La OTAN intenta pasar página de la crisis de Groenlandia
España se muestra dispuesta a participar en la misión de vigilancia reforzada en el Ártico. Los aliados trabajan en una “OTAN 3.0” con mayor peso europeo


La OTAN tiene prisa por pasar página de uno de los momentos más tensos de la historia de la Alianza: la crisis de Groenlandia, en la que el principal socio de la organización transatlántica, Estados Unidos, amenazó la soberanía de otro aliado y planteó represalias comerciales a varios miembros más que salieron a respaldar a Dinamarca frente a las presiones de Donald Trump. En la primera cita aliada tras el pulso por la isla ártica, los ministros de Defensa de la OTAN han saludado unánimemente la creación de la misión de vigilancia reforzada en el Ártico, Arctic Sentry, con la que, esperan, se logre apaciguar al volátil presidente estadounidense.
Un día después del lanzamiento de la misión que busca contrarrestar la creciente amenaza rusa y china sobre una región que, con el deshielo provocado por el cambio climático, se está convirtiendo en un punto geoestratégico clave, varios países se han apresurado a prometer su apoyo al operativo ártico, entre ellos una España que saca pecho de su “compromiso militar” con todas las operaciones de la OTAN.
Mientras, los ministros de Defensa han comenzado a trabajar ya en el siguiente paso, el avanzar hacia lo que Washington llama una “OTAN 3.0” y los europeos una “OTAN más europea” —o menos dependiente—, donde los aliados a este lado del Atlántico tengan cada vez más responsabilidad al menos en la defensa convencional de Europa, visto que Estados Unidos está decidido a concentrarse en otros escenarios.
¿Se ha desactivado la crisis de Groenlandia? “Sí”, respondió, rotundo, el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, desde Bruselas. “Eso espero”, dijo, algo menos contundente, su homólogo belga, Theo Francken. Pero el ambiente de la primera cita aliada tras la crisis por Groenlandia, aseguraron tanto Francken como la española Margarita Robles, ha sido “muy positivo”, un momento, acotó la responsable española de Defensa, en el que, con la participación del nuevo ministro ucranio de Defensa, Mijailo Fédorov, “se ha puesto el foco en quién es el enemigo, que es Rusia”.
En una reunión posterior del grupo de contacto para la defensa de Ucrania, que, liderado por Berlín y Londres, reúne a medio centenar de países que apoyan a Kiev, los participantes han comprometido un total de 35.000 millones de dólares (29.000 millones de euros) en “nueva ayuda militar” para Ucrania, según anunció el secretario británico de Defensa, John Healey.
Pistorius ya adelantó que Alemania contribuirá a la misión en el Ártico con al menos cuatro aviones Eurofighter y aparatos para el repostaje aéreo. También Suecia precisó que pondrá a disposición de la misión un número aún no definido de cazas JAS39 Gripen. La mayoría de los aliados que han dado también un paso adelante, entre ellos Francia, Bélgica o Países Bajos, no han precisado aún sin embargo su aportación, a la espera, como explicó Robles, de que los responsables militares de la OTAN pidan a cada aliado.
La misión Arctic Sentry no solo busca apaciguar las ansias de Trump sobre Groenlandia. También constituye una forma de demostrarle al republicano que Europa se toma en serio su propia seguridad tras las fuertes presiones que ejerció Washington hasta lograr que los aliados se comprometieran, en su cumbre de La Haya el año pasado, a aumentar hasta el 5% de su PIB el gasto en defensa (3,5% en gasto militar puro y un 1,5% en infraestructura y otros gastos relacionados).
Porque por mucho que este jueves todo haya sido sonrisas y buenas palabras sobre los “avances” en materia de incremento de gasto que han realizado los países —la OTAN acaba de confirmar que España llegó el año pasado al 2% al que se había comprometido, como ha destacado Robles— el nerviosismo sobre el futuro papel de EE UU sigue ahí. Y no ha ayudado el hecho de que al encuentro de máximos responsables de Defensa de la Alianza no haya acudido el representante estadounidense, el secretario norteamericano de Guerra (antes Defensa), Pete Hegseth. En su nombre ha asistido a la cita en Bruselas su número dos e ideólogo de la estrategia de Trump, Elbridge Colby.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha intentado quitar hierro a la ausencia más destacada de la cita, insistiendo en que EE UU está “anclado” a la Alianza Atlántica. Pero muestra de que las dudas persisten, incluso en la otra orilla, es la carta abierta que los ocho últimos embajadores estadounidenses ante la OTAN, junto con otros tantos ex comandantes supremos de la Alianza (puesto siempre en manos de generales norteamericanos) publicaron en vísperas de la cita en Bruselas, advirtiendo al Gobierno de Trump de que “la OTAN no es un acto de generosidad estadounidense”, sino “un acuerdo estratégico que garantiza que Estados Unidos siga siendo la nación más poderosa y económicamente segura del mundo a una fracción del coste que supondría actuar en solitario”.
Tanto ante periodistas como una vez a puerta cerrada con los ministros, Colby ha subrayado la necesidad de que la Alianza se transforme en una “OTAN 3.0” (tras la fundacional de 1949 y la del periodo tras la Guerra Fría) que esté basada “en una asociación más que en una dependencia, y que realmente supone un retorno a lo que se pretendía originalmente con la OTAN”. Una “OTAN 3.0 que exige un esfuerzo mucho mayor por parte de nuestros aliados para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad principal de la defensa convencional de Europa”, ha insistido en su discurso a puerta cerrada.
“Hace cuatro meses, Hegseth dijo aquí que los europeos deben tener la capacidad de asumir su propia responsabilidad. Estamos empezando a hacerlo”, ha reivindicado al respecto la ministra de Defensa francesa, Catherine Vautrin. Tanto Francia como Alemania llevan tiempo insistiendo en la necesidad de pasar a una “OTAN más europea” en la que los aliados europeos asuman más responsabilidades, como una forma, ha dicho Pistorius, de asegurarse de que EE UU no se desmarca de la Alianza. “EEUU es miembro de la OTAN y lo seguirá siendo, pero para mantener la OTAN transatlántica, es necesario hacer la OTAN más europea, que asuma más responsabilidades”, ha afirmado el representante de Alemania, que ha duplicado su gasto en defensa. Algo celebrado por un Rutte que también se congratulaba del “auténtico cambio de mentalidad” constatado en la primera cita aliada del año. Un viraje, ha dicho, hacia “una visión común de una defensa europea mucho más fuerte dentro de la OTAN” que le permitirá a EEUU “ocuparse de otras cuestiones que le competen, como el Indo-Pacífico o el Hemisferio Occidental, sin dejar de mantener una fuerte presencia nuclear y convencional en Europa, lo que reforzará considerablemente toda esta línea”. Eso hace, para el holandés, que “hoy estemos mejor que hace solo uno o dos años”. Al menos, hasta el próximo susto de Washington.
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