El exlíder nacionalista corso Alain Orsoni, asesinado a tiros en el funeral de su madre
El asesinato del político y empresario, exiliado más de una década y cuyo hermano corrió la misma suerte, se produce en pleno repunte de la violencia del crimen organizado en la isla


El exdirigente nacionalista corso, Alain Orsoni, ha sido asesinado durante el funeral de su madre en el pueblo de Vero (Alta Córcega). Tenía 71 años y era una de las figuras más relevantes de la lucha independentista en la isla. Pero también representaba ese cruce de caminos en el que el movimiento político se encontró con el crimen organizado.
La fiscalía indicó que Orsoni fue alcanzado a distancia por un arma larga alrededor de las 16:30. Recibió tres impactos de bala y murió en el acto mientras se realizaba la ceremonia. El fiscal de la República, Nicolas Septe, se desplazó al lugar del crimen, donde se encontraban unos 50 testigos, y abrió una investigación por asesinato en banda organizada, que fue confiada a la policía. La dificultad en estos casos es extrema, porque es muy complicado que los testigos accedan a declarar por cuestiones de omertà.
El septuagenario había sobrevivido ya a un intento de asesinato en 2008, poco después de asumir la presidencia del AC Ajaccio, el principal club de fútbol de la ciudad. En 2012, tras el asesinato de varias personalidades de Ajaccio y personas cercanas al club, como el exdecano del Colegio de Abogados, Antoine Sollacaro, y el presidente de la Cámara de Comercio, Jacques Nacer, Alain Orsoni denunció una “conspiración mediática” en su contra. Su hermano Guy, uno de los fugitivos más buscados de la mafia corsa en su momento, fue asesinado en 1983. Su hijo es hoy una figura destacada del crimen organizado corso.
La sangre de los padres manchará a sus hijos, señala el viejo proverbio de la isla para explicar un ciclo de violencia infinito. Cuando uno decide matar en esta gran montaña en medio del mar, el lugar con la mayor tasa de homicidios de Francia (3,7 por cada 100.000 habitantes) y uno de los trozos de tierra más armados de Europa (350 por cada 1.000 habitantes), tiene la certeza de que tarde o temprano sus hijos querrán venganza. El ciclo lleva renovándose décadas y el momento que atraviesa la isla es particularmente violento.
Tras cursar estudios en París, Alain Orsoni se convirtió en uno de los dirigentes del Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC), antes de fundar el Movimiento por la Autodeterminación (MPA), que más tarde sus adversarios calificaron de “Movimiento por los negocios”. Reconocido por su sentido político y su sangre fría, Alain Orsoni abandonó Córcega en 1996, en plena guerra fratricida dentro del movimiento nacionalista. Vivió durante trece años en Florida y luego en Nicaragua, donde desarrolló actividades en el sector del juego, antes de instalarse en España.
Córcega y sus fuertes pulsiones independentistas, enraizadas en los orígenes genoveses de la isla, siempre fueron un cuerpo extraño en uno de los países más centralistas de Europa. Movimientos como el Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC) aterrorizaron a la población con bombas y asesinatos durante años para reivindicar la soberanía del territorio. Los años sesenta y setenta fueron de plomo y sangre. Muchos de esos miembros compartían intereses económicos con la mafia y terminaron entrelazando sus caminos.
Unos 20 clanes se reparten ahora el territorio de forma horizontal, sin un capo supremo, según relataba un inquietante informe de los servicios de información de la policía judicial publicado por Le Monde hace algunos meses. Ocurre justo cuando la sociedad civil, la política y el sistema judicial francés comienzan a llamar por su nombre a la mafia y el estado ha implementado nuevas leyes y una fiscalía especial para luchar contra el crimen organizado.
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