Adam Tooze: “EE UU manifiesta una lógica de abusador en serie. Europa tiene que decir que no”
El historiador británico-estadounidense considera que el trumpismo tiene elementos fascistoides y anima a Europa a amenazar con represalias ante prácticas coercitivas de Washington


Adam Tooze (Londres, 58 años) es un historiador con una mirada especialmente valiosa sobre las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Dirige el Departamento de Estudios Europeos de la Universidad de Columbia, vivió en Inglaterra y Alemania antes de mudarse a EE UU y tiene ciudadanía estadounidense y británica.
En una entrevista concedida este miércoles en el Sanada Room del Centro de Congreso de Davos —un lugar en el que en un día como este pueden pasar figuras como la presidenta del BCE, Christine Lagarde, o el presidente de JP Morgan, Jamie Dimon; y donde toman café varias de las mentes más agudas el mundo— animó a Europa a “decir que no” frente a unos Estados Unidos que manifiestan “una lógica de abusador en serie”.
Pregunta. ¿Cree que Europa se equivocó al intentar apaciguar a la Administración Trump durante tantos meses?
Respuesta. Aquí mi gorra de historiador hace que intente entender lo que hicieron más que juzgarlo. Y creo que todo giraba en torno a Ucrania. La guerra no ha ido bien, los ucranios no se sostienen por sí solos. Esto coloca a Europa ante un dilema muy profundo. Europa sabe que puede ayudar económicamente, pero probablemente no dispone de la capacidad militar necesaria para apoyar a los ucranios del modo en que le gustaría hacerlo. Querían desesperadamente evitar una ruptura inmediata, así que simplemente hicieron lo que creían necesario. Hicieron concesiones y se humillaron para evitar que Estados Unidos hiciera saltar por los aires la OTAN.
P. ¿Y qué debería hacer Europa ahora?
R. Cualquier cosa que pudiera describirse como una rendición en Groenlandia ahora mismo sería una catástrofe para las políticas europeas. Eso está bastante claro. Creo que los estadounidenses han ido demasiado lejos. Tienen un acuerdo con Groenlandia y Dinamarca que les permite hacer prácticamente lo que quieran. Y parece que quieren la violación, el acoso. Y Europa en algún momento tiene que decir no: “No de esta manera, absolutamente no de esta manera. Y si usáis este tipo de técnicas, responderemos con técnicas coercitivas similares”.
P. ¿Cree que Estados Unidos tiene ventaja de escalada, que dispone de mayor capacidad de mantener el pulso? Si es así, ¿cuán peligroso es para Europa echar ese pulso?
R. Claramente, tiene ventaja de escalada, sí, porque podría hacerlo saltar todo por los aires. Pero la pregunta es: ¿creemos que los estadounidenses van a escalar? ¿Cómo de en serio van con esto? Creo que hay que fijarse en el mensaje que se recibe de un amplio espectro de estadounidenses. Ayer tuve el dudoso placer de moderar a Howard Lutnick (secretario de Comercio de EE UU) y Brian Moynihan, de Bank of America. Estos dos aparentemente serios caballeros estadounidenses de mediana edad fueron los primeros en explicarme la lógica del abusador en serie: “Dejad de protestar. Vamos a golpearos. No os va a gustar. Va a doler. Yo soy el martillo. Vais a chillar. Luego llegaremos a un acuerdo, y será el acuerdo que nosotros hayamos determinado, y lo aceptaréis, y entonces seguiremos adelante”. Y eso es lo que creo que va a pasar, y ese es el futuro. Esa es la realidad a la que Europa va a tener que adaptarse. Pero si eso es cierto, entonces los estadounidenses no quieren escalar. En realidad, solo quieren intimidar por intimidar.
P. Y como historiador, cuando observa la actuación de Trump, ¿cree que se trata de algún tipo de nueva encarnación del fascismo?
R. No encuentro útil una analogía directa. No obstante, a estas alturas ya hemos superado el momento en el que se puede negar que existen elementos fascistas o fascistoides en torno a la Administración Trump, y esto opera a distintos niveles. El fascismo histórico auténtico es un producto de la I Guerra Mundial y de la amenaza de una revolución global. No estamos en ese mundo. No estamos en la República de Weimar, ni en el Biennio Rosso en Italia, ni en la España de entonces. Tampoco existe una amenaza real de comunismo, aunque lo invoquen constantemente. Pero estamos claramente en un punto en el que existen elementos fascistoides en la sociedad y en la política estadounidense, que abrazan valores de tipo autoritario, escuadrista.
P. ¿Cuáles?
R. Los matones del ICE [el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas], las personas que gestionan la cuenta de Twitter del Departamento de Seguridad Nacional, están claramente en la extrema derecha. Luego está Stephen Miller [el ultraconservador consejero de política interna del presidente de EE UU] en el núcleo de la Administración, uno de varios elementos distintos en el cóctel Trump, no el único, pero sí uno importante. Encajaría perfectamente en un régimen franquista o salazarista. No sé si tiene madera para camisa negra o camisa parda, pero autoritario lo es, sin duda. Y luego está este asunto de Groenlandia y de quererla. Pero la pregunta es: ¿es fascismo en sí? ¿O es simplemente la mentalidad de un hombre al que le gusta agarrar a las mujeres por la vagina? Mi lectura fuerte sería esa. No es que Trump sea fascismo. Es que tanto el fascismo como Trump son expresiones de una masculinidad extremadamente tóxica.
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