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Trump vuelve a meter a EE UU en una guerra sin buscar la autorización del Congreso o el apoyo de la opinión pública

El Capitolio se disponía a votar la semana que viene una resolución para impedir al presidente atacar unilateralmente a Irán

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Trump, tras atacar Irán: "Garantizaremos que no consiga un arma nuclear"
Trump, durante su discurso grabado a la nación, en la madrugada de este sábado. Foto: Donald Trump via Truth Social (via REUTERS)

Washington dormía cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ataque conjunto con Israel contra Irán −con el objetivo de forzar un “cambio de régimen”− y metió de nuevo al país en una guerra para la que no obtuvo, ni siquiera buscó, el permiso del Congreso. O la simpatía de la opinión pública.

Tampoco lo hizo el pasado mes de junio, cuando el ejército bombardeó tres instalaciones de enriquecimiento y almacenamiento de uranio del programa nuclear iraní. Ni cuando el 3 de enero Estados Unidos capturó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, en Caracas.

En la campaña electoral que lo devolvió a la Casa Blanca, Trump insistió en que con él se acabarían las aventuras bélicas en el extranjero. Trece meses después del comienzo de su segundo mandato, parece claro que, o bien el candidato mentía, o bien el presidente ha decidido traicionar esa promesa de nuevo, pocas semanas después de alumbrar algo llamado Junta de la Paz que nació con el concurso de 27 países y el objetivo teórico de resolver conflictos, justo a tiempo para inaugurar un nuevo tiempo de guerra.

La noticia del último ataque contra Irán ha pillado en la cama a la mayoría de congresistas y senadores. Los medios estadounidenses han publicado, con todo, que el secretario de Estado sí llamó al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y a otros líderes de ambos partidos en el Capitolio para informarles de la inminencia de la ofensiva.

El representante Thomas Massie, republicano díscolo de Kentucky, fue uno de los primeros en reaccionar. Criticó inmediatamente, a eso de las 2.00 (hora local, seis más en la España peninsular) la operación militar, bautizada como Furia Épica. Massie pertenece a un grupo de legisladores que pretendía forzar una votación en la Cámara de Representantes la semana próxima para prohibir a Trump lanzar ataques sin consultar al Congreso.

El senador demócrata Tim Kaine (Virginia) introdujo una legislación similar en el Senado, a cuyos miembros instó este sábado a “reunirse inmediatamente” para votar esa propuesta y “bloquear el uso del ejército de Estados Unidos contra Irán”. “Es necesario que todos los senadores se retraten sobre esta peligrosa, innecesaria y estúpida ofensiva”, añadió. Su compañero de bancada en la Cámara Alta, Rubén Gallego, veterano de Irak, estuvo de acuerdo con Kaine, y afirmó en X que es posible “apoyar el movimiento prodemocracia y al pueblo iraní sin enviar a nuestras tropas a morir”.

A la cabeza de los políticos favorables a la decisión de atacar se colocó el congresista Lindsey Graham, uno de los hombres del presidente en el Capitolio. “Que Dios [lo] bendiga por planificar y ejecutar la Operación Furia Épica, con la que hará que Estados Unidos sea más seguro y, con el tiempo, más próspero”, escribió el Graham en X. “Es una operación bien planificada. Será violenta, extensa y, creo que, a la postre, exitosa. La caída del régimen de los ayatolás, que tiene las manos manchadas de sangre estadounidense, es necesaria y está más que justificada”.

Oportunidad desaprovechada

Trump, cuyo servicio de prensa ha advertido que no tiene previsto hablar más este sábado, que está pasando en su residencia privada de Mar-a-Lago, en Florida, desaprovechó el martes la oportunidad de convencer al Capitolio de su nueva aventura bélica durante su discurso sobre el estado de la Unión. Pudo detallar sus razones a una audiencia reunida en la Cámara de Representantes y formada por miembros también del Senado, pero no lo hizo. El presidente de Estados Unidos habló durante 147 minutos en un espectáculo de alcance global. Batió el récord del más largo de la historia, aunque dedicó solo tres de ellos a Irán. No importó que el ejército hubiera acumulado ya el mayor número de tropas en la región, un polvorín siempre a punto de estallar, desde la invasión de Irak en 2003.

“Es alarmante, teniendo en cuenta que Estados Unidos parece estar al borde de una guerra”, escribió el famoso analista internacional Fareed Zakaria este viernes en The Washington Post sobre la renuncia de Trump a dar explicaciones. Su análisis también lamentaba que no estuviera claro el “objetivo” de la operación militar.

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Israel difunde imágenes del ataque
Humo de una explosión en Teherán, tras el ataque de Estados Unidos de este sábado. Foto: WANA (via REUTERS)

Cuando este sábado Trump difundió a las 2:00 en su red social, Truth, un vídeo pregrabado de ocho minutos en el que, tocado por una gorra blanca con las iniciales “USA” en azul, las intenciones de Washington quedaron más evidentes. Por un lado: “Defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes del régimen iraní”. Por el otro, y sobre todo: derrocar a los ayatolás, en el poder desde 1979.

“Su libertad está en sus manos”, dijo Trump a los iraníes, a los que pidió que buscaran “refugio” ante la lluvia de bombas. “Cuando hayamos acabado, depongan a su Gobierno. El poder es de ustedes. Probablemente sea su única oportunidad en varias generaciones”, añadió sobre lo que vendrá cuando Washington dé por terminada una ofensiva que promete más larga e intensa que la del pasado junio.

Otra cosa son las justificaciones al ataque, que supone una violación del derecho internacional. El 13 de enero, Trump escribió en Truth: “Patriotas iraníes, ¡sigan protestando! ¡Tomen sus instituciones! ¡La ayuda está en camino! ¡¡¡MIGA [siglas en inglés de “Hagamos de nuevo grande a Irán”]!!!”. A finales de mes, cuando ya era demasiado tarde para socorrer a las decenas de miles de manifestantes asesinados por el régimen en las protestas, el presidente de Estados Unidos cambió su discurso: “Esperemos que Irán se siente pronto a la mesa y negocie un acuerdo justo y equitativo. SIN ARMAS NUCLEARES… el tiempo se acaba”, dijo el 28 de enero en su red social.

Ese tiempo, en efecto, terminó este sábado, dos días después de que negociadores de Washington y Teherán se reunieran en Ginebra en unas conversaciones que, en teoría, seguían en marcha.

El presidente de Estados Unidos aireó a posteriori, en su discurso grabado, otras (viejas) cuentas pendientes. “Durante 47 años, el régimen iraní ha coreado ‘¡Muerte a Estados Unidos!’ y ha librado una campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa, dirigida contra Estados Unidos, nuestras tropas y la población inocente de muchísimos países", dijo Trump. “Una de las primeras acciones del régimen fue respaldar la toma violenta de la embajada estadounidense en Teherán, donde mantuvo a decenas de rehenes estadounidenses durante 444 días. En 1983, agentes de Irán perpetraron el atentado contra los cuarteles de la marina en Beirut, que mató a 241 militares estadounidenses”.

También se acordó del ataque al portaaviones USS Cole, en Yemen en 2000, y acusó a “las fuerzas iraníes” de “matar y mutilar a cientos de militares estadounidenses en Irak”. “En los últimos años, los agentes del régimen han continuado lanzando innumerables ataques contra las fuerzas estadounidenses estacionadas en Oriente Próximo, así como contra buques navales y comerciales estadounidenses y líneas navieras internacionales. Ha sido un acto de terrorismo masivo, y no vamos a tolerarlo más”, remató.

Un paralelismo ha hecho fortuna en Washington estos días: la comparación con el modo en el que Estados Unidos ha caminado “sonámbulo”, escribió Max Boot en el Post, hacia el desenlace de este sábado frente al recuerdo de los meses de discusión, interna y en la escena internacional, que precedieron a la invasión de Irak de 2003. Entonces, George Bush hijo recurrió a las mentiras de las armas de destrucción masiva para justificar una aventura que resultó desastrosa para el país, para la región y para Estados Unidos.

Esta vez, Trump, aparentemente convencido de que será capaz de entrar en guerra con Irán sin desestabilizar Oriente Próximo y, a todas luces, encantado con la idea de pasar a la historia como el primer presidente con las agallas de meterle mano a un viejo enemigo, ni siquiera se ha esforzado en mentir para vender su causa al Congreso de Estados Unidos. Tampoco a la opinión pública.

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