Konstantin Grcic, icono alemán del diseño: “Mi vida y mi trabajo no serían los mismos sin Madrid”
El muniqués, premio MDF Award 2026, une artesanía e industria en sus creaciones radicales, funcionales y bellas

La silla Medici que Konstantin Grcic diseñó para la casa Mattiazzi en 2012, además de un inusual modelo bajo y reclinado, es para él una máquina del tiempo: tiene la capacidad de transportarle desde la cima del diseño industrial, coronada por premios y distinciones internacionales, hasta sus veinte años, cuando comenzó su aprendizaje como ebanista en la John Makepeace School for Craftsmen in Wood, en Dorset (Reino Unido), en 1985. “Allí descubrí el diseño como motor de creatividad”, explica en conversación con ICON este muniqués de 60 años. Cocinero antes que fraile, aprendió el arte de la artesanía en una época en la que los ordenadores estaban aún reservados para otros menesteres, y comprendió con las manos un oficio que más tarde lo llevaría a cruzar fronteras con nuevos materiales y una filosofía radicalmente funcionalista que, sin embargo, deslumbra por su belleza.

Tras su aprendizaje como ebanista, completó sus estudios de diseño industrial en el Royal College of Art de Londres, una doble formación —artesanía e industria— que le ha permitido andar y desandar una y otra vez el camino entre el artesano y el diseñador para definir el estilo de unas creaciones cuya complejidad sencilla contiene la síntesis de ambas disciplinas. Una obsesión por ir a la esencia que, dice, se remonta a la infancia: “Cuando era niño me gustaba desmontar objetos para ver cómo estaban hechos y los volvía a montar, a veces de forma diferente”.

El próximo día 19 de febrero recogerá el premio MDF 2026 en Madrid, ciudad en la que residió durante varios meses a principios de los años noventa: “Fue una etapa libre, abierta y llena de inspiración. Todo me fascinaba: el país, la cultura, el idioma, los toros, la música, la movida. Puede que suene sentimental, pero para mí esta ciudad está llena de recuerdos. Mi vida y mi trabajo no serían los mismos sin Madrid”, afirma Grcic.

En sintonía con la filosofía del Festival, el galardón reconoce, además de los méritos de su carrera, la aportación de sus ideas y de su obra a mejorar la vida cotidiana, en este caso creando objetos que, por su versatilidad, permiten participar a las personas en su función: “Mi lámpara Mayday para Flos (1998) es un buen ejemplo de un objeto sencillo que se convierte en ayudante”, explica el diseñador. Se trata de un reflector cónico unido a un asa, un gancho y un cable enrollable que se puede colgar del cabecero de la cama, poner sobre la mesa o manejar a modo de linterna. Y continúa: “Expresa algo fundamental de mi manera de pensar: está diseñada para ofrecer posibilidades, no un único uso prescrito. No le dice a la gente cómo usarla; al contrario, la invita a utilizarla a su manera, según sus necesidades”.
Una de las mayores virtudes de Grcic es su capacidad para desarrollar una idea en toda su complejidad y que el resultado final sea tan sencillo como la propia idea de partida. Es el caso de Chair_One para Magis, con una estructura inspirada en las líneas geométricas blancas y negras de los balones de fútbol. El proceso de fundición de la carcasa del asiento en una sola pieza de aluminio exigió un complejo proceso conceptual e industrial de varios años de trabajo hasta su lanzamiento en 2004. Lo que comenzó como una idea radical acabó convirtiéndose en un producto plenamente industrializado que no solo encontró su lugar en el mercado, sino que se consolidó, con el paso del tiempo, como uno de los iconos del diseño contemporáneo.

Desde que fundó su estudio en 1991, ha desarrollado una carrera vinculada a la industria y al arte, que abarca desde objetos cotidianos como cubos de reciclaje y luminarias icónicas hasta participaciones en colecciones y bienales de arte, siempre marcada por una atención radical a la función y al uso. Un trabajo reconocido con algunos de los premios más relevantes del diseño contemporáneo, entre ellos el italiano Compasso d’Oro o el German Design Award in Gold.
Tras más de treinta años de carrera, Grcic sigue encontrando la motivación en el origen y la esencia de su profesión, esa que de niño le llevaba a jugar con la construcción de los objetos: “Muchas cosas han cambiado, pero hay algo que permanece constante: la alegría de crear”.
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