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TRABAJAR CANSA
Columna

Todos firmes ante la soldado Foster

Convivir con falsedades en las redes sociales provoca que se acaben aceptando, porque al final no parece tan grave

Jessica Foster, una militar creada por inteligencia artificial que apareció en una cuenta que Instagram ha tenido que cerrar.INSTAGRAM

Resulta que Jessica Foster, una Tomb Raider en la guerra de Irán con camiseta de camuflaje ajustada, rubia y de ojos azules, era de mentira. Es una militar que apareció en Instagram, poniendo caritas y pidiendo un “me gusta” a “cada chico hetero a quien le guste una chica del ejército americano”. En cuatro meses tuvo un millón de seguidores, a quienes esta exhibición erótico-bélica debía de darles un subidón patriótico. La soldado Foster colgó fotos con Trump, con Zelenski, con un caza, en el desierto, en una nave (era raro que llevara tacones, pero bueno). Hasta que The Washington Post descubrió el pastel el otro día y dijo que esta señora no existía, era de inteligencia artificial. Dio igual, al rato ella puso una foto en un buque de guerra en el mismísimo estrecho de Ormuz. Como insistiendo, ya ven. Me recordó a otra Jessica, Jessica Rabbit, cuando dijo que no era culpa suya si la habían dibujado así.

Al final la plataforma eliminó la cuenta por violación de las reglas, no sin cierta valentía, pues es un argumento cada vez menos valorado. Desde luego ya es incomprensible para el mundo ultra de EE UU. Seguro que muchos seguidores de la aguerrida joven pensaron: vale, es de mentira, pero ¿dónde está el problema? Hay que pensar que es gente que traga desde hace años toneladas de trolas de Trump, una dieta que altera el organismo y te convierte en un mutante transhumano: las mentiras te atraviesan sin tocarte.

Si se mira bien lo de esta chica, que es lo que hacían sus seguidores, da igual. No creo que esperaran encontrársela nunca en un bar, en un polígono de tiro o en misa, o donde quiera que vaya esta gente. A fin de cuentas, no les cambia nada. Que fuera real tampoco aportaba mucho, solo ese plus cada vez más reducido de un poquito de autenticidad. La realidad ya es un detalle menor, y este es el punto interesante del asunto: la convivencia habitual con mentiras y falsedades hace que se acaben aceptando porque al final no parece que sea para tanto, en el fondo no hay ninguna diferencia, y ya ni consecuencias. Da igual lo que es verdad y lo que es mentira, es verdad para ti si lo vives así. La experiencia sí es real, es la misma, y ya ven la tabarra que nos dan hoy con tener experiencias y con lo que uno siente. Así que todos firmes saludando a la soldado Foster. Si luego no existe, paciencia.

No creo que personas así sean insensibles a la mentira, pero solo en la medida en que afecta a su esfera personal. El resto del mundo es ajeno, el mismo Irán puede que incluso no exista, como la llegada a la Luna. Imagino que si un amigo les miente les dolerá, pero es la mentira pública la que está pasando de moda. Solo es un matiz. No sé si recuerdan a los pobres Milli Vanilli, dos cantantes de los noventa que luego se descubrió que no cantaban. En su día fue un escándalo, tuvieron que devolver un Grammy. Solo se equivocaron de época, hoy no tendría importancia.

En política, esta actitud ofrece grandes posibilidades. Trump puede decir que negocia con los iraníes y va todo fenomenal, pero salen los iraníes y dicen que es mentira. ¿Qué más da, en qué cambia tu vida? Bueno, sí que cambió la de quien apostó en Bolsa por la caída del precio del crudo 15 minutos antes del anuncio de Trump: hay quien se forra con la verdad y la mentira. Al menos la soldado Foster desaparece cuando la pillan. Si nos dijeran que Trump es obra de inteligencia artificial no solo me lo creería, sino que sería un alivio, todo cobraría sentido. El planeta exclamaría: “Aaaah, claro, era de mentira”. Luego se haría el silencio, y pensaríamos cómo hemos sido tan tontos de creérnoslo.

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