Ladilla Rusa: “No entendemos que cualquier tiempo pasado fuera mejor ni nada de eso. No somos unos ‘pollaviejas”
El dúo barcelonés prepara una gira y, tras un parón creativo de dos años, estrena canción: ‘TKM CNT XFA’, tecnorrumba que se ríe de las viejas formas de ligar entre los adolescentes mileniales


Barack Obama tiene un mensaje pendiente de abrir, que le alerta de que se ha dejado un bocadillo en la cocina. El expresidente de Estados Unidos, en principio, no se ha dejado un bocata en ningún lado, pero hubo un tiempo en que a los miembros del dúo musical de tecnorrumba Ladilla Rusa, Tania Lozano (Santa Coloma de Gramenet, 38 años) y Víctor Fernández Clares (Barcelona, 38), les hacía gracia enviar mensajes privados costumbristas a famosos en redes sociales. “Ahora por Instagram no se puede, porque te tienen que aceptar”, dice Lozano, chafada. “Antes, podemos decir abiertamente que hemos sido acosadores. Le contábamos a Lady Gaga que era nuestra prima o a Angelina Jolie que éramos sus sobrinos”, describe, en una especie de reedición inversa, sin ánimo de lucro, del timo de los falsos Brad Pitt que escriben a señoras declarando su amor. “Siempre hemos tenido esto con los famosos”.
Es la explicación que dan a uno de sus primeros éxitos, Macaulay Culkin, en cuya letra trasladaban el argumento de la película Solo en casa (1990) a su pueblo, Montcada i Reixac, en la comarca del Vallès Occidental, imaginando cómo se desarrollaría de haberles ocurrido a ellos. “Lo normal es tener la historia y escoger el personaje, pero aquí fue al revés. No sé decirte por qué lo metimos. Nos cae bien Macaulay y cantábamos la melodía con su nombre, sin ningún motivo”, cuenta Clares. “A partir de ahí, escribimos todo lo demás”. Igual que Obama, el actor y ex niño prodigio tampoco dio nunca acuse de recibo, si bien esa no ha sido necesariamente la inspiración del nuevo single del grupo, TKM CNT XFA (es decir, Te quiero mucho, contesta, porfa), canción cómica de amor adolescente y ghosting situada en los primeros dos miles, cuando se ligaba con toques al móvil o zumbidos vía Messenger.
“Nos gusta jugar a la nostalgia, somos como Stranger Things en versión musical”, afirma la cantante. “Ha sido como revivir una época, la peña ha empezado a contestarnos por redes con esa forma de escribir abreviada de los SMS”. La voz masculina del grupo aclara que dicha nostalgia solo es un guiño al público de la generación milenial, como ellos: “Todo es un poco una burla, no entendemos que cualquier tiempo pasado fuera mejor ni nada de eso. No somos unos pollaviejas, estamos en el presente”. ¿Tiene también algo de autoparódico? ¿Así eran Ladilla Rusa antes de Ladilla Rusa, cuando se conocieron en el instituto? “Por supuesto”, responde Clares. “Cuando te gustaba alguien, una llamada perdida era como una especie de llamada de atención, para que la otra persona supiera que estabas ahí y pensabas en ella. La verdad es que era un modo de comunicarse extraño, pero no deja de ser romántico desde la perspectiva actual, que lo tenemos todo más a mano con las aplicaciones”.
Para continuar con las referencias a presidentes, en su época más vertiginosa en Twitter, Pedro Sánchez afirmó que el amor, como la energía, “se transforma, pero desaparecer… ¡nunca!”. Tesis similar a la de la vocalista, que cree que, aunque la tecnología haya cambiado, las formas de asomar la patita siguen siendo muy parecidas: “El otro día en mis redes hacía una reflexión sobre si los likes son migajas emocionales. Para mí, dar likes para llamar la atención, sin comunicarse, son las nuevas llamadas perdidas. Nos comunicamos de la misma manera, en diferentes formatos. La diferencia es que ahora sí te pueden hablar, porque siempre se tiene saldo. Yo lo he vivido en mis carnes, hay gente que es muy comodona, que no tiene tiempo o ganas, y te dan like, pero no les sale de los cojones contestarte a WhatsApp”.

