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Somalilandia
Análisis

Somalilandia, ¿un nuevo Estado?

Un reconocimiento por parte de la comunidad internacional, como ha hecho Israel, desencadenaría una guerra civil

Manifestación por el reconocimiento de Somalilandia como Estado en Londres el pasado diciembre.SOPA Images (SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

El reconocimiento por parte de Israel de Somalilandia como Estado independiente es una mala noticia, sobre todo para los ciudadanos de esa región del noroeste de Somalia. El Israel de Netanyahu muestra de nuevo una versión oportunista de las relaciones internacionales, dando pasos sin tener en cuenta sus consecuencias externas y solo las ventajas internas que puede extraer de ellas.

Es también un mal ejemplo para África después de la experiencia trágica de Sudán del Sur: lejos de traer una mejora en la gobernanza y la prosperidad del territorio, por ahora deja tras de sí un reguero de cientos de miles de muertos y millones de desplazados.

Somalilandia no posee instituciones fuertes; lo que existe es una voluntad de resolver los conflictos de manera pacífica que dura desde principios de la década de los noventa del siglo pasado. Entonces, los clanes principales de una gran parte del territorio se conjuraron para evitar caer en el caos del centro y sur de Somalia. Además, el último presidente de Somalia antes del desmembramiento del país, Siad Barre, bombardeó Hargeisa, la capital de Somalilandia, y sembró un sentimiento de afrenta que unió las discusiones.

Treinta y cinco años después, los equilibrios entre partidos políticos y clanes siguen siendo frágiles, el respeto a la división de poderes está siempre sujeto a tensiones, las disputas entre comunidades pueden con facilidad generar violencia, la libertad de expresión no ha dejado de estar amenazada, y los cuerpos de seguridad están mal equipados y entrenados, y guardan una lealtad partidista más que a la ley. Una muestra de todo ello es que las elecciones parlamentarias se organizaron en mayo de 2021 con diez años de retraso y las presidenciales tampoco respetaron el calendario, mayormente porque el presidente anterior no quiso organizarlas a tiempo.

Otro factor importante es la delimitación del territorio. Somalilandia no tiene unas fronteras definidas con Puntlandia, el Estado vecino somalí. Como ocurre con frecuencia en Somalia, ese debate no es binario, sino que comunidades de ambos bandos se conceden el derecho de alinearse con uno o con otro, e incluso individualizarse de ambos.

En definitiva, el verdadero debate no es independencia sí o no, sino qué tipo de modelo constitucional podría crear puntos de unión entre las poblaciones de Somalia, y por ende Somalilandia, sin menoscabar el reconocimiento al trabajo bien hecho de Somalilandia en las últimas décadas. Para ello, existen ejemplos en África y otras partes del mundo de federaciones y confederaciones que responden a ello.

En las últimas negociaciones bilaterales, que tuvieron lugar hace más de 13 años en Djibouti, se sentaron las bases para lo que podría interpretarse como una confederación de Somalilandia en el Estado somalí: instituciones nacionales tendrían su sede en Hargeisa (por ejemplo, el control del tráfico aéreo), y esta tendría competencias exclusivas en ámbitos considerados de soberanía, excepto las relaciones internacionales.

Nada de eso llegó a realizarse por dos razones principales: la lenta recuperación del control y el ejercicio del gobierno por parte de las instituciones centrales de Mogadiscio, y la desconfianza entre las partes. Avanzar en ambos a la vez resulta fundamental para atisbar un acuerdo convincente: sin un Gobierno estable en Mogadiscio y un sistema constitucional aceptado por la mayoría, Somalilandia no dará credibilidad a las negociaciones.

Manifestaciones nacionalistas contrarias han seguido a la decisión israelí en Hargeisa y Mogadiscio. Mientras tanto, los artículos y las opiniones en los medios internacionales prefieren concentrarse en la geopolítica de influencias y las estrategias entre los actores internacionales por controlar puertos, dominar estrechos, etc. Muy pocos análisis muestran una sensibilidad hacia las consecuencias nefastas desde el punto de vista humanitario que un paso en falso produciría en esta parte del mundo.

Tras haber vivido en la década de los noventa en un campo de desplazados en Somalilandia y haber mediado con los partidos políticos en Hargeisa en 2021 para la organización de las retrasadas elecciones parlamentarias, mi conclusión es clara: un reconocimiento por parte de la comunidad internacional del nuevo estado desencadenaría una guerra civil en Somalilandia.

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