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ENSAYOS DE PERSUASIÓN
Columna

El pesebrismo: una historia alternativa de las élites

En ocasiones, los poderosos funcionan como un Estado dentro del Estado, con una estructura endogámica resistente a los cambios

La Bolsa de Madrid en una foto del lunes 30 de marzo. Altea Tejido Sánchez (EFE)

Por qué se habla de sociedad subvencionada para referirse, en general, a las ayudas a los vulnerables o a algunas actividades imposibles de mantenerse tan solo con la lógica del mercado, cuando los importantes son otros mecanismos que, por su cantidad o su arbitrariedad, deprecian las rentas públicas. Gabelas, desamortizaciones, aranceles, subvenciones, excepciones, amnistías fiscales, inmatriculaciones, reconversiones industriales, rescates empresariales o financieros, inyecciones de capital público, cupos, recalificaciones, etcétera, y otros mecanismos “legales”.

Responder a ello conlleva reflexionar sobre las élites históricas, elaborar una historia alternativa de ellas a lo largo del tiempo, pues es este un fenómeno que viene de lejos. En el año 1970, un joven profesor de Estructura Económica, el añorado Juan Muñoz (que llegaría a la vicepresidencia del Congreso de los Diputados), publicó un libro seminal sobre la historia económica de nuestro país: El poder de la banca en España. Saltándose la censura y la atención oficial al editarlo en una pequeña editorial, Muñoz demostró que la banca era el mayor grupo de presión y de poder dentro de la sociedad española: interpretó la evolución del capitalismo español y desveló las principales relaciones existentes entre unos y otros.

Más de medio siglo después, a Muñoz le ha aparecido otra generación de epígonos, que ahora confluyen en las librerías. En algunos casos establecen vínculos maniqueos o superficiales entre esas élites al olvidarse de ese consejo tan marxiano de “en última instancia” y no en primera instancia. Es un defecto de alguno de esos textos, pero ello no empece el valor de su investigación. El más notable es Las élites que dominan España (Libros del K.O.), del economista Andrés Villena Oliver, en el que sostiene que en nuestro país el poder no se crea ni se destruye sino que se transmite, se negocia y se protege. Existiría un pacto tácito entre las élites sostenido por una red resistente y adaptable, capaz de sobrevivir a cualquier pacto político: del aperturismo tecnócrata del franquismo a la reconversión industrial; de la privatización del sector público empresarial al estallido de las burbujas inmobiliarias: cambia el contexto, pero no los que mandan. Villena estudia las redes de poder como conjunto de vínculos y lazos entre los gobernantes, los dirigentes políticos, los altos cargos estatales y los tecnócratas de un lado y otro de las puertas giratorias, esa frontera difusa entre el Estado y las grandes empresas privadas por las que tantos transitan.

Este tránsito es el que aborda de modo principal el periodista Rafael Méndez, conocido en estas páginas. Su libro (Los dueños del Estado, Península) es un análisis de los altos funcionarios, con un poder tan determinante como invisible, que conocen el Estado mejor que nadie. Da ejemplos de abogados del Estado, letrados de las Cortes, inspectores de Hacienda, letrados del Consejo de Estado y otros altos funcionarios que circulan con total normalidad por los intereses públicos o ponen sus conocimientos al servicio de grandes bufetes privados, incluso litigando contra la Administración a la que pertenecen. Esos altos funcionarios, de apellidos compuestos, han acumulado un poder capaz de orientar leyes, bloquear decisiones políticas y enriquecerse a costa de tener un pie en lo público y el otro en lo privado. En muchas ocasiones, un Estado dentro del Estado, una estructura endogámica y resistente a los cambios.

El profesor de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Sevilla Carlos Arenas Posadas ha escrito el libro con el título más intencionado: El Estado pesebre (editorial El Paseo), en el que repasa el “pesebrismo” desde la Edad Media hasta hoy: cómo las oligarquías han parasitado el dinero público. De sus páginas se desprende lo que Jorge Dioni escribió del texto en Babelia: el Estado es cosa de ricos, los impuestos son cosa de pobres.

Del conjunto surge una idea fuerza muy potente: la dominación se ejerce principalmente con la fuerza, pero esta no es suficiente en ningún caso; se hace necesario convencer y persuadir a los dominados. Esa es también labor de las élites.

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