Se trata de la primera canción que Ladilla Rusa publica desde 2024, año en que anunciaron un pequeño parón por motivos personales. Tania Lozano contó que había sido diagnosticada de un trastorno ansioso depresivo y un trastorno de ansiedad generalizada, algo que le ha llevado a mostrarse “más vulnerable por redes”, compartir su proceso y empezar una serie de vídeos en su cuenta de Instagram (@tania_lozano), llamados RealTalks, sobre autoestima, inseguridad, presiones sociales o episodios de bullying que sufrió cuando era una niña. “Me han escrito chicas diciéndome que las había ayudado. Ya no trabajo de periodista, así que, desde mis redes, estoy intentando sacar a relucir mi parte de comunicadora y reflexionar sobre los temas que me van apeteciendo”.
Aunque ambos, que hicieron la misma carrera, viven del grupo desde hace años, Víctor F. Clares aún ejerce la profesión. Actualmente, por ejemplo, lleva en el programa Hoy empieza todo, de Radio 3, la sección Personas curvas, dedicada a artistas y creadores en los márgenes. A través de las ondas ha recordado a Wendy O. Williams, líder de la banda punk Plasmatics, o Tijeritas, una de las grandes influencias de Ladilla Rusa, a quien, de hecho, homenajean en el estribillo de TKM CNT XFA, muy parecido al que cantaba el gitano malagueño en Mustafá: “Cheli, te quiero / Cheli, yo te adoro / Como la salsa / del pomodoro”. “Él fue el primero en introducir el tecno en el flamenco y la rumba”, explica Clares. “Su nombre se lo puso Camarón, porque, cuando pedía que cantara delante de él, le daba tanta vergüenza que acortaba las frases y las palabras por timidez. De ahí Tijeritas, por recortarlo todo”.
Rumba a lo desconocido
Amigos desde los 12 años, el paisaje adolescente de Tania y Víctor en la periferia de Barcelona ha determinado en buena medida la música que llevan casi una década haciendo. “Era típico salir del instituto y que, en los coches, con las ventanas bajadas, estuvieran sonando Los Chichos o Los Chunguitos”, recuerda el segundo. “Hemos garruleado como los que más”, dice su partenaire, “teníamos la maqueta de Estopa, nos pasábamos cintas de Los Chichos…”. Ella además fue, en sus palabras, “makinera totalmente”, inclinación que reflejan muchas bases del grupo. “El primer disco que me compré fue Chasis - 10 años, ¡imagínate! Era fan de la música dance, la electrónica y, sobre todo, la mákina”.

Por eso, tuvo todo el sentido su colaboración con El Coleta, artista de sensibilidad similar, para una de las últimas canciones que sacaron antes del descanso creativo, U.G.G.L. (Una Galaxia Grande y Libre), sátira del ascenso de la ultraderecha con símiles de Star Wars. “Es una canción superchula, a lo mejor la más política que hemos hecho. Y estamos encantados”, dice Víctor. “Nuestras canciones tienen una mirada obviamente antifascista y feminista, aunque algún despistado en nuestros conciertos no se lo espera. No somos un grupo de canción protesta, estas cosas están en nuestras letras a cuentagotas, pero nos gusta decirlas. Con la ultraderecha hay que reaccionar y plantarse, quien está en silencio solo favorece al lado malo”. U oscuro, si seguimos la metáfora de Star Wars. “Hay que posicionarse”, coincide ella. “Somos un grupo humorístico y, dentro del humor, puede haber reivindicación. Una vez colgamos algo político en Instagram con lo que hicimos un barrido de seguidores, porque hay gente que nos conoce por lo típico, KITT y los coches del pasado y Macaulay Culkin, pero no sabe el discurso y pensamiento detrás. A mí me parece bien. Quien no nos quiera escuchar, que se marche”.
