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Gerry Adams niega con firmeza la acusación de pertenencia al IRA

El exlíder del Sinn Féin es juzgado en la jurisdicción civil británica, donde la probabilidad de condena es más alta que en la penal

Gerry Adams, a su llegada al tribunal de Londres este martes Aaron Chown (AP)

Ha tenido que ser el día de San Patricio, la fiesta más importante para los irlandeses, cuando el exlíder del partido republicano Sinn Féin, Gerry Adams, considerado durante años el brazo político de la organización terrorista IRA, ha subido finalmente al estrado para prestar declaración ante un tribunal británico. A sus 77 años, el hombre que negoció con los gobiernos de Londres y Dublín el final de la violencia sectaria en Irlanda del Norte, vestía en su solapa un pin con la bandera palestina y un ramillete de tréboles, el símbolo nacional de la isla. Primero ha deseado al juez un buen día de San Patricio. A continuación, ha negado tajantemente que alguna vez fuera miembro de la dirección del IRA.

Adams se enfrenta una vez más a esta acusación, y de nuevo ha tenido que comparecer ante la justicia inglesa, para esquivar el objetivo que víctimas, rivales políticos pero también antiguos camaradas persiguen durante años: demostrar que, bajo su apariencia de político de paz y compromiso, hay un historial sanguinario, capaz de dar las órdenes para llevar a cabo los atentados más crueles del IRA.

Tres víctimas de los atentados de la banda en territorio británico han sumado fuerzas para intentar amarrar la acusación contra Adams. John Clark sufrió una de las dos bombas que la organización plantó en el corazón de Londres por primera vez en su historia, en el viejo edificio de tribunales de Old Bailey. Era 1973. Hubo entre 180 y 220 heridos, y un muerto por ataque al corazón. Jonathan Ganesh padeció en sus carnes los efectos de 3.000 kilos de explosivos en los Docklands de la capital británica, la zona industrial a orillas del río Támesis, en 1996. Dos muertos y 40 heridos. Barry Laycock fue víctima del atentado contra el centro comercial de Arndale, en Mánchester, con otros 200 heridos. A pesar de que el IRA advirtió con antelación de cada uno de estos ataques, sus consecuencias fueron devastadoras.

Los tres sostienen, a través de su equipo de abogados, que Adams pertenecía al Consejo del Ejército del IRA provisional, el más alto mando de la organización. Reclaman una indemnización simbólica de una libra esterlina. No buscan tanto una compensación económica como un resarcimiento histórico que muchos, como ellos, han perseguido en vano durante años.

“Nunca he tenido implicación alguna en la autorización, la planificación o la perpetración de los atentados con bomba en los que los demandantes fueron tristemente heridos”, ha afirmado Adams en una declaración escrita previa presentada ante la sala que lo juzga.

El abogado Max Hill, antiguo fiscal y en este juicio representante de las víctimas, se ha esforzado por acorralar a un Adams pausado y seguro de sus respuestas, que incluso ha echado mano de la ironía. “Su objetivo durante todo este tiempo fue defender las acciones del IRA, ¿es esto correcto?”, le preguntaba. “Yo no defiendo todas las acciones del IRA, pero mi posición está basada en el principio general de que todo pueblo tiene derecho a resistir una ocupación extranjera”, respondía el exlíder del Sinn Féin.

Hill ha enfrentado al expolítico con la foto que, según muchos de los testimonios aportados en el juicio, demostraría su pertenencia a la organización terrorista. Es la única prueba indirecta que apuntaría a ese vínculo, una vieja instantánea en blanco y negro de 1971 en la que un joven Adams, con boina militar calada, es uno de los que carga el féretro durante el funeral del legendario jefe de la organización terrorista Michael Kane, en Belfast.

A esa foto, y a los testimonios de exmiembros de la banda, policías secretos y otros testigos de la época, se aferra la acusación para intentar que, por una vez, la justicia señale a Adams.

“Era parte de la guardia de honor, algo que me honró”, ha justificado Adams su presencia en la foto. “También formé parte de la comitiva de honor en el funeral del expresidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, y nadie ha sugerido que yo perteneciera al Congreso Nacional Africano”, ha respondido al abogado con una mezcla de sorna y desafío.

No es la primera vez que Adams comparece ante un tribunal británico acusado de pertenecer al IRA, pero hasta ahora ha salido indemne de todos los intentos.

Adams fue arrestado en 2014 durante cuatro días, y liberado después sin cargo alguno, por el presunto asesinato de Jean McConville, una madre de 10 hijos acusada por el IRA de pasar información al ejército británico y asesinada en 1972. Fue una de los nueve desaparecidos de aquella época. Su historia está retratada en el libro Say Nothing (No Digas Nada) del periodista Patrick Radden Keefe, con múltiples premios y millones de ejemplares vendidos. Los hijos de McConville siempre acusaron a Adams de ser quien ordenó el asesinato de la mujer, enterrada luego en una playa de la República de Irlanda, al otro lado de la frontera.

El exlíder del Sinn Féin también venció en los tribunales a la BBC, que había señalado su supuesta pertenencia al IRA a través de los testimonios de un documental.

El juicio actual, sin embargo, encierra cierto peligro para Adams. No es un proceso penal, en el que la culpabilidad debe demostrarse más allá de toda duda razonable. Es una demanda civil en la que las víctimas piden una indemnización compensatoria simbólica de una libra esterlina. En esta jurisdicción, el juez solo necesita hacer una comparativa de probabilidades y decidir, con las pruebas y testimonios presentados, qué es lo que más se acerca a la realidad. Décadas después de aquella época de violencia sectaria, se acumulan los indicios que sugieren que Adams no fue un espectador político pasivo de todo aquello.

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