“Este proceso nunca se podrá automatizar”: así se fabrica un bolso de Louis Vuitton con casi un siglo de historia
La casa francesa nos abre las puertas de su taller de Ducey, en Normandía, para compartir los secretos del Speedy P9, accesorio estrella de sus colecciones de hombre


Silencio sepulcral. Una costurera, Céline, acciona la máquina de coser. El traqueteo se hace eterno y el parón que lo sigue aún más. “¡Está bien! Estoy contenta”, zanja. El taller recobra la respiración. “Es un punto ciego, si me equivoco hay que volver a empezar todo de cero”. Céline cierra la cremallera que acaba de coser y anuncia que el bolso está terminado. Acolchado, rojo intenso y todo de cuero: el milagro se ha obrado y lleva el nombre de Speedy P9. Louis Vuitton nos abre las puertas del ‘atelier‘ de Ducey, en Normandía, para descubrir, capa a capa, los secretos de un modelo que roza el siglo de historia.


“Este bolso es la prueba de que el legado y la innovación pueden convivir sin comprometer la calidad”, explica Ghoddus Razafimanjato, director del taller. Sencillo, resistente y con dos asas, el primer Speedy nació en 1930 —para acompañar a los veloces ritmos que imponían coches y trenes—, hecho en lona y bajo el nombre de Express. En los años sesenta Audrey Hepburn lo convirtió en un icono de la moda y en los dosmiles el diseñador Marc Jacobs lo puso a prueba usándolo como lienzo para revolucionarios como Stephen Sprouse, que lo cubrió de graffiti. Cuando Pharrell se convirtió en el director creativo de la línea masculina de la maison, se propuso reunir todas esas versiones con el P9: unisex, llamativo y colorido, pero ahora hecho íntegramente en piel.


El taller de Ducey cuenta con 800 artesanos, pero todo empieza siempre con las manos de Jean-David. “Yo puse la primera piedra de este taller, había un ambiente muy familiar”, recuerda. A sus 58 años, lleva 30 trabajando para la maison y, en 2001, formó parte del equipo fundador del taller. Por él han pasado casi todas las colecciones: Jean-David se dedica al control de calidad de los materiales y ha sentado los estándares para el resto de talleres. Trabaja entre paredes abarrotadas de bobinas de cuero de las que certifica el color, el grosor y la textura requeridos por cada diseñador. Desde que Pharrell recuperó el modelo en 2023, se ido acostumbrando a los colores saturados y las formas acolchadas del P9.
El bolso cuenta con tres pieles distintas: becerro en el exterior, suave y en tonos vibrantes; cordero en el interior, elástico y delicado, y vaca en los detalles, mucho más rígida. Jean-David decide si el cuero que llega es válido y le pasa el testigo a Eric, que saca de allí las piezas necesarias. Utiliza gigantescas máquinas de cortado, pero antes repasa a mano minuciosamente las pieles buscando imperfecciones y arrugas a evitar. “La máquina es muy precisa pero quedará obsoleta. Este proceso nunca se podrá automatizar del todo porque cada piel es única”, explica. En realidad, el nombre del Speedy —en español significa veloz— es toda una contradicción: tardan 15 semanas en preparar el cuero y 10 horas en el ensamblaje.


En esta etapa se combinan las maquinas con las puntadas a mano, a doble aguja y con el hilo embadurnado con la cera que producen los panales cultivados en el mismo taller. Una tradición que sigue viva gracias a las manos de los más jóvenes, como Juliette, de 20 años. “Siempre me había gustado el trabajo artesano, pero pensaba que tenía que hacer una carrera. La dejé nada más empezar”, cuenta. Lleva menos de un año en el taller, pero ya está orgullosa de hacer por su cuenta los bolsillos. “Las más mayores me enseñan a diario. Cuanto más sabes, más difícil es”, añade mientras cose en V uno de los adornos laterales del bolso. Cada detalle lleva la impronta de una costurera y entre todas ponen el punto final a uno de los productos más exclusivos de la maison.
“Solo se producen en series limitadas, se compran a través de listas de espera y cada tienda solo puede tener uno”, explica Razafimanjato. Pero, ¿por qué tanta ceremonia? El director del taller no duda ni un segundo: “La armonía de las costuras, el equilibrio entre tensiones, la sutileza del volúmen… Aquí no se deja nada al azar. Cada puntada es una decisión”.
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