Por otra parte, lo difícil es no conocerlos por KITT: lanzada en 2019, 26 millones de reproducciones en YouTube (“¡Más que muchas de los Strokes!”, se sorprende Tania) avalan uno de los más rotundos fenómenos de la música moderna en español. A ello contribuyó el videoclip dirigido por Luis Levrato –responsable también del vídeo de TKM CNT XFA–, para el que contaron con una réplica del vehículo de El coche fantástico (1982), prestado por un hombre de Sabadell que respondía al nombre real de Michael Knight, como el personaje de David Hasselhoff.
“Lo encontré buscando información sobre la serie, nos pusimos en contacto y nos dejó el coche por muy poca pasta. ¡Si llega a saber que la canción iba a petar tanto, nos hubiera pedido mucho más!”, celebra la mitad femenina del dúo. “Fue muy bueno cuando llegó al bar donde lo grabamos, con la música de El coche fantástico puesta”.
Bañada en su costumbrismo característico –y con Xoxé Tétano, de Los Ganglios, poniendo acento extremeño al automóvil–, la canción narraba el día a día de un hombre común de extrarradio, José María, con hijos y varios matrimonios frustrados a sus espaldas, que por las noches, con ayuda del coche fantástico, se traviste en secreto. “En ningún momento pretendimos que se convirtiera en himno de nada”, admite la cantante, “pero estamos muy contentos de que suene en el Orgullo y nos llamen siempre para tocar en esas fechas”. Pese a las múltiples referencias locales, la popularidad de la canción superó fronteras. “Hemos actuado dos veces en México”, relata Víctor, aún incrédulo. “Una locura. Nos contrató el gobierno de Ciudad de México cuando se viralizó en TikTok el trozo de la mariconada [“Porque Mariví es una enamorada / Una enamorada de cualquier mariconada”], porque les hizo mucha gracia y hacían muchos vídeos con eso”.
Ladilla Rusa tienen previsto otro single para primavera y bromean con, después de tanta apuesta por lo retro, marcarse el objetivo de componer una canción futurista. “Nos pasa como a José María, estamos enamorados de las cosas del pasado”, dice Tania, que descarta en sus planes inmediatos un nuevo disco. “Lo bueno de nuestras canciones es que tienen una trayectoria larga. Nos gusta trabajarlas bien, dedicarles tiempo, que estén curradas. También los vídeos enganchan porque están hechos para verse una y otra vez”.
Un razonamiento a contracorriente de un mercado donde manda la saturación y la novedad constante. “Muchos piensan que hay que publicar cada cierto tiempo para que los algoritmos te hagan caso y la gente no se olvide de ti, pero me parece que la creación debe ir por otro camino. El público que te sigue creo que siempre está ahí”, opina Víctor. “Pertenecemos a una discográfica independiente [El Genio Equivocado], así que decidimos nosotros los tiempos, no los que marcan las redes sociales o las plataformas, que hacen que todo sea más frenético y la música caduque antes. Es una lástima, porque hay muchos buenos discos que pasan inadvertidos”.
Lo que sí tienen en el horizonte es una gira donde esperan vivir momentos a la altura de su colaboración improvisada con Tony Genil en Torremolinos el pasado verano. “Lo confundí con una señora mayor, con ese pelo superrubio”, reconoce Tania. “Estaba pensando qué hacía una señora tan mayor en primera fila dándolo todo, cuando nos dimos cuenta de que era Tony Genil”. En su segundo disco, Ladilla Rusa le dedicó la canción Macarrones pop, basada en la leyenda que el famoso personaje televisivo difundió años atrás: que había preparado unos macarrones a Michael Jackson en una visita a España con los Jackson 5. “Teníamos miedo porque habíamos oído que tenía muy mal carácter”, confiesa Víctor. “Le preguntamos si quería subir”, continúa su compañera, “dijo que sí… ¡y se la sabía entera, el tío! Hacía coreografía de barrer y fregar cuando lo decía la letra, yo me estaba meando. Muy loco. De lo más heavy metal que nos ha pasado en un concierto”. Al final, del bocadillo de Obama a los macarrones de Michael Jackson tampoco había tanta distancia.
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