El voto por la estabilidad refuerza al bloque conservador en Tailandia
El auge del nacionalismo tras el conflicto con Camboya y el cansancio político penalizan a los reformistas y dejan en segundo plano la agenda por el cambio


Tailandia ha votado por la continuidad y por un liderazgo fuerte. El país del sudeste asiático avanza este lunes en el escrutinio de unas elecciones generales que han reforzado al bloque conservador, dando al primer ministro, Anutin Charnvirakul, un respaldo electoral sólido para encarar la formación de una nueva coalición de gobierno. Con casi el 95% de los votos contabilizados, su partido, Bhumjaithai (Orgullo Tailandés), se sitúa muy por delante de sus rivales, con 193 de los 500 escaños del Parlamento, según los últimos datos publicados por la comisión electoral. El tanteo se interpreta como un aval a la estabilidad, después de años de turbulencias políticas y en un contexto de estancamiento económico.
La del Bhumjaithai es la victoria más clara de un partido conservador en décadas, y solo necesitaría el apoyo de 58 diputados para retener el poder. Anutin ha insistido en la necesidad de “un Gobierno fuerte” en una entrevista televisada este lunes, en la que dejó claro que su prioridad será consolidar la formación de un Ejecutivo con mayor margen de maniobra y endurecer su discurso en materia de seguridad.
El mensaje que se extrae de las urnas va en esa dirección: una parte mayoritaria del electorado ha optado por la continuidad conservadora, aun cuando persisten demandas de reforma institucional, que también se expresaron en el referéndum constitucional que se celebró en paralelo.
Cerca del 60% de los votantes respaldó iniciar el proceso para sustituir la Constitución vigente, aprobada por la junta militar que gobernó entre 2014 y 2019 y criticada por concentrar poder en órganos ajenos al voto ciudadano. La paradoja resume bien el momento político que atraviesa el país: se está a favor del orden, pero también de un cambio en las reglas del juego.
Tailandia ha llegado exhausta a esta cita electoral. Desde los comicios de mayo de 2023, ha encadenado un bloqueo institucional al partido ganador y tres primeros ministros, lo que ha generado una creciente sensación de parálisis. La participación, en torno al 65%, ha sido inferior a la de las elecciones anteriores.
La victoria del Bhumjaithai se explica, en buena medida, por la consolidación del voto conservador tras el auge del sentimiento nacionalista provocado por la reanudación del conflicto fronterizo con Camboya el año pasado. Anutin, que convocó elecciones anticipadas tras 96 días en el cargo, ha sabido capitalizar ese clima belicista mediante un endurecimiento de su discurso durante la campaña y presentándose como el garante del orden y la seguridad.
La disputa con Camboya, latente desde hace décadas por la delimitación de varios tramos de la frontera, volvió al primer plano en julio tras una sucesión de bombardeos que elevaron la tensión bilateral a niveles poco habituales y dejaron al menos 48 muertos a ambos lados. En diciembre, nuevos choques y acusaciones cruzadas reactivaron el conflicto, que fue mucho más sangriento, con un centenar de fallecidos y 700.000 desplazados.
El episodio ―una de las ocho guerras que el presidente estadounidense, Donald Trump, dice haber resuelto― ha tenido un fuerte impacto. Los sectores conservadores y el estamento militar tailandeses aprovecharon la crisis para reforzar un discurso de firmeza frente al país vecino, mientras que cualquier gesto apaciguador se presentó como una muestra de debilidad. La predecesora de Anutin, Paetongtarn Shinawatra, fue destituida por el Tribunal Constitucional el pasado verano por “violación ética”, después de que se filtrase una conversación telefónica con Hun Manet, presidente del Senado camboyano y figura clave del poder en la nación sudasiática, en la que Shinawatra se mostraba conciliadora y criticaba a un comandante tailandés.

Los combates de diciembre, que coincidieron con el anuncio de las elecciones, se convirtieron en un factor decisivo de la campaña, que desplazó el debate económico y penalizó a las fuerzas asociadas a la moderación. Anutin, que ha asegurado este lunes que cree que “los soldados tailandeses pueden ganar a cualquiera”, ha prometido construir un muro en la frontera, reforzar las capacidades del Ejército y mantener cerrados los pasos fronterizos.
Varios analistas coinciden en que la crisis con Camboya ha actuado como catalizador de una reordenación del voto: en un contexto de cansancio y temor a una nueva etapa de inestabilidad, el nacionalismo ha ofrecido una sensación de certidumbre. Ha activado, además, una cadena de reacciones que han alterado el terreno de juego de la política tailandesa.
El primer gran damnificado ha sido Pheu Thai (Por los Tailandeses), el partido populista fundado por Thaksin Shinawatra, antiguo hombre fuerte del país y padre de la premier destituida en agosto. La caída de Paetongtarn marcó un punto de inflexión para una formación que durante dos décadas dominó la política tailandesa y que ha conseguido un resultado decepcionante en los comicios: la tercera posición, con 74 escaños. La figura del multimillonario Thaksin, actualmente encarcelado por corrupción y abuso de poder, también ha pesado como un lastre que recuerda a los excesos del pasado. No obstante, se da por hecho que el partido aceptaría entrar en un Gobierno liderado por el Bhumjaithai, lo que permitiría a Anutin superar holgadamente el umbral necesario para gobernar.
Por su parte, el Partido del Pueblo, heredero del reformista Move Forward (Avanzar), y hasta ahora la formación con mayor representación parlamentaria, tampoco ha salido indemne del giro nacionalista. A pesar de su fortaleza en las ciudades y entre los votantes jóvenes, se ha quedado en segunda posición con 118 escaños. Avanzar fue el ganador de las últimas elecciones, pero no pudo gobernar por el veto del Senado (sobre el que las élites militares ejercen una enorme influencia) y fue disuelto un año después por orden del Tribunal Constitucional debido a su compromiso con reformar la ley que protege de toda crítica a la monarquía.
El líder del Partido del Pueblo, Natthaphong Ruegpanyawut, ha descartado ya sumarse a una coalición encabezada por Anutin y tampoco intentará articular una alternativa. Paradójicamente, fue el apoyo inicial de los reformistas lo que permitió a Anutin llegar al cargo en septiembre, con la condición de que convocara elecciones anticipadas, una apuesta que ha pasado factura al bloque progresista.
Un nuevo golpe ha llegado este lunes, cuando la Comisión Nacional Anticorrupción ha anunciado que 44 antiguos miembros de Avanzar vulneraron los estándares éticos en 2021 por intentar modificar en el Parlamento la ley de difamación real. Entre ellos, 10 son diputados electos del Partido del Pueblo, incluido Natthaphong y la número dos de la formación, Sirikanya Tansakun. El Tribunal Supremo, al que se remite ahora el caso, podría suspenderlos de sus funciones como legisladores durante el proceso e inhabilitarlos en caso de ser declarados culpables.
El nuevo Gobierno, que se espera asuma el cargo en abril, tendrá ante sí el reto de reactivar una economía anémica (fue del 2,2% en 2025), el consumo y la inversión en un entorno regional mucho más dinámico.
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