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La última táctica de la industria de la cerveza en redes sociales: pagar a médicos, enfermeros o dietistas

La Asociación de Usuarios de la Comunicación denuncia ante Sanidad a Cerveceros de España y a varios influencers con perfil sanitario por una campaña que vincula el consumo de cerveza con la salud

Si te dicen que es saludable, mientenKlaus Vedfelt (Getty Images)

La industria del alcohol lleva años queriendo vender que la cerveza baja el colesterol, es beneficiosa para la salud cardiovascular, aumenta la fertilidad masculina o puede proteger la salud ósea, según diferentes estudios patrocinados por entidades creadas por –sorpresa– la misma industria. En el último de estos intentos, la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) ha denunciado a Cerveceros de España por lanzar una campaña publicitaria que vincula de nuevo el consumo de cerveza con la salud.

Las denuncias, presentadas ante el Ministerio de Sanidad, documentan cómo la entidad que agrupa a las principales empresas productoras de esta bebida han cooptado a “personas reconocibles como expertas en salud” con destacada presencia mediática para relacionar el consumo de cerveza con beneficios sociales y culturales. Creadores de contenido con miles de seguidores en redes sociales y un marcado perfil sanitario, transmitiendo a la población que no beber es de sosos, que no pasa nada por tomar alcohol con moderación, que la cerveza forma parte de la dieta mediterránea o es un inocuo lubricante social, junto a otras afirmaciones tan falsas como peligrosas.

Las dos denuncias de la AUC ante Sanidad señalan a siete influencers que han participado en la promoción: el dietista Pablo Ojeda, la médica Sara Marín, la enfermera Cristina Polanco, el doctor en Ciencias del Deporte Alberto Ortegón, el bioquímico e investigador Álvaro Carmona y los enfermeros Sergio Castaño Jiménez y Rafael Marín Aguilera. Los escritos recogen ejemplos concretos de su implicación en la campaña, y no son la primera acción formal de la AUC al respecto. También subrayan que se omiten los efectos perjudiciales de su ingesta y se utiliza la figura de autoridad del médico, el dietista o el enfermero para promover su consumo.

Una peligrosa falacia

Estos influencers han enarbolado unos mensajes que “asocian el consumo de cerveza con la dieta mediterránea y con valores relacionados con el estilo de vida saludable, el equilibrio, la flexibilidad, lo emocional y la amistad”, mientras presentan “de forma negativa la abstinencia de su ingesta, asociándola a la obsesión, la rigidez o la falta de calidad de vida”. La realidad es que según la evidencia científica disponible, no existe un nivel de consumo seguro de alcohol y lo único que evita sus efectos perjudiciales es no consumirlo.

Así lo recogen tanto el Ministerio de Sanidad, en un extenso documento técnico elaborado en 2020, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe publicado en 2024. El mismo Ministerio, consultado respecto a esta campaña, reafirma que “el consumo de alcohol es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades no transmisibles o crónicas. Se trata de un tóxico adictivo y cancerígeno asociado a más de 200 problemas de salud, así como a problemas sociales, sin que exista ningún nivel de consumo que sea seguro”. Más claro (y mejor), agua.

Desde Sanidad también recuerdan que “ningún profesional de la salud o institución debe recomendar el consumo de alcohol para mejorar la salud”. Los influencers sanitarios tienen una especial responsabilidad como prescriptores de opinión. Su proyección, visibilidad y relevancia les obliga a ser extremadamente cautelosos con los mensajes que lanzan y las colaboraciones comerciales que engrosan su cuenta corriente. Este es el quid de la cuestión: la gravedad, y posible ilegalidad, de la campaña no está (solo) en su discurso falaz, sino en que los fabricantes de cerveza han comprado la credibilidad de profesionales de enfermería, farmacia, nutrición y deporte para difundirlo.

“Buscamos perfiles como el tuyo”

La elección de estos perfiles no es casual; tampoco la línea argumental, que está bien documentada por la propia asociación Cerveceros de España en su Informe del sector del 2024. La génesis de esta acción promocional tiene tres ejes: la pretendida mediterraneidad de la cerveza; la insistencia en el “equilibrio” y la “moderación” –trasladando así toda la responsabilidad a los consumidores– , y el interés por vincular su ingesta a los encuentros sociales o a las prácticas deportivas. ¿Los eslóganes de esto último? “Conectar nos da la vida” y “El tercer tiempo nos da la vida”. Mucho vitalismo, pero