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Israel Elejalde: “En España se subvencionan todas las industrias. Atacar al cine español es atacar a tu país”

El actor madrileño, curtido en el teatro, refuerza su presencia en la gran pantalla con ‘Altas capacidades’, donde un personaje de tintes azconianos le permite mostrar sus dotes para la comedia

El actor Israel Elejalde, que acaba de estrenar 'Altas capacidades'.AA

Su nombre inspira prestigio. Israel Elejalde posee una de las carreras más sólidas sobre las tablas de las últimas décadas, donde se ha puesto al frente de más de cincuenta obras en una trayectoria que ya rebasa las tres décadas. Lleva casi el mismo tiempo apareciendo en pantallas grandes y pequeñas, y aunque no quiere verse como un hombre de teatro que de vez en cuando hace cine y series, lo cierto es que su presencia sigue teniendo algo de ese aroma a telón y bambalinas que podemos emparentar con intérpretes como Josep Maria Pou.

El madrileño sumó desde el pasado viernes un nuevo papel en las salas con Altas capacidades, donde se estrena audiovisualmente en la comedia. Acompañado por Marián Álvarez y bajo la dirección de Victor García León sobre un libreto coescrito con Borja Cobeaga, la cinta explora un asunto muy de la querencia del cine cómico clásico de nuestro país: gente que se comporta como si perteneciera a una clase social superior, a ver si así lo acaba siendo. Una propuesta que a permitido al actor jugar “casi como un niño”, y que busca su hueco en una cartelera dividida entre los nuevos trabajos de dos puntos extremos de nuestra industria, Santiago Segura y Pedro Almodóvar. No es difícil identificar con uno de ellos a Elejalde, que trabajó con el manchego en Madres paralelas, y de quien considera que en ocasiones “no hace las películas para el momento, sino para más adelante: él sabe que tiene ese poder”.

¿Tenía ganas de hacer una comedia? Muchas. Uno siempre quiere hacer cosas distintas, explorar nuevos territorios. Comedia he hecho en teatro, y solo otra vez en audiovisual, pero en un papel más pequeño. Hay algo maravilloso de la comedia, que es que cuando acabas el rodaje o la función de ese día y te vas a tu casa, te vas mucho más feliz que haciendo drama. La transición al mundo real es más amable.

¿Cambia algo en el dispositivo del actor entre géneros?En base no, porque lo que importa son las situaciones, lo que está escrito, pero hay una parte que sí: el ritmo, la apertura… La comedia requiere explorar esos ritmos que pueden ser naturales pero que están en otro sitio de la vida. La archiconocida frase de que comedia es igual a tragedia más tiempo al final es cierta: si das un golpe a alguien y se cae al instante es drama, si tarda cinco segundos en caer es comedia.

La trama de la película explora las diferencias de clase, un tema social, pero lo hace desde un dispositivo muy accesible para el gran público. Es un tema que nos interesa, me estoy acordando de la película El casoplón, una comedia familiar reciente donde también se habla de eso. Creo que las historias de gente que se cree más rica de lo que es o que actúa como tal se suele retratar desde la parodia, y lo que hace Víctor [García León] es plantearlo desde la sátira, hacer un escáner social que podemos emparentar con La escopeta nacional. Porque satiriza a esas clases altas, pero también al español medio que anhela ser otro que considera mejor, y ese deseo le lleva a hacer cosas ridículas. Al final lo que despiertan es compasión.

Su carrera audiovisual es amplia, aunque no sé si considera que se le ve sobre todo como un hombre de teatro. Soy hombre de teatro por razones evidentes, es donde empecé y llevo más de cincuenta obras, pero he hecho ya muchos trabajos en cine y televisión. No depende de mí cómo me ve la gente, pero yo no me presento como un actor de teatro que además hace cine. El oficio es el mismo, aunque utilices herramientas diferentes, del mismo modo que los mil metros vallas y los mil quinientos metros lisos son atletismo, aunque requieren entrenamientos distintos y formas diferentes de encarar la carrera.

¿Cómo cambia su método actoral en uno y otro caso? Diría que no tengo método, o lo he ido perdiendo. Los procesos, los textos y las historias son las que marcan la manera de afrontar el trabajo. No es lo mismo hacer Shakespeare, que te obliga a hacer un análisis del texto, que hacer una comedia como Altas capacidades, en la que el foco está en otro lugar. En este caso la idea era no tenerlo todo controlado, dejarse llevar, no saber cómo va a salir lo que vas a rodar. Ha sido un juego casi de niños, en el sentido de que consistía en que el propio juego fuera lo importante, más que tu participación en él.

¿Es distinto el público que le conoce de uno y otro lado? Es diferente porque el nivel de proyección también es distinto, el cine tiene mucha más. Y después está la tele, que se nota mucho la diferencia de quien te conoce de cine o de teatro, que se parece más, que quien te conoce de la tele, que tiene una relación distinta porque tú eres el que apareces en su casa, no el que él ha ido a ver.

¿Qué piensa de la relación que cierta parte del país tiene con el cine español, al que ataca con el tema de las subvenciones? España es un país que tiende a hacer bandos, supongo que pasa en más lugares, y desde luego hay quien ha decidido que el cine español no les representa, pienso por ejemplo en Almodóvar, cuando pocas personas han hecho más por la proyección de la cultura española. Es una pena, sinceramente. Y lo de las subvenciones… Pues qué vamos a decir, en España se subvencionan todas las industrias de una y otra forma, y además la del cine devuelve al Estado más de lo que recibe. No hay ningún país donde no se subvencione el cine, incluyendo Estados Unidos, donde se hace muchísimo a través de excepciones fiscales. ¿Por qué el cine molesta tanto a algunos? Porque es una parte imprescindible de cómo nos entendemos y de cómo se nos ve, y hay quien no soporta que no sea como ellos quieren. Atacar a tu cine es atacar a tu cultura, y atacar a tu cultura es atacar a tu país.

