Tony Blair se pone del lado de Trump y carga contra el primer ministro del Reino Unido por no ayudar en el ataque contra Irán
El presidente estadounidense acusa a Starmer de “sumarse a guerras” que él ya considera ganadas


El ex primer ministro británico, Tony Blair, hace ya años que va por libre, y cuando decide intervenir en política o en las cuestiones internas del Gobierno o del Partido Laborista, consigue irritar una vuelta de tuerca más a sus antiguos compañeros de filas. El mismo fin de semana en que Donald Trump volvía a despreciar la ayuda “defensiva” ofrecida por Keir Starmer en el polvorín de Oriente Próximo —“No necesitamos a los que se suman a guerras que ya hemos ganado”, ha escrito en la red social Truth—, Blair se ponía del lado del estadounidense y criticaba la estrategia de Downing Street.
“Si se trata de tu aliado, y supone la piedra de toque de tu seguridad, lo mejor que puedes hacer cuando te pide ayuda es dársela”, ha dicho el veterano político laborista, que ha criticado la decisión inicial de Starmer, luego corregida, de no permitir a los estadounidenses que usaran sus bases para lanzar los ataques contra Irán.
Blair hizo sus comentarios en un evento organizado por el medio digital británico Jewish News, cuya línea editorial ofrece un claro respaldo al Gobierno de Israel. Aunque un portavoz del ex primer ministro ha asegurado que se trataba de comentarios privados, sin ninguna intención de que salieran a la luz pública —los adelantó en exclusiva el Mail on Sunday—, resulta ingenuo pensar que en un acto de esas características no fueran a filtrarse acusaciones con esa carga de profundidad.
“Una alianza no se pone a prueba cuando las cosas son fáciles, sino cuando endurecen. Nos pidieron nuestras bases para repostar; no era como Vietnam, no era como Irak, cuando enviamos miles de soldados. Debes poder defender este argumento ante la opinión pública, y explicar a la ciudadanía que nuestra relación con Estados Unidos es muy importante, sea cual sea su presidente”, afirmó.
Blair, que todavía arrastra la losa de su apoyo incondicional a George W. Bush en una guerra contra Irak rechazada por la comunidad internacional, se ha convertido ahora en unos de los más firmes colaboradores de Trump en su controvertida Junta de Paz, destinada a reconstruir Gaza. El propio Gobierno británico se negó a participar en un proyecto de dudosa eficacia y legalidad, mientras el ex primer ministro se lanzaba de lleno en el proyecto.
“No digo nada que no haya dicho ya personalmente al Gobierno”, defendió Blair sus críticas, según los testigos del evento.
“Unas guerras ya ganadas”
Las críticas de Blair surgen al mismo tiempo que Trump redobla su desprecio hacia Starmer, de quien hace bien poco se deshacía en halagos y definía como un “gran tipo”. A pesar de la pronta rectificación del Gobierno británico, que 48 horas después de una negativa inicial accedió a permitir que Estados Unidos usara sus bases para lanzar ataques “defensivos” contra los depósitos iraníes de misiles, el presidente no ha dejado de cargar contra su aliado británico.
“El Reino Unido, que fue nuestro Gran Aliado [las mayúsculas son de Trump], se plantea ahora seriamente mandar un par de portaviones a Oriente Próximo. Tranquilo, primer ministro Starmer, ya no los necesitamos. Pero nos acordaremos [de la respuesta británica]. ¡No necesitamos a nadie que se une a guerras cuando ya están ganadas!“, ha escrito Trump en su red social Truth.
El Reino Unido ha anunciado que han comenzado los preparativos para enviar dos de sus buques a la zona del conflicto. Se ha comunicado a la tripulación de HMS Prince of Wales, atracado en el puerto de Portsmouth, que debe estar lista para zarpar en cinco días. Y el destructor HMS Dragon debe zarpar la próxima semana hacia Chipre.
Este viernes pudo verse cómo un bombardero estadounidense B-1 aterrizaba en la base británica de Fairford. Washington utiliza ya sin problemas las instalaciones del Reino Unido.
Pero la complicidad entre Trump y Starmer, que este último presentaba como uno des sus grandes logros estratégicos y diplomáticos, se ha quebrado con este conflicto. El primer ministro ha definido de ilegal y mal planeada la ofensiva contra Irán, ha puesto en duda que se pueda “cambiar un régimen desde el aire” y, en una pieza para el Sunday Mirror ha señalado que “en momentos como este, el país necesita seriedad, y no juegos políticos”.
Esta última crítica parecía más bien dirigida a la oposición conservadora, que acusa a Starmer de deslealtad con Washington, que al propio Trump, pero ha servido también para alimentar el enfrentamiento.
El presidente estadounidense ha querido ridiculizar a Starmer, al decir que “no es precisamente Churchill”. El primer ministro, poco dado a entrar directamente ante una provocación, insiste estos días en que la “relación especial” entre los dos países sigue vigente. “Seguimos compartiendo información de inteligencia 24 horas al día, del modo habitual”, defendía esta semana.
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