Trump, el presidente que quiere poner su nombre a todo
El republicano propuso desbloquear fondos para un túnel fundamental para Nueva York a cambio de imponer su apellido a una estación de tren y un aeropuerto


Bienvenidos a la estación de tren Trump, una buena alternativa de viaje al aeropuerto Trump. ¿Quieren ver un espectáculo? Los encuentran en el Centro Trump (y Kennedy) para las Artes. ¿Ponerse al día de la situación geopolítica? Claro que sí, en el Instituto Trump para la Paz. ¿Comprar alguna medicina para el dolor de cabeza de tanto leer por todas partes el nombre del presidente estadounidense? Localizables a buen precio en la página web recién lanzada TrumpRx.
No solo es el nombre de Donald Trump lo que es ubicuo. También su efigie. El presidente estadounidense quiere incluir su perfil en las monedas estadounidenses. Ya lo ha hecho en los pases anuales de acceso a los parques nacionales, donde la tradición es que se muestre un paisaje emblemático de alguno de ellos. Hasta la semana pasada, su retrato gigantesco ondeó durante meses en las paredes del Departamento de Trabajo.
Ahora, Trump ofreció retirar el bloqueo que impone a los fondos para construir un túnel fundamental para el transporte en Nueva York, ya aprobados en su día, a cambio de que el líder del grupo demócrata en el Senado, Chuck Schumer, diera su visto bueno a cambiar el nombre de la principal estación de tren de Nueva York, Penn Station —la de mayor tránsito de todo el país—, y del mayor aeropuerto de Washington, Dulles International, para ponerles el nombre del actual presidente. Así lo reveló el digital especializado en noticias del Congreso de Estados Unidos Punchbowl y lo han confirmado otros medios.
Trump presentó su oferta el mes pasado para desbloquear los 16.000 millones de dólares con que está dotado el proyecto Gateway. El proyecto, cuyas obras ya habían comenzado, construye un nuevo túnel para uso ferroviario y de vehículos bajo el río Hudson en Nueva York, que conectaría la ciudad con el vecino Estado de Nueva Jersey, para aliviar el tráfico y el mal estado en que se encuentran los existentes, centenarios y que aún arrastran las consecuencias de un temporal de nieve en 2012. Una vez se complete el nuevo túnel, repararía el antiguo.

Schumer se ha negado en redondo a la propuesta de Trump. Su argumento es que él no cuenta con las competencias para cambiar el nombre de los edificios. La estación Penn es propiedad de la compañía ferroviaria Amtrak. El aeropuerto Dulles International —cuyo nombre honra a John Foster Dulles, secretario de Estado del presidente Dwight Eisenhower y una figura clave en la Guerra Fría— sí es propiedad del Gobierno federal, y el Departamento de Transporte se propone renovarlo, pero decidir un cambio de denominación es competencia del Congreso. Algo que ocurre también en otros casos en los que la Administración republicana ha querido cambiar los nombres de instituciones federales: aunque la Casa Blanca prefiere llamarlo Departamento de Guerra, la denominación oficial del Pentágono sigue siendo la de siempre: Departamento de Defensa. Hasta que no haya un voto en el Capitolio que lo altere.
La Administración de Trump empezó a bloquear los fondos para el nuevo túnel en octubre. Los que ya se habían desembolsado con anterioridad iban a agotarse este viernes, por lo que la agencia responsable de la construcción tenía previsto paralizar los trabajos.
La interrupción de las obras puede generar un efecto dominó en el transporte de toda la pobladísima costa este de Estados Unidos. El túnel bajo el Hudson forma parte del sistema de transporte que recorre la costa desde Boston hasta Miami, pasando por Nueva York, Filadelfia, Washington y Atlanta. De ocurrir algún problema que interrumpiera el servicio ferroviario, generaría graves problemas con consecuencias en toda la economía nacional.
El nuevo túnel comenzó su construcción hace más de un año, durante el mandato de Joe Biden, y el gobierno federal tenía previsto hacerse cargo de 12.000 millones de dólares de su coste. Pero el Departamento de Transporte congeló el desembolso argumentando que primero debía revisar la asignación de esos fondos y cerciorarse de que ninguna parte de ellos se dedicara a sufragar programas de igualdad y de inclusión.

La comisión de Desarrollo del Proyecto Gateway, responsable de la construcción del túnel, ha demandado esta semana al Gobierno federal para que desbloquee la entrega de 205 millones de dólares pendientes. De no continuar las obras, podrían perderse un millar de puestos de trabajo.
“Las obras en el túnel Gateway están ahora paralizadas, y los fondos federales siguen congelados”, ha declarado este viernes la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, demócrata. “Hay miles de puestos de trabajo en juego. Miles de millones de dólares en beneficios económicos están en riesgo. Todo por una misión de venganza de Donald Trump”.
La gobernadora también ha considerado “ridículas” las aspiraciones del presidente a inmortalizar su nombre en proyectos públicos. “Los derechos de nombre no son algo que se puedan trapichear en unas negociaciones, y tampoco la dignidad de los neoyorquinos. El presidente sigue poniendo su propio narcisismo por encima de los puestos de trabajo dignos que este proyecto crea, y el extraordinario impacto económico que el túnel Gateway va a aportar”, ha sostenido.
El apego de Trump a imponer su nombre en todo tipo de proyectos le viene de lejos. Durante su etapa como promotor inmobiliario añadió sistemáticamente su nombre a sus construcciones, desde torres en Nueva York o Chicago a campos de golf repartidos por el mundo, desde Bedminster en Nueva Jersey a Aberdeen, en Escocia, o Dubai, en Emiratos Árabes Unidos.
Desde su regreso a la Casa Blanca, el republicano ha impuesto su apellido a todo tipo de proyectos federales. Una nueva clase de buques de guerra llevará su nombre. También un nuevo tipo de visados para extranjeros muy ricos, o cuentas de ahorro para menores nacidos en los próximos años. La pasada noche lanzaba desde la Casa Blanca con gran fanfarria una nueva página web, TrumpRx, para que los estadounidenses que lo deseen puedan buscar en ella medicamentos lo más baratos posibles.
En diciembre, la junta de administración del Centro John Kennedy para las Artes, que el presidente había llenado de sus aliados, votó a favor de cambiar el nombre para añadir también el del actual inquilino de la Casa Blanca. Ese mismo mes, el Instituto de Estados Unidos para la Paz también añadió el nombre de Trump a su denominación oficial, justo a tiempo para que el mandatario pudiera presumir de ello durante un acto de firma de un acuerdo para sofocar los combates en la frontera entre la República Democrática del Congo y Ruanda. Meses antes, la Administración se había hecho con el control de la sede de esa entidad, vinculada al Departamento de Estado, y había obligado a su cierre en la práctica.
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