EE UU ya no es una democracia liberal
Los indicadores democráticos caen en todo el mundo, pero con Trump el país vive el retroceso de mayor magnitud en su historia


Por primera vez EE UU ha perdido su estatus de democracia liberal plena. Así se desprende del tradicional informe anual del Instituto V-Dem (Varieties of Democracy), de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), uno de los más prestigiosos en cuanto a la medición de la calidad de la democracia en el mundo. Ello ocurre durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. El instituto en cuestión distingue entre “democracias liberales” (de alto nivel: elecciones, Estado de derecho, controles efectivos) y “democracias electorales” (hay comicios pero fallan los controles o alguna de las libertades civiles, como la de expresión). EE UU ha caído hasta la categoría de “democracia electoral”, lo que implica que sigue siendo una democracia pero ha perdido calidad en aspectos clave de su modelo liberal: no es una autocracia, no es una democracia colapsada, pero ya no cumple plenamente con el estándar de una democracia liberal robusta, cuando llegó a ser uno de los referentes de ella. Existe una agresiva concentración de poderes en la presidencia de la nación y la velocidad con la que la democracia se está desmantelando no tiene precedentes.
Hay una involución democrática en el mundo entero. Del mismo modo que Samuel P. Huntington estudió las “olas de democratización” en la historia, otros autores (como Giovanni Sartori) han tratado las “olas de autocratización” para concluir que en el primer cuarto del siglo XXI estamos viviendo una de las más potentes. La primera ola reaccionaria se desarrolla entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado, entre las guerras mundiales y la Gran Depresión; muchas democracias jóvenes europeas y latinoamericanas colapsaron, surgieron regímenes totalitarios como la Alemania nazi, la Italia fascista o el franquismo, y hubo un debilitamiento rápido de las instituciones democráticas por golpes de Estado o leyes autoritarias. La segunda ola de autocratización tiene lugar entre las décadas de los años sesenta y ochenta, en el contexto de la Guerra Fría y los conflictos en América Latina, África y Asia que consolidaron el autoritarismo; muchas democracias fueron reemplazadas por golpes militares de partido único en Latinoamérica (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Ecuador…). Todo acaba con la caída del bloque soviético y del muro de Berlín.
La tercera ola autocratizadora arranca alrededor del año 2000 y dura hasta hoy, con picos de sierra. Incluye a países con democracias consolidadas, y retrocesos en países como EE UU, Hungría, Polonia, Turquía… No siempre hay golpes de Estado visibles, sino una erosión de las libertades civiles o la independencia judicial, crece el control de la información y disminuye extremadamente la confianza electoral. El retroceso de la calidad de la democracia es más sutil y gradual que en las anteriores olas, muchas veces manteniendo el trampantojo de elecciones libres.
El director de V-Dem, el profesor sueco Staffan I. Lindberg, subraya que lo que estamos viviendo ahora es el retroceso democrático de mayor magnitud jamás visto en EE UU. Este país se precipita hacia la autocracia a un ritmo más rápido que la Hungría de Viktor Orbán o la Turquía de Erdogan. En el ranking de las 10 mejores democracias no están los EE UU de Trump (Dinamarca, Noruega, Suecia, Estonia, Suiza, Nueva Zelanda, Finlandia, Islandia, Países Bajos e Irlanda).
En todas partes los ciudadanos se muestran insatisfechos sobre los rendimientos de sus democracias, en cualquier lugar que se les pregunte. Todos los indicadores de democratización elaborados por las instituciones especializadas muestran un retroceso lento pero continuado a escala planetaria. La regresión no se limita a los países pobres o autoritarios, sino también incluye a democracias consolidadas que muestran signos de erosión interna.
Excurso: España se encuentra en el grupo de democracias de alta calidad, aunque no en el top 10; suele situarse entre los puestos 15 y 25, lo que no corrobora algunas opiniones extremas que continuamente se repiten, confundiendo sus expectativas con los fallos objetivos.
Habrá que completar esta cartografía de la democracia mundial con la que elaboran organismos como Freedom House, International Idea, The Economist o la española Fundación Alternativas.
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