Buñuelos de pan, cuando la miga de ayer se convierte en un cremoso dulce
Pura cocina de aprovechamiento, para preparar el dulce sólo se necesitan unos pocos ingredientes básicos y algo de paciencia y pericia

Mi infancia huele a canela y tiene la textura de un jugoso buñuelo de pan dulce bañado en leche infusionada. Mi abuela Ángeles preparaba este postre que entra dentro de la categoría de repostería de posguerra, de aprovechamiento, de reinvención, de hacer maravillas con cuatro ingredientes de andar por casa. Esa capacidad de transformar lo cotidiano en extraordinario en tiempos de necesidad.
Hablamos del sur de Cantabria, donde siempre ha habido unos panazos impresionantes con bien de miga y una corteza tersa. Entre las muchas preguntas que nunca le hice a mi abuela sobre estos buñuelos que yo devoraba están el origen de este postre, quién le enseñó la receta que conservamos, si usó siempre los mismos ingredientes o si nacieron vinculados a alguna festividad. Ella los cocinaba desde pequeña y en cualquier época del año.
Ya sabemos que España es tierra de buñuelos, los hay de todo tipo de masas y rellenos. Como contó el bueno de Jorge Guitián en este artículo son típicos sobre todo en Semana Santa o en Todos los Santos según el punto del país en el que te encuentres. Así que en esta Semana Santa podemos abrazar un tipo de buñuelo diferente, el que hacía mi abuela con miga de pan duro, leche, huevos, cítricos y azúcar.
No son muy habituales, pero hay algunas recetas con prácticamente los mismos ingredientes y elaboración. Por ejemplo, la juanguila de La Rioja, los buñuelos tontos lebaniegos en Cantabria, las chulas gallegas, o los borrachinos de la Montaña Central de Asturias que apuestan por un hervor final en vino blanco con azúcar. Un buen punch, este último. Repostería sencilla pero nada simple: en la receta que nos ocupa es fundamental tener un buen pan. Es sacrilegio usar esas barras que a media tarde se convierten en chicle. Un poquito de por favor.
Dificultad: El grado de pericia al bolear masa con dos cucharas
Ingredientes
Para unos 10 buñuelos
- La miga de una hogaza de buen pan de hace dos o tres días y de tamaño medio, unos 150 gramos
- 1 litro de leche entera
- 2 huevos
- 100 g de azúcar
- 1 limón
- 1 naranja
- 2 ramas de canela
- Aceite de oliva o girasol para freír
Instrucciones
Sacar la miga del pan, desmenuzar y reservar en un bol.
En una cazuela poner la leche, la piel del limón y de la naranja y las dos ramas de canela. Cocinar a fuego medio-bajo unos diez minutos, hasta que haga un fino chup-chup. Retirar del fuego y añadir el azúcar, disolverlo y tapar para que infusione.
Cuando la leche esté templada, colarla y poner algunas cucharadas sobre las migas de pan. No hay que pasarse con la cantidad, solo la leche necesaria para que las migas se empapen.
Añadir los dos huevos batidos. Lo has hecho bien hasta este punto si en el recipiente no sobra líquido y las migas han absorbido la leche y los huevos por completo y tienes una masa esponjosa.
Calentar una buena cantidad de aceite en una sartén o en un cazo a fuego medio-alto. Ahora viene la pericia. Con una cuchara sopera coger masa, y con otra cuchara sopera irla boleando como si fueran croquetas. Freír hasta que esté bien dorada, retirar a un plato con papel absorbente y repetir el proceso hasta terminar con la masa.
Poner en una cazuela la leche que ha sobrado a fuego lento, revolviendo para que no se nos pegue (que lleva azúcar y hay ese riesgo). Queremos que la leche tenga una textura cremosa, que cuando metamos una cuchara, se quede una fina capa de leche en ella.
Poner los buñuelos en la leche, que sigue a fuego lento, y dejar que se cocinen unos cinco minutos, removiendo de vez en cuando para que la leche no se pegue.
Servir dos o tres buñuelos en un plato hondo y cubrir de leche. Lo mejor es comerlos templados; si es de un día para otro, mejor.
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