Daryl Hannah denuncia su retrato en la serie ‘Love Story’ como falso y machista: “Cuando el entretenimiento toma el nombre real de una persona, puede dañar su reputación”
La ficción de Ryan Murphy retrata el romance entre la actriz y John F. Kennedy, Jr. de un modo que, según lamenta ella en ‘The New York Times’, le ha traído “mensajes hostiles y hasta amenazantes”


Cuando alguien famoso sale a desmentir una información que considera falsa, a menudo, el remedio es peor que la enfermedad. Sin embargo, a veces es inevitable, debido a lo flagrante del caso. Eso le ha ocurrido a la actriz Daryl Hannah, de 65 años, que, harta de que su imagen pública y sus romances de juventud hayan sido puestos en la palestra recientemente, ha alzado la voz. La intérprete de Splash o Kill Bill ha escrito una columna de opinión en el diario The New York Times en la que critica abiertamente la imagen de villana que se da de ella en la reciente serie Love Story.
Creada por Ryan Murphy, la serie de nueve episodios producida por FX (y emitida en Disney+) retrata la historia de amor entre John F. Kennedy Jr., hijo del presidente Kennedy y de Jacqueline Kennedy, con la publicista Carolyn Bessette en la Nueva York de los años noventa. El personaje de Hannah es principal, especialmente en los primeros capítulos —ya se han emitido seis, uno cada jueves—, puesto que mantiene una relación sentimental de ida y vuelta, entre Nueva York y Los Ángeles, con el protagonista. Sin embargo, ella afirma que ese retrato es totalmente falso y poco certero y que no es, en absoluto, como la pintan en la ficción. Y lamenta: “En la era digital, las mentiras viven online para siempre”.
En el ensayo, titulado “¿Cómo puede ‘Love Story’ salirse con la suya?“, Hannah lamenta amargamente la forma en la que se trata la historia y explica que, aunque no suele hacer caso ni responder a la cobertura mediática que se hace de su persona, esta vez no ha podido más que salir a defenderse: “La decisión de retratarla [a la propia Hannah] como irritante, egocéntrica, quejumbrosa e inapropiada no ha sido casual”. Aunque sabe que “contar una historia requiere tensión, a menudo obstáculos, una persona real no puede convertirse en un dispositivo de narración”. Además, opina que también hay una “dimensión de género” en todo ello: “La cultura popular lleva mucho tiempo ensalzando a ciertas mujeres y retratando a otras como rivales, obstáculos o villanas. ¿No es un claro ejemplo de misoginia menospreciar a una mujer para ensalzar a otra?”.

La actriz arranca con fuerza el escrito, nada menos que con una anécdota de Jacqueline Kennedy. Cuenta que la ex primera dama de Estados Unidos le dio una vez un consejo que le dio consuelo, pero que ya no sirve: “Me dijo que, aunque los tabloides, las revistas y los periódicos a menudo vendían mentiras ridículas, al día siguiente no servían más que para forrar la jaula de los pájaros”. Pero hoy ya no es así. “Un retrato dramatizado puede convertirse, para millones de espectadores, en la versión definitiva de la vida de una persona de verdad”.
Según cuenta, ese personaje llamado “Daryl Hannah” —a la que califica así, en tercera persona y entre comillas— no es “una representación ni remotamente precisa” de su vida o de su relación con el hijo de Kennedy, que falleció junto a Bessette y la hermana de esta, Lauren, en un accidente de avioneta en julio de 1999. “Nunca en mi vida he consumido cocaína ni he organizado fiestas llenas de cocaína. Nunca he presionado a nadie para casarme. Nunca he profanado ninguna reliquia familiar ni me he entrometido en el recuerdo privado de nadie. Nunca he filtrado ninguna historia a la prensa. Nunca comparé la muerte de Jacqueline Onassis con la de un perro. Me parece espantoso tener que defenderme de una serie de televisión. No se trata de adornos creativos de la personalidad. Son afirmaciones sobre mi conducta, y son falsas”, lamenta, alto y claro.
Ella misma sabe que es actriz y que eso la sitúa en el ojo público, algo que la ha hecho ser objeto de mentiras antes, algo que siempre había obviado, pero nada como esto. Como explica, el hecho de que mucha gente vea una dramatización que, al fin y al cabo, usa su nombre real, hace que haya “consecuencias en la vida real”. Eso la ha hecho recibir “mensajes hostiles y hasta amenazantes” de espectadores que creen que los hechos retratados son del todo reales. “Cuando el entretenimiento toma el nombre real de una persona, puede dañar su reputación de manera permanente”. De ahí que haya decidido hablar ahora, no vaya a ser que su silencio “se confunda con aceptación de las mentiras”: “Aparentemente, mi discreción me convierte en objetivo”.
La actriz afirma que su trabajo, mucho más que en estar ante el ojo público, está centrado en los documentales, así como en la terapia con animales y en la ayuda a mayores con demencia y alzhéimer. De ahí que sus palabras no sean una cuestión de egolatría, afirma, sino de que su reputación se mantenga a salvo para seguir haciendo “el trabajo cargado de significado” que tanto quiere.
En las últimas semanas, desde que se estrenó a mediados de febrero, Love Story se ha convertido en una de las series más comentadas de la saturada parrilla televisiva. Su retrato de dos personajes hipnóticos, mezclados con el paisaje de una Nueva York noventera, anterior a la vida de internet, con unos estilismos absolutamente cuidados, ha fascinado a millones de personas. Pero su gran alcance ha hecho que algunos de los retratados hayan alzado la voz en su contra. En una reciente entrevista con la cadena CBS, Jack Schlossberg, hijo de Caroline Kennedy y, por tanto, sobrino de JFK, Jr., también criticó la serie. “Si quieres conocer a alguien que nunca ha conocido a nadie de mi familia, que no sabe nada sobre nosotros, habla con Ryan Murphy”, comentó sobre el creador de la misma. “Ese tipo no sabe nada de lo que está hablando y está ganando muchísimo dinero con una grotesca representación de las vidas de otros”.
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