La ultraderecha se convierte en Francia en la mayor oposición al ataque de Trump contra Venezuela
Marine Le Pen reivindica la doctrina gaullista de soberanía nacional mientras el presidente estadounidense ridiculiza a Macron

Las noticias habían llegado hacía pocas horas. EE UU tenía en su poder a Nicolás Maduro y a su esposa en Venezuela y los había trasladado a un buque de la armada estadounidense. En Francia, el Gobierno y el Palacio del Elíseo, con el paso cambiado, seguían en silencio. Pero Marine Le Pen, líder del ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN), formación poco sospechosa de proximidad ideológica con el régimen venezolano, puso el grito en el cielo en la red social X con un comunicado que muchos hubieran deseado leer en la cuenta de la Comisión Europea: “La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera que sea su tamaño, cualquiera que sea su poder, cualquiera que sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre”.
La reacción de Le Pen contra el ataque a Venezuela, acompañada poco después del presidente de su partido, Jordan Bardella, contrastaba con la tibieza de la que pronunciaría horas después el jefe del Estado, Emmanuel Macron. Pero mantiene la coherencia de su discurso internacional y de las complejas relaciones que mantiene con la Administración Trump. También de ese viejo espíritu francés de recelo a EE UU que ahora el partido busca emparentar con unos ideales tradicionalmente opuestos a la formación ultraderechista. “Todo esto forma parte de la doctrina gaullista de las relaciones internacionales y busca recordar que Francia es un aliado de los americanos, pero tiene su libre albedrío y su propio criterio de independencia nacional”, explica al teléfono Louis Aliot, vicepresidente del partido, alcalde de Perpiñán y hombre cercano a Le Pen.
Aliot, presente en gran parte de los vínculos transatlánticos del partido y buen conocedor de las relaciones con EE UU, subraya que Maduro “no es precisamente alguien cercano ideológicamente” al RN. “No nos molesta que se le aparte de sus responsabilidades, al contrario. Pero creemos en un mundo que respeta las mismas reglas para todos. Y nos parece sorprendente ir a buscar a un jefe de Estado a través de un comando dirigido por el ejército estadounidense. Marine Le Pen intenta encontrar un equilibrio entre la satisfacción de ver a Maduro fuera del poder y recordar las reglas del derecho internacional, porque es lo que permitirá mantener la paz y un equilibrio en el mundo”.
La animadversión de gran parte del RN hacia EE UU no es nueva (la cercanía siempre fue mayor con Rusia). Tampoco las tensiones dialécticas, que se han sucedido en los últimos meses. En marzo pasado, Le Pen criticó en Le Figaro la amenaza de Washington de interrumpir el suministro de armamento a Ucrania. Las relaciones ya no eran buenas. A diferencia de 2016, cuando Marine Le Pen había buscado obtener el apoyo de Donald Trump, el partido decidió tras su reelección en 2024 marcar distancia con el universo MAGA. Mientras que sus aliados Éric Ciotti y Marion Maréchal, o sus rivales de la extrema derecha, Éric Zemmour y Sarah Knafo aclamaron al presidente estadounidense, ella optó por la prudencia. De hecho, solo Louis Aliot y algunos otros cargos electos asistieron a la ceremonia de reelección.
Los acercamientos corrieron a cargo Jordan Bardella, plan B del RN si Marine Le Pen resulta definitivamente inhabilitada en el juicio que comenzará el próximo lunes. Pero fueron un fracaso. En febrero, el presidente del RN decidió cancelar su discurso en el CPAC, la gran convención de conservadores estadounidenses en Washington, después de un “gesto nazi” del exconsejero trumpista Steve Bannon. “Era una provocación que a mí, no me hace gracia”, declaró Bardella. “Si él cancela, significa que no es digno de dirigir, que no tiene agallas. Tiene que madurar”, replicó Bannon, relativamente influyente en el mundo trumpista después de caer en desgracia durante el primer mandato del presidente estadounidense.
Marc Lazar, profesor de Sociología Política del Instituto de Ciencias Políticas de París (Sciences Po) y de la Luiss en Roma, cree que Trump es una figura demasiado incómoda para la extrema derecha europea. Difícil de clasificar, de asimilar. “A Giorgia Meloni le ocurre igual. De un lado hay una proximidad ideológica: antiizquierda, antiinmigración, antiwoke… Pero por otro lado, se ve como alguien que podría atacar cualquier día a Francia, cuestionar su soberanía, y que impone aranceles nocivos para sus votantes. Además, hay un rechazo descomunal a los EE UU de Trump, también en el electorado del RN. Justamente, por ese viejo y tradicional sentimiento antiamericano".
En este contexto aflora recurrentemente la figura del general Charles De Gaulle. Y muchos empiezan a pensar ahora, también en el RN, que la desconfianza que profesaba hacia EE UU, pese al papel crucial que tuvo Washington en la liberación de Francia, no era infundado. De Gaulle estaba convencido de que las garantías a Europa eran frágiles y se inclinó por alcanzar una cierta autonomía en defensa, incluyendo el arma atómica (el único país de la UE en poseerla), con portaviones incluido (que hoy lleva su nombre). Y esa es la doctrina que invoca ahora el partido de Le Pen.
Lazar, sin embargo, cree que es un intento de “hacerse pasar por los grandes defensores de la autonomía nacional, pero es una gran paradoja”. “Los fundadores del RN fueron los grandes opositores a De Gaulle, de hecho intentaron asesinarle. El odio de la extrema derecha contra el general es enorme. Jean-Marie Le Pen le detestaba, pero Marine y Jordan Bardella se presentan ahora como un partido neogaullista”, apunta.
Las tensiones transatlánticas actuales, en cualquier caso, no son nuevas. En 1956 , durante la crisis del canal de Suez, EE UU obligó a las tropas británicas y francesas a retirarse. Años después, el 14 de febrero de 2003, Dominique de Villepin, ministro de Asuntos Exteriores francés, realizó su célebre intervención en el Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York, para oponerse a la invasión de Irak y alertar del peligro de ganar una guerra y perder la paz. “Francia tiene un sentimiento muy poderoso de antiamericanismo. Siempre lo ha tenido. Desde la izquierda, a la ultraderecha. Piense que Jean Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional, era petenista. No participaba del culto de unos EE UU liberadores de Francia”, señala Lazar.
Los contactos no están ahora completamente rotos entre Trump y Le Pen, pero son más delicados. En el funeral de Charlie Kirk, influencer republicano asesinado en septiembre, Louis Aliot representó nuevamente al RN. Y es cierto que ambos tienen en Macron a una suerte de rival. En el caso de Trump, sin embargo, no demasiado respetado, como pudo verse en la ridiculización que hizo el mandatario del líder francés el pasado martes, de quien caricaturizó su actitud supuestamente servil. Incluso este jueves, el jefe del Estado francés le respondió acusándole de “neocolonialismo agresivo” y de haber “despreciado las reglas internacionales”. “Francia rechaza el nuevo colonialismo y el nuevo imperialismo” tanto como “el vasallaje y el derrotismo”, denunció el jueves en el tradicional discurso a los embajadores. Una crítica ya nítida que muchos franceses esperaban, pero que ha tardado casi una semana en pronunciar.
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