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Internet
Opinión

¿Ha encontrado la izquierda su propio ‘woke’ para insultar a la ultraderecha? Qué es ser ‘chud’ y qué significa

El término se ha popularizado en las redes sociales en los últimos meses, en principio como respuesta al manido “woke” que tantas veces ha usado la derecha con desprecio. Pero en realidad, su posible significado va mucho más allá

En un hilo cualquiera de algún foro, o en una discusión sobre política en Reddit que parece un cosplay de una barra de bar, “chud” aparece como aparecen hoy las palabras (más) útiles: sin definición estable, con un aire de clave y/o broma compartida y con la promesa de ahorrarte una explicación demasiado larga. Como un atajo para no acabar en el “mucho texto”, vaya. ¿Alguien recuerda 6/7?

Podrías resultar tentador traducirlo a las bravas como “primate reaccionario” o, menos abstracto, “facha online”, pero su pegada actual tiene raíces más enrevesadas: chud funciona como un término coloquial que permite diagnosticar a alguien como una “criatura de pantano”, un denostado del conflicto cultural, un individuo que reconoce que el mundo es falso y “está OK con ello”, un hazmerreír de la derecha. Todas esas clasificaciones, ahora mismo, ocurren al mismo tiempo. Lo que hay por debajo es otra fascinante historia sobre cómo se construyen identidades en el Internet de hoy.

Genealogía conocida y mutante

Un ejemplo para empezar: en un foro de videojuegos un usuario, tras detallar que tenía 37 años, relató que había oído ese insulto cuando era joven y que era una forma de llamar a alguien “algo”, pero con desprecio. Esta es la mejor manera de darse cuenta de lo importante de fondo: chud ya funciona como palabra familiar aunque sea borrosa, y es esa ambigüedad lo que la hace todavía más útil. Lo que conspira, de forma orgánica, sin un causante o centro real, a que por un lado arrastre toda una genealogía de apropiaciones y contraapropiaciones y por otro se extienda como lo hace toda la memética: como pura munición digital.

Según una explicación que circula en varios blogs, chud tendría un origen dialectal inglés anterior a Internet y vendría de la expresión ich wolde (literalmente, “yo querría" o “yo haría”), una fórmula asociada a intención o deseo. Pero el origen literal (corroborable) roza lo idílico: en C.H.U.D., película de 1984, aparece el acrónimo que significa Cannibalistic Humanoid Underground Dwellers (“humanoides caníbales que viven bajo tierra"). No hace falta ser cinéfilo o fan de la serie B para notar por qué eso es ya es dinamita como insulto: subsuelo, alcantarilla, criatura que emerge o amenaza que probablemente acabaremos aplastando con la suela de las zapatillas.

Décadas después, ya en nuestra contemporaneidad, empieza a mutar y a cambiar de contexto: chud reaparece en Chapo Trap House (popular podcast estadounidense de humor y política) para referirse a los losers de derechas, pasa su inevitable peaje por los foros 4chan y, en algún punto de la cronología, la derecha intenta reapropiárselo (con éxito limitado), mientras el término se ensancha en el mainstream como sinónimo cuasi-genérico de “perdedor”.

A partir de ahí, el término vuelve a mutar, pero esta vez en dos direcciones simultáneas. Se vuelve el centro de una disputa prolongada entre izquierda y derecha y deja de ser una evolución etimológica orgánica. Por un lado, se vuelve un comodín moral, una manera de decir esto es reaccionariosin demostrarlo. Por otro, se vuelve algo así como una estética del agraviado, del consumido en su propio cabreo. En el blog de derechas Pimlico Journal dicen que el chud se entiende a sí mismo como alguien que “viene desde abajo”, impulsado por el resentimiento, no como portador de un proyecto nuevo sino como inversión malhumorada de un orden anterior.

Casi todo el mundo podría verse identificado de alguna manera. ¿Quién no se ve a sí mismo en alguna catacumba de su propio feed con cara de Gargamel? ¿Quién no logra salir de su última obsesión online y ya le da igual? Aquí la ironía es preciosa: la palabra chud conserva su olor a cloaca original porque es el mismo que hoy relacionamos con nuestra experiencia tanto en plataformas como en Internet.

Hasta el momento, chud va más allá de alguien (o algo) “muy conservador”. Describe algo por encima, una forma de estar en la red. La sensación de que el mundo te ha sido arrebatado por un complot cultural, el “¿y ahora qué hacemos? nos matamos” y la posterior necesidad de convertir esa sensación en identidad. Por eso, cuando se cruza con términos tipo NPC (Non Playable Character, jerga de videojuego para definir a una persona robótica sin ideas propias) o charca, puede llegar a confundirnos. NPC suele nombrar a quien repite guiones como un muñeco de serie. Chud añade cierta textura: el guión se repite pero con bilis, con orgullo de estar fuera del consenso, con una estética de oposición permanente. Lejos de una simple idea, describe una realidad social y la convierte en otro personaje disponible. Uno orgullosamente antiintelectual y adicto al gruñido en corto.

Chud demuestra cómo ciertas palabras acaban transformándose en “armas blandas”. Cualquier puede hacer el test chud–normie–woke (prueba tipo test que tras responder a unas cuantas preguntas sitúa al usuario en una parte del espectro político) y comprobar dónde está ahora mismo en cuanto a tecnología social. Sí, chud ya es suficientemente popular como para tener su propio quiz, y además el dial ofrece la triada completa: Chud (resistencia), Normie (indiferencia), Woke (promoción del cambio). Ahí chud ya no es solo derecha o un reaccionario de Internet, es el fan que resiste diversidad, inclusión, cambios de canon, y lo vive como ataque a la identidad de su universo. También es un “pringado”, un “cutre” o una “persona desagradable”.

Hay una razón por la que palabras como chud circulan de esta manera y sin apenas fricciones: reducen mejor que otras. La plataforma de turno necesita que cualquiera sea legible, atacable, clasificado en una taxonomía, y este tipo de términos ejecutan ese proceso en milisegundos. Chud no necesita definición previa, solo necesita que el lector intuya que ese que ha comentado es de los otros.

El término ha atravesado los nichos y ya está en la cultura general. Con todo lo que ello conlleva: se vuelve genérico y empieza a aparecer en sitios donde nadie conoce su genealogía, abriendo la puerta a la confusión y a todo tipo de narrativas alternativas. La palabra se vuelve más fácil de usar, más difícil de definir, y por eso mismo, más eficiente como arma blanda.

Porque chud sirve para describir a una persona, pero también para producirla: si te llamo chud, te reduzco a patrón (reacción → resentimiento → consigna → pose). Si te autoidentificas como chud, te colocas voluntariamente en el mito de la criatura subterránea que viene a desenmascarar el mundo. Y si lo usas como comodín para cualquier tibio del conflicto cultural, lo que haces es acelerar una tendencia mayor: convertir la política en tipologías de consumo rápido. Procesos que parecen inofensivos, pero se extienden como la pólvora y acaban calando.

¿Es esto lo post-woke?

Pero a ver, ¿entonces chud es de derechas o de izquierdas? Técnicamente el espacio digital está lleno de usuarios deseando apoderarse de términos para nombrar al enemigo ideológico. Pero una cosa es cierta: chud se usa desde dentro de la derecha para criticar su degradación discursiva y su economía dopaminérgica. De hecho, hay razones para creer que esto es el comienzo de otro cambio: algunos hablan del chudismo (chudness) como otro virus mental capaz de entrenar a su huésped en frases cortas, muletillas y microincantaciones (véase aquí la política como un repertorio de tics), hasta que el pensamiento se vuelve un gesto de pertenencia y no una actividad palpable.

¿Le suena de algo? Pues claro. Cuando un movimiento domina la conversación digital pero no transforma el mundo material, se vuelve una hegemonía frágil (mucho ruido, poca estructura) y acaba generando su propio hartazgo, igual que ocurrió con el ciclo anterior de moralización digital o lo woke.

Pues bien, ahora que lo woke suena a pasado, a fantasma, y ha perdido su posición como centro de gravedad moral, chud es un serio candidato para sustituir al término. Huelga decir que cuando una etiqueta cae en el olvido, como woke, el deseo de etiquetar no desaparece con ella. Al fin y al cabo las etiquetas permiten situar a la persona antes de escuchar lo que dice. Estos mecanismos van de incentivos y no de ideologías como se suele pensar. Puede que ahora mismo salga rentable ser un chud: dopamina a tope, te pone que te desprecien, tick azul, desnudar a desconocidas, pocket money y que parezca que quieres que todo arda. Pero lo que ahora puede parecer otra manera de hacer carrera dentro del loop dominante puede dar paso, por desgaste, a titulares que proclamen “el fin de lo chud”.

Conclusión: por ahora, existen hasta cuatro tipos de chud distintos. Primero, está el chud como insulto político bidireccional: “reaccionario / loser de derechas” en sentido amplio. Esta s la genealogía más difundida).

Segundo, está el chud como estilo de presencia online: gruñón dado al antiintelectualismo, a las consignas repetitivas, al comportamiento dopamínico sin objetivos claros. Una mezcla activa de impotencia, performance y resentimiento. Puede rozar extrema derecha o quedarse en un reaccionarismo cultural sin intenciones.

Tercero, el chud como resentido con superioridad moral. Es la más interesante. El agravio convertido en identidad. Aquellas personas que no sólo ven que algo va mal, sino que además creen que esa percepción les otorga una exención moral, como si detectar la podredumbre las colocara por encima de cualquier obligación. Esconden un profundo disgusto moral y a su vez la incapacidad de rectificarlo.

Por último, el chud en el mainstream/fandom: “perdedor”, “persona desagradable”, “cutre”, “pringado”. También puede percibirse resistencia al cambio, a la diversidad o la inclusión. Esto puede solaparse con lo que comprendemos como extrema derecha, pero también puede presentarse dentro de un conservadurismo cultural light o derivar de una reacción identitaria dentro de ciertas comunidades.

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