, y que debían ser castigadas para que otros aprendieran la lección. Tras estas amenazas, seis de las jugadoras (incluida la capitana, Zahra Ghanbarí) y una asistente técnica acabaron huyendo del hotel en el que estaba concentrado el equipo y pidieron asilo a las autoridades australianas, que se lo concedieron.
Finalmente, sin embargo, cinco de esas siete integrantes de la selección han renunciado a la protección y han decidido regresar, como el resto, a Irán; una decisión que han tomado bajo la presión de las autoridades de seguridad iraníes y por las amenazas y el miedo a represalias contra sus familias, según fuentes de su entorno. Solo Fatemeh Pasandideh y Atefeh Ramezanizadeh se han quedado en Australia y ya están entrando con el equipo local Brisbane Roar FC, según Efe.

La selección fue recibida el jueves por la noche por miles de personas que acudieron a la ceremonia oficial organizada en la céntrica plaza Vali Asr, en Teherán, bajo un gran mural que mostraba a las jugadoras realizando el saludo militar junto al lema “Mi elección: la patria”.
Durante el regreso a Irán, las jugadoras enfrentaron numerosas dificultades. Además de la presión de los agentes de seguridad que suelen acompañar a los deportistas iraníes en competiciones internacionales, el cierre del espacio aéreo de Irán y de los países del golfo Pérsico impidió un retorno rápido y directo. Las futbolistas viajaron primero de Australia a Kuala Lumpur (Malasia); luego a Omán, y de ahí, el martes, a Estambul. Desde Turquía, por vía terrestre, entraron el miércoles en Irán, alcanzando finalmente el jueves la capital, Teherán.
En este trayecto, las amenazas y presiones sobre sus familias continuaron utilizándose como herramienta para forzar la renuncia al asilo, según cuentan fuentes del entorno de las deportistas y activistas de derechos humanos. Estas fuentes remarcan que la madre de Zahra Ghanbarí, capitana del equipo, fue citada por el Cuerpo de Guardianes de la Revolución, y que los detalles de ese interrogatorio le fueron comunicados a la jugadora a través de miembros del equipo que se encontraban en Malasia. Tras su regreso a Irán, Zahra declaró a medios iraníes: “Volví solo por mi madre. Hablé con ella varios días, pero un día me dijo: ‘Por favor, vuelve”.
“No sucumbieron a la seducción”

La Federación de Fútbol de Irán calificó el regreso de las jugadoras como una “decisión patriótica frente a la propuesta seductora y política de Australia”, y los medios nacionales interpretaron este regreso como un gesto de espíritu nacional y lealtad a la patria. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, felicitó a las futbolistas en un mensaje publicado en X, subrayando que su retorno se produjo “a pesar de toda la malicia de los enemigos de esta nación” y destacando que no sucumbieron “a la seducción ni a la intimidación de los opositores a Irán”.
Este caso refleja la compleja situación de las mujeres deportistas iraníes, atrapadas entre las oportunidades individuales que el deporte les ofrece, las presiones políticas y los compromisos familiares. A pesar de contar con opciones seguras y profesionales en Australia, las jugadoras acabaron renunciando a su decisión en medio de amenazas públicas. Ahora, las organizaciones de derechos humanos se preguntan si, una vez se disipe la atención mediática, las deportistas consideradas desafiantes podrían sufrir represalias o ser apartadas del deporte.

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