El rechazo también puede venir de los poderes públicos; hace poco veíamos a una concejala de un ayuntamiento de la Comunidad de Madrid parando una obra de teatro. Reconozco que eso me parece más bien una anécdota. Uno no debería acudir al teatro o al cine para que le den la razón, sino precisamente para que le pongan en duda. Y eso lo digo por todos, también para quienes pertenecemos a la progresía, está bien que nos hagan dudar. Esto es una anécdota lamentable, pero una anécdota, no tengo la sensación de que ocurra habitualmente. Yo no me he sentido censurado, aunque sí que una vez, también una concejala, quiso censurar el título de una obra que produjimos, Juicio a una zorra.

Lo que comenta, sobre obras que nos pongan en duda, lo hemos visto hace poco con los comentarios en torno a Los domingos. Es una de las mejores películas del año, y ha sido un año muy bueno. Yo creo que Alauda [Ruiz de Azúa] no ha hecho una película equidistante, pero entiendo que haya quien lo ve así porque es una película sobre el adoctrinamiento religioso, y mucha gente en este país considera que eso está bien. Que ese adoctrinamiento es lícito y positivo, que es educación. Además el personaje de Patricia [López Arnaiz] es complejo, sufre, no es una heroína. Y esto, lejos de ser algo malo, es la potencia de la película.

De Nati Mistral a Almodóvar

En un currículo tan amplio como el de Elejalde, el collage que forman los compañeros y directores con los que ha trabajado es colorido. Desde sus inicios en el teatro, donde coincidió con Nati Mistral, hasta la llegada al olimpo de los repartos almodovarianos con Madres paralelas, sus docenas de intervenciones sobre las tablas y ante las cámaras recorren los últimos treinta años de la cultura española.

En la tele su currículo es muy pop: Compañeros, Cuéntame, Física o Química, Amar en tiempos revueltos Amar… fue mi primer personaje importante en televisión, con 38 años. En una serie diaria haces un callo impresionante. Tenía muy buenos compañeros, Cristina Plazas, José Luis García Pérez… pero era duro. Empecé haciendo dos días a la semana, pero luego el personaje explotó y acabé haciendo cuatro y cinco, a la vez que hacía teatro por la noche. Encima como son estos personajes, que al final ya lloraba todos los días, hacía cosas muy fuertes y me acababan matando. Estaba desquiciado. Admiro las series diarias bien hechas, porque son muy duras, se tienen que sacar muy rápido. Yo había días que cogía el guion y decía: Hamlet habla menos.

¿Cómo moría? José Luis García Pérez me pegaba un tiro, fue una secuencia estupenda. Muy épica.

¿Es cierto que Nati Mistral le dijo que le iba a ir muy bien como actor porque era rojo? Y añadió: ya si fueras maricón… Fue haciendo La celestina cuando yo tenía 22 años. Nati era una tía adorable que decía unas barbaridades como pianos. Yo le cogí cariño, aunque me decía unas cosas impresionantes. Por ejemplo: tú tienes que entender que si volvieran los míos tendríamos que fusilarte. Eso me lo dijo un día justo antes de salir al escenario. A veces paraba la función, empezaba a decir cosas. Un día comenzó a quejarse de no sé qué papel que le pedían para la pensión, empezó a gritar ¡estos putos socialistas!, ¡que vengan los tanques! Todo esto en mitad de la función. Pero tengo que decir que me reí mucho con las barbaridades que decía, y que a mí me trató muy bien.

Desde esos inicios, ¿cómo ha cambiado tu relación con el oficio? Ha cambiado totalmente, ahora que ya empezamos a hacer retrospectiva. Me sorprende no haber perdido la pasión por el escenario después de tanto tiempo. Me cuestan más las giras, eso sí, que antes las cogía con muchas ganas. El cine, donde he llegado más tarde, me tiene embrujado porque es estar en un sitio más desconocido, en el que aprendes constantemente. Y la sensación de ser un neófito con más de cincuenta años es estupenda.

¿Qué siente un actor al recibir la llamada de Almodóvar? No me lo creí hasta que ya estaba allí. Durante el confinamiento, con los teatros cerrados, hicimos algunas lecturas por zoom y él me llamó para poder ver una. Nos conocíamos porque él va muchísimo al teatro, lo ve todo. Supongo que ya estaba pensando en llamarme. Hice como seis pruebas para Madres paralelas, y a todas entré nerviosísimo. Además la segunda ya era con Penélope. Fue increíble, repetiría con los ojos cerrados.

Es una película que gustó más fuera de España que dentro. Tenía la intuición de que iba a pasar eso, porque es una película profundamente política. Yo estoy orgulloso, creo que está muy bien y no hay que olvidar que tuvo dos nominaciones al Oscar. Creo que a veces Pedro no hace las películas para el momento, sino para más adelante; él sabe que tiene ese poder. También detecto que tiene cierta urgencia por dejar testamento sobre algunos asuntos, y en este caso quería hablar de algo muy concreto: la ignominia de que el gobierno de Rajoy dejara sin presupuesto a las familias que solo querían rescatar a sus muertos de las cunetas. Creo que él quería que eso se viera dentro de cincuenta años.

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