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Europa se convierte en el único baluarte de Ucrania en la guerra que decidirá el futuro del continente

La invasión a gran escala lanzada por Putin, a punto de entrar en su quinto año, marca las relaciones entre la UE y Trump, mientras crecen los movimientos para incorporar a Kiev al bloque comunitario

Trabajadores de Emergencias, en un edificio de Kiev, tras un ataque ruso este domingo.Ethan Swope (Getty Images)

La guerra de Rusia contra Ucrania, el conflicto a gran escala que ha dinamitado la arquitectura de seguridad en Europa, está a punto de entrar en su quinto año. La invasión que Vladímir Putin justificó con el argumento de que quería “desnazificar” Ucrania y proteger a una población de rusoparlantes que habitaba en ciudades hoy demolidas por los bombardeos del Kremlin se ha prolongado ya durante 1.460 días. Este martes se cumplirán cuatro años. Ahora, tras el cambio de política de EE UU y su abandono al país invadido, los aliados europeos de Kiev se han convertido en su único gran escudo y baluarte contra el Kremlin, en un conflicto en el que toda Europa se juega su futuro geográfico, político y económico. Y no solo frente a Rusia, sino también hacia las presiones y exigencias del Estados Unidos de Donald Trump.

El viejo continente, que reclama un sitio en las negociaciones de paz de las que Trump lo ha dejado fuera, vive momentos decisivos. Cuánto se prologue la invasión a gran escala, cómo se resuelva el conflicto y qué papel tengan los europeos en la posguerra serán elementos que marcarán a la Unión Europea, un bloque que tiene en su futuro próximo la perspectiva de incorporar a Ucrania como estado miembro.

Esa membresía empieza a dibujarse ya para hacerse previsiblemente efectiva, de manera progresiva, nada más termine la guerra, y daría a la ciudadanía ucrania un acicate y cierta garantía de seguridad, según señalan varias fuentes de Bruselas. Todo mientras el club comunitario debate a la vez cuáles serán las relaciones (y los negocios) con la imperialista y voraz Rusia.

“Europa ya es el principal apoyo de Ucrania. Rusia sigue apostando a que Europa se cansará o le dará la espalda, pero durante cuatro años hemos hecho lo contrario”, remarca a EL PAÍS la alta representante para política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas. “Nuestro apoyo ha aumentado cada año. Europa ha aplicado extensas sanciones, ayuda militar y apoyo financiero a una escala sin precedentes”, insiste por correo electrónico.

La mayor guerra terrestre en el continente desde la II Guerra Mundial ha devastado ciudades ucranias, ha segado cientos de miles de vidas y ha convertido en refugiados o desplazados a más de diez millones de personas. También ha causado un terremoto descomunal en Europa y redibujado su política de seguridad, defensa y energía.

“Europa no tiene otra opción que sostener a Ucrania”, asevera Orysia Lutsevych, analista del centro de pensamiento Chatham House. “Para Ucrania, luchar o no luchar no es una opción, porque se trata de una guerra existencial. Pero también es una amenaza existencial para Europa. Y por eso ha habido ese gran cambio del paradigma”, dice la reconocida experta.

Tras la invasión a gran escala, Europa ha dado pasos oceánicos. El primero y hasta entones tabú: el envío de apoyo financiero a Ucrania para comprar armas. Además, la guerra ha llevado a un cambio de paradigma en la manera de ver la política de defensa. Hoy, Europa se rearma. Los países de la UE han pasado de invertir 214.000 millones de euros en defensa en 2021 a 326.000 millones en 2024. Han puesto en marcha iniciativas de defensa significativas y aprobado una cláusula de escape con la que el Ejecutivo comunitario aspira a movilizar hasta 800.000 millones de euros para material de defensa.

Para Europa, dice Lutsevych, no se trata solo de apoyar a Kiev sino también de dar un paso adelante por su propia seguridad. Tras el cese del apoyo estadounidense, que se ha desplomado un 99%, el soporte económico y humanitario de los aliados europeos para Ucrania ha crecido un 59%; el militar, un 67%, según datos del Instituto Kiel para la Economía Mundial, que rastrea el sostén que recibe el país invadido por Rusia.

La Unión Europea, que ha desembolsado unos 194.000 millones de euros para Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala, tiene pendiente dar luz verde definitiva a un histórico préstamo de 90.000 millones de euros que actuaría de salvavidas financiero para Kiev en un momento especialmente duro, con el invierno más severo que se recuerda debido a los ataques del Kremlin a su infraestructura energética, y en plenas negociaciones para poner fin al conflicto; y en medio de las presiones de Trump para que firme la cesión de territorios en el este, en el Donbás.

Ese dinero, que los líderes de los 27 Estados miembros aprobaron el pasado diciembre para salvar la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre otra medida —entregar a Ucrania miles de millones en activos rusos bloqueados en la UE por las sanciones al Kremlin— está ahora también bloqueado.

Chantaje de los alfiles de Putin

En diciembre, Hungría, Eslovaquia y República Checa —los tres países de la UE más próximos a Rusia— acordaron aceptar ese esquema de un préstamo cubierto con el presupuesto comunitario, siempre que no tuvieran que participar. Ahora, en el último momento y en pleno aniversario del inicio de la guerra a gran escala, el Gobierno húngaro del nacionalpopulista Viktor Orbán ha vetado el último paso.

Budapest y Bratislava también han bloqueado el paquete número 20 de sanciones al Kremlin, que incluye una “prohibición total” de los servicios marítimos para el petróleo ruso. Una restricción con la que la UE busca estrangular su economía. En otra maniobra de un chantaje que se ha vuelto ya tradicional para los ultras Orbán y Robert Fico, el líder eslovaco, ambos Gobiernos aseguran que no apoyarán esas restricciones a no ser que Kiev reinicie los flujos de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba (amistad), de los que Hungría y Eslovaquia aún dependen, y que se cortaron en enero, después de que Ucrania denunciase que un ataque ruso con drones golpeó el canal, en el este del país.

Pese a todo, la jefa de la diplomacia europea se muestra convencida de que la Unión logrará sacar adelante el salvavidas financiero para Kiev. “El préstamo de 90.000 millones de euros se entregará. El vigésimo paquete de sanciones llegará. La economía europea eclipsa a la de Rusia. Tenemos los medios y la determinación para seguir apoyando a Ucrania”, zanja.

La guerra de Rusia contra Ucrania está siendo también un examen sobre la capacidad colectiva de Europa de resistir a los ataques de la imperialista Rusia, que ha incrementado su guerra híbrida contra Occidente —con incursiones de drones, sabotajes, asesinatos y operaciones de influencia, injerencia y propaganda—, y al divorcio con Estados Unidos.

“Si Europa quiere ser un actor geopolítico grande, tiene que estar unida”, remarca Lutsevych. Pero el momento es particularmente delicado para una Unión Europea que lucha contra las amenazas expansionistas y comerciales de Trump y el empuje de China.

Garantías de seguridad

Los aliados europeos de Kiev ultiman ahora el diseño de un escudo para blindar a Ucrania tras el fin del conflicto. Un esquema que tratará de armar a Kiev y seguir apoyando su Ejército y que contempla también el envío de tropas al país, liberadas por Reino Unido y Francia. Una coraza en la que Europa trata de involucrar a Estados Unidos y que los europeos están tratando de usar como palanca para reclamar un sitio en la negociación que la Administración de Trump —que siempre ha sido mucho más cercana a Moscú que a Kiev— está gestionando. Una mesa de diálogo en la que se debate ahora la idea de formar una zona desmilitarizada que no esté controlada por ninguno de los ejércitos.

“La cuestión no es estar en la mesa, sino asegurar que se tengan en cuenta los intereses europeos”, defiende Kaja Kallas. “En este aspecto tenemos influencia: con nuestra ayuda financiera y militar, con nuestro peso económico y nuestra política de ampliación. Cualquier acuerdo solo prosperará si Ucrania y Europa lo aceptan. En lo que respecta a las conversaciones con Rusia, la verdadera pregunta no es quién habla con Moscú, sino de qué estamos hablando con ellos. Las conversaciones no deben centrarse en las concesiones ucranianas; deben centrarse en lo que Rusia debe hacer para que Europa esté segura. Ucrania no es el obstáculo para la paz, sino Rusia”, incide la jefa de la diplomacia europea.

Adhesión de Ucrania

La Unión Europea quiere aprovechar además el momentum para avanzar en el ingreso de Ucrania, una adhesión que cambiará geográfica, social, económica y políticamente el club comunitario para siempre. Y crece el movimiento que presiona para ponerle una fecha, la de 2027. Y que esa fecha esté en el acuerdo de paz. Sin embargo, hay una división entre los Estados miembros sobre esa adhesión, que debe cumplir unos criterios muy estrictos.

La Comisión Europea avanza ahora en un nuevo esquema de membresía gradual (se ha llegado a llamar “ampliación inversa”), por la que Ucrania —y el resto de países candidatos de los Balcanes— sería miembro de la UE pero no disfrutaría de todas las ventajas, que iría adquiriendo como si fueran créditos cuando fuera cumpliendo las condiciones de adhesión.

Costa y Kallas en Ucrania

“Queremos iniciar formalmente las negociaciones lo antes posible y avanzar en este proceso de ampliación”, declaró el pasado jueves en Oslo el presidente del Consejo Europeo, António Costa, que viajará a Ucrania el martes junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. “No puedo decir si será en 2027. Pero lo importante es que no podemos perder el impulso. No podemos perder el tiempo”, añadió.

Para Kallas, el ingreso de Ucrania en la UE es “la mejor garantía de seguridad” que el club comunitario puede ofrecer al país invadido por Rusia. “La ampliación siempre es una decisión geopolítica y el futuro de Ucrania reside en la UE”, dice.

“Se ha mencionado 2027 en el contexto de un posible acuerdo de paz, pero me abstendré de fijar una fecha límite para la adhesión. Lo importante es que el pueblo ucranio tenga una clara perspectiva de adhesión. Para ello, tanto Ucrania como la UE deben trabajar duro. Ucrania necesita impulsar las reformas, y su trayectoria demuestra que lo está haciendo”, remarca Kallas.

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