Donald Trump es más increíble que ‘Stranger Things’
Asistimos a la destrucción de la democracia sin creer que esté siendo destruida, e ideamos toda clase de teorías para intentar explicar la pérdida de legitimidad


La semana pasada escribí aquí mismo sobre lo malo que me parecía el final de Stranger Things debido a su falta de legitimidad narrativa. Pues bien, mientras cuestionaba el final de la serie, sucedieron dos cosas: Donald Trump secuestró a Maduro y los fanes de Stranger Things inventaron la teoría del conformity gate (que arrasó en internet), que sostenía que los últimos episodios no representan la “realidad” de la historia, sino que eran una simulación, en concreto el sueño de uno de los protagonistas. De modo que el conformity gate (la teoría mayoritaria) no cuestionaba la legitimidad del relato, sino la confianza misma del espectador en una realidad (o episodio) que no le gustaba. Pues bien, la política internacional sufre su propio conformity gate. Como no nos gusta lo que vemos, inventamos una realidad alternativa. Y así no cuestionamos la legitimidad de lo que pasa, sino que triunfa una nueva tesis basada en que los males del mundo no son del todo reales, sino que son más bien la consecuencia del delirio de un solo individuo: Donald Trump.
Si se fijan en periódicos, redes y tertulias, verán que todos los titulares llevan su nombre: parece que Trump sea la explicación y la causa última de dichos titulares. Pero lo que estamos viendo no es personal ni compete a un líder concreto, sino que son las consecuencias del mundo que estamos construyendo. ¿Cuáles son las causas de que Trump sea el presidente de EE UU? ¿Es una carambola de la democracia? ¿O es que hay una realidad social, cultural y económica que ampara y respalda a este extravagante presidente? Y digo extravagante pues en la teoría del conformity gate resulta extravagante (por increíble) que la democracia más antigua tenga un presidente totalitario. A los espectadores políticos nos resulta tan difícil digerir la idea de que EE UU no sea una democracia que no nos lo creemos, aunque lo estemos viendo.
Pero detrás de Trump hay una sociedad, una cultura, un sistema económico y un proceso histórico concretos. Él es la consecuencia del proceso y no el origen de las crisis. Sin embargo, nuestro conformity gate hace que asistamos a la destrucción de la democracia sin creer que esté siendo destruida. En vez de eso, cada vez que el relato político carece de legitimidad inventamos un nuevo conformity. Así decimos que “la vivienda está muy cara”, que vendría a ser el conformity de lo que de verdad está pasando: el precio de la vivienda está destruyendo la vida de las personas. O lamentamos que “la sanidad pública se hunde”, como conformity de una realidad más cruda: estamos matando a personas por ser pobres. O decimos: “Trump es un abusón”, en vez de decir: estamos asistiendo a una preparación bélica consensuada y aceptada por todos los actores políticos.
Y así es como hemos aprendido a digerir las noticias sin dar crédito. ¿Cómo puede estar pasando algo así? Muy sencillo, nos decimos, porque no está pasando del todo. El final “de verdad” llegará cuando Trump deje el Gobierno. Pero no es así. Stranger Things acaba mal y la democracia no es lo que imaginamos que podría ser, sino lo que estamos viendo que es: libertad de mercado (en educación, sanidad y vivienda). El único consuelo, por duro que sea, es no mirar para otro lado. Y recordar que el final de esta historia lo seguimos escribiendo entre todos (por ahora).
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