¿Sánchez va por delante o en dirección contraria?
El presidente cada vez se distancia más de la ola armamentista europea y busca liderar una alternativa al mundo de Trump


En la tribuna del foro de seguridad de Múnich, Pedro Sánchez parecía una rara avis. En medio de discursos cada vez más claros hacia una carrera armamentista, el presidente español clamó contra el “rearme nuclear” y dijo que lo que realmente hace falta es un “rearme moral” para frenar esta loca competición militar. Citó incluso a Ronald Reagan y Robert Kennedy para demostrar que hace ya muchos años que se entendió dónde lleva esa deriva: al fin de la humanidad. Sánchez lo dijo además en Múnich, el epicentro de esa carrera armamentística, donde se reúne toda la inteligencia y la industria militar europea.
Escuchando a otros líderes, que en su mayoría defendían un rearme aún mayor y una cobertura con armas nucleares de toda Europa, podría parecer que Sánchez va en dirección contraria. Pero él y su Gobierno creen que es al revés: sostienen que van por delante, como pasó con el reconocimiento de Palestina, para avisar de que por este camino el mundo se estrella. Y confían en que las cosas poco a poco vayan girando hacia su posición.
En cualquier caso, vaya o no en contra de la corriente principal en Europa y en el mundo, Sánchez está convencido de que está logrando representar mucho mejor que otros líderes un mundo alternativo al de Donald Trump, y con ello cree que se pone detrás a millones de personas en todo el mundo, no solo progresistas, que defienden otra forma de resolver los problemas.
No es solo una percepción. En Múnich, Sánchez se reunió con Gavin Newson, gobernador de California y uno de los principales opositores a Trump en EE UU. El líder demócrata, que gobierna un Estado con casi 40 millones de habitantes —sería el quinto país más poblado en la UE— le trasladó su entusiasmo por su perfil de presidente progresista, de los pocos que hay en el mundo, y le dijo que su mujer fue quién más le insistió en que lo conociera por su valentía en el enfrentamiento con Elon Musk y otros “tecnoligarcas”. Sánchez también agradeció el papel del californiano y regaló a Newson un ejemplar de El Quijote como luchador frente al gigante Trump y sus aliados de las grandes tecnológicas californianas.
El presidente español está buscando cada vez más claramente ese perfil de líder contracorriente, alternativo a Trump. Él cree que en algún momento, cuando la cosa gire, esta posición tendrá un gran valor. El Gobierno español confía en que un mal resultado del presidente de EE UU en las elecciones intermedias de noviembre podría cambiar muchas cosas no solo en ese país decisivo, sino en toda la política mundial, incluida la española. Es la esperanza a la que se aferra un Ejecutivo que sufre cada vez que se abren las urnas, como acaba de pasar en Extremadura y Aragón, y ve cómo la ola de derecha mundial también llega a España y se prepara para alcanzar La Moncloa en 2027.
Sánchez cree que este papel internacional suyo de gran referente del progresismo, que tiene más eco fuera de España que dentro, puede servir, llegado el momento, para movilizar a la izquierda española, cada vez más desanimada y reacia a votar. Por eso, y porque cree que es lo correcto, está absolutamente decidido a profundizarlo aun a riesgo de quedarse en minoría en Europa y en algunos foros internacionales. E incluso de generar algunas tensiones con otros socios, mucho más armamentistas.
El español ha elegido una vía arriesgada, con costes ―el enfrentamiento con EE UU o con Israel no sale gratis en un mundo occidental y especialmente militar donde ambos son claves― pero está seguro de estar donde quieren estar los progresistas de medio mundo e incluso algunos conservadores moderados asustados por una deriva armamentística impensable hace solo cinco años. El tiempo dirá qué efectos tiene esta apuesta no solo en el papel de España en el mundo, sino también en los resultados de las elecciones. Lo que parece claro es que la apuesta es definitiva. Con ella se ganará o se perderá la batalla política y las elecciones, pero no va a cambiar.
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