Eddie Murphy explica por qué abandonó los Oscar de 2007: “Había perdido y la gente no dejaba de acercarse a mí y darme palmaditas”
El intérprete, nominado a mejor actor de reparto por ‘Dreamgirls’, ha recordado cómo vivió aquella noche y asegura que llevarse la estatuilla no es solo cuestión de arte, también de “la campaña, tu pasado y qué te deben”


Eddie Murphy (Brooklyn, 64 años) ha encarnado durante décadas una de las grandes contradicciones de Hollywood: es uno de los actores más conocidos, una superestrella del cine comercial e icono de la industria, pero, al mismo tiempo, ha mantenido una relación esquiva y crítica con los premios Oscar, el máximo galardón del cine, y con todo lo que rodea los Premios de la Academia. El actor ha recordado ahora algo que sucedió hace casi dos décadas, en los Oscar de 2007, que marcaron para él un antes y un después.
Su única nominación a una estatuilla, a mejor actor de reparto, llegó en 2007 por su papel en Dreamgirls. Esa noche no consiguió el preciado galardón, lo que derivó en uno de los capítulos que más se recuerdan de la entrega de estos premios —bofetada de Will Smith aparte—: su salida precipitada de la cita más importante del cine. Aprovechando la promoción de su documental Soy Eddie, en Netflix, Murphy ha relatado lo que ocurrió en aquella noche de febrero. “Lo que pasó fue que estaba en los Oscar, había perdido y la gente no dejaba de acercarse a mí y darme palmaditas en el hombro”, ha explicado en una entrevista con Entertainment Weekly
Todo acabó por explotar tras un gesto inofensivo de un compañero de profesión. “Clint Eastwood vino y me frotó el hombro. Y yo le dije: ‘No, no, no voy a ser este tipo toda la noche. Vámonos’. No salí hecho una furia, pero pensé: ‘No voy a ser el tipo compasivo toda la noche”, recuerda. Y eso que él ya tenía en mente que ese no iba a ser su gran día. Fue el actor Alan Arkin quien se hizo con el Oscar por su participación en Pequeña Miss Sunshine, algo que él ya había vaticinado meses atrás: “El productor me invitó a verla seis meses antes de que se estrenara en cines. Literalmente vi la película y vi a Alan y le dije [al productor]: ‘Esa interpretación es una de esas interpretaciones que le robarán el Oscar a alguien’. Dije exactamente esas palabras. Y luego me lo robó a mí”.

En la citada conversación con el medio estadounidense ha admitido que le costó entender que hacerse con el prestigioso premio es más “arte que ciencia”. “No se trata de: ‘Haces esto, haces aquello y ganas el Oscar’. No, son todas esas cosas intangibles que conlleva ganar: la campaña, tu pasado, qué te deben y esas cosas. Todo eso entra en juego cuando ganas un Oscar”, explica.
Este tema también lo aborda en el documental estrenado en Netflix, en el que habla de sus sentimientos sobre prepararse para el gran día y marcharse de la cita con las manos vacías. “Lo importante para mí es vestirme y acudir al evento, porque normalmente no iría a las entregas de premios. Cada vez que pierdo, pienso: ‘Estos cabrones me hicieron venir. Podría haber perdido en casa. Voy con el esmoquin. ¡Qué pérdida de tiempo!”, afirma en el proyecto con la plataforma de streaming.
Su marcha precipitada de la entrega de los Oscar también dio que hablar porque se perdió el premio que recibió su coprotagonista Jennifer Hudson como mejor actriz de reparto. Tampoco disfrutó de la actuación de sus compañeros por su nominación a mejor canción original.
Desde entonces, no ha vuelto a ser nominado a ningún Oscar, aunque sí que ha seguido manteniendo cierta vinculación con los premios. Por ejemplo, en 2011 fue elegido para ser el maestro de ceremonias de la edición de 2012, pero renunció meses antes de la cita tras la dimisión de Brett Ratner, el que iba a ser coproductor del evento. Cuatro años después, en 2015, asistió a la gala junto a su pareja Paige Butcher. Desde entonces, no se ha dejado ver en la cita más esperada del cine.
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