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Agricultores, empleadas del hogar y de hostelería y turismo, entre los trabajadores más pobres de Cataluña

La tasa de pobreza laboral se sitúa en un 10%, lastrada por la crisis de la vivienda y el aumento del coste de vida

Un camarero en un restaurante de Vic, en una imagen de archivo. Gianluca Battista

La pobreza laboral en Cataluña, entendida como aquellas personas que pese a tener un empleo están por debajo del umbral de la pobreza, se ha ido reduciendo muy lentamente en los últimos años, pero hay muchas tensiones que impiden erradicar este fenómeno. La tasa de pobreza laboral en 2024 fue del 10%, cuatro décimas menos que el año anterior, y 4,4 puntos menos que en 2018, cuando alcanzó su máximo de la última década, según un informe del sindicato CC OO. Los incrementos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y las ayudas públicas en las últimas crisis de precios han facilitado la reducción de la tasa, pero hay algunas variables que explican por qué no baja más: la crisis de la vivienda, los contratos a jornada parcial involuntaria y la discontinuidad en el trabajo arrastran a los trabajadores a la pobreza, especialmente en los sectores con salarios más bajos: la agricultura, las empleadas del hogar y los trabajadores de la hostelería, el comercio y el turismo.

La evolución de la tasa de pobreza muestra el impacto que han tenido las subidas periódicas del SMI desde que empezó a incrementar exponencialmente en 2018. En 2014, esta tasa era del 11,4% en Cataluña y del 10,5% en España; pese a la recuperación económica de esos años, la tasa fue incrementando hasta 2018, cuando era del 14,4% en Cataluña y del 12,9% en España; y a partir de ese año, cuando empezó a subir el SMI, la tasa ha ido reduciéndose hasta el 10% de 2024 en Cataluña y el 11,2% en España. En la Unión Europea, la tasa se ha situado, en la última década, entre un 8% y un 10%, sin apenas cambios bruscos y con una leve tendencia a la baja en los últimos años.

Y muy especialmente, la pobreza laboral afecta a las actividades económicas con menores salarios: en la agricultura, ganadería y pesca, la tasa de pobreza laboral asciende al 31,5%; en el trabajo en el hogar, la tasa es del 23%; en la hostelería, del 19,3%; y en el comercio, del 14,3%.

“Por este motivo tiene que continuar incrementando el SMI. Ha habido una importante mejora salarial en las franjas más bajas, sobre todo ocupadas por personas mujeres y migrantes, y al contrario de los malos augurios de los empresarios, el incremento del SMI no ha tenido afectación en la ocupación, sino que ha generado el mayor dinamismo de nuestra economía”, ha resaltado la secretaria general de CC OO en la rueda de prensa de presentación del informe. López también ha reivindicado el esfuerzo del sindicato por reforzar los salarios en los convenios, y por implementar cláusulas de garantía salarial para que los sueldos suban en consonancia con la inflación, con el objetivo de no perder más poder adquisitivo. “Estamos viendo como va a venir una nueva escalada de precios y una nueva incertidumbre. Ya vimos tras la guerra de Ucrania como los incrementos de precios terminaron afectando a las personas trabajadoras y no a los beneficios empresariales. Las empresas aprovecharon para incrementar los márgenes empresariales”, ha señalado.

Además del coste de la vida, hay un factor que impacta de lleno en la pobreza laboral: la vivienda. Las personas trabajadoras que están por debajo del umbral de la pobreza (367.675 personas en Cataluña, según el informe) destinan el 43% de sus ingresos al alquiler, y el 43,7% a la hipoteca. En cambio, las familias que no están en situación de pobreza laboral destinan el 29% al alquiler y el 21% a la hipoteca. “Es uno de los factores más importantes de empobrecimiento. Tenemos que reclamar la intervención para topar precios e impedir especulaciones”, ha dicho López.

Otros factores que impiden reducir la pobreza entre los trabajadores son la discontinuidad en el trabajo y la parcialidad involuntaria, es decir, aquellos trabajadores que tienen una jornada parcial, y por lo tanto cobran menos, pero querrían tener una jornada completa. Según el informe, en esta situación están el 32,5% de los trabajadores. “Es uno de los principales motivos de la brecha salarial, y convive curiosamente con un exceso de horas extra no remuneradas, que en principio sería contradictorio. Esto se tiene que abordar”, ha explicado Albert Ferrer, uno de los autores del informe. Con todos estos datos, el estudio indica que el perfil más común de trabajador pobre es una mujer, de mediana edad, con un bajo nivel de estudios, que tiene un contrato temporal y parcial, que es extranjera (sobre todo extracomunitaria) y que sufren la sobrecarga de la vivienda.

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