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Ataque a Irán
Tribuna

Europa y la silla vacía: los equilibrios imposibles de la UE ante el ataque a Irán

Los europeos han armado su respuesta a la invasión rusa de Ucrania sobre el principio de que la soberanía es inviolable, el uso unilateral de la fuerza es inadmisible, el orden basado en reglas no se negocia. Ahora muestran su incoherencia

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, fotografiada en enero en una rueda de prensa en Bruselas, Bélgica. CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

EE UU bombardea Irán sin mandato de la ONU, sin amenaza inminente y con el objetivo declarado de derrocar un régimen, dos días después de dinamitar una negociación que estaba en marcha. La silla de Europa en esta historia no está en el bando equivocado: está vacía. Hagamos memoria. Trump hizo posible esta guerra cuando en 2018 dinamitó el acuerdo nuclear que Obama había negociado con Irán, el único marco que sometía el programa atómico iraní a un control estricto. Sin ese acuerdo, la línea dura se fortaleció, el régimen se aisló, la represión se intensificó e Irán quedó militarmente debilitado tras tres rondas de confrontación con Israel. Con este bombardeo, Trump no resuelve una amenaza: culmina la que él mismo creó.

La respuesta de Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, a todo ello es pura espuma institucional. La presidenta pide “a todas las partes máxima contención, protección de los civiles y pleno respeto del derecho internacional”. Esa es la reacción al asesinato deliberado de un jefe de Estado, a 1.200 bombas lanzadas en 24 horas y a la destrucción de una negociación diplomática activa. Es la misma frase que emplea para cualquier crisis, en cualquier lugar, ante cualquier agresor. No nombra, no señala, no distingue entre quien bombardea sin mandato de la ONU y quien recibe las bombas. Es lenguaje diseñado para no decir nada. Lo más grotesco es el desfase entre la magnitud del hecho y la naturaleza de la reacción. Apresuradamente, Europa convoca reuniones: embajadores a las 14:00, ministros a las 17:00, el lunes el “Security College”. La respuesta es… un calendario.

Esta irrelevancia no es un accidente: es el resultado de decisiones concretas y ahora funciona como coartada. Pero la irrelevancia no te exime de responsabilidad cuando tú has elegido ser irrelevante. Cuando Trump abandonó el acuerdo nuclear en 2018, Europa prometió sostenerlo. Creó INSTEX, un mecanismo para sortear las sanciones que no funcionó. No desarrolló ninguna estrategia propia hacia Irán; no ejerció influencia alguna sobre lo que evidentemente se estaba gestando. Y ahora, cuando las bombas ya caen, la posición europea no es que no exista: muta por horas. El sábado, Francia, Alemania y el Reino Unido declararon que no habían participado en los ataques. El domingo, en un comunicado conjunto, se declaran dispuestos a “destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones.” En 24 horas han pasado de espectadores a cobeligerantes. Sin debate parlamentario, sin mandato: por puro arrastre. Mientras tanto, Sánchez rechaza la acción militar unilateral de EEUU; Irlanda pide diálogo; Polonia, según sus propios funcionarios, tenía conocimiento previo de los ataques. El dato es demoledor porque la fractura no es solo de posición, es de información: unos sabían lo que iba a ocurrir y otros se enteraron cuando cayeron las bombas. Esto no es política exterior: es sonambulismo estratégico rumbo a una guerra. Ya no es solo que Europa no tenga posición: es que su posición se la dictan los acontecimientos y la va adoptando a trompicones, cada vez más alineada con Washington, sin haberlo decidido nunca explícitamente.

Lo grave no es la lentitud ni la tibieza, sino la incoherencia. Desde 2022, Europa ha construido todo su discurso sobre un principio: la soberanía es inviolable, el uso unilateral de la fuerza es inadmisible, el orden basado en reglas no se negocia. Sobre esa base ha armado su respuesta a la invasión rusa de Ucrania. Pero esos principios o son universales o no son principios. Cuando tu aliado bombardea un país soberano sin mandato de la ONU, sin amenaza inminente, con el objetivo declarado de derrocar un régimen, y tu respuesta es pedir “contención a todas las partes”, estás practicando exactamente la equidistancia que le reprochas a quienes no condenan a Rusia.

Lindsey Graham, senador republicano y aliado de Trump, acusó a Europa de haberse vuelto “patéticamente blanda” y de solo reaccionar cuando la amenaza está “en su porche”. Tiene razón por las razones equivocadas, pero el diagnóstico es certero: lo que Europa llama prudencia es provincianismo estratégico. Tiene un coste moral y, llegado el momento, de seguridad, que aún no ha empezado a calcular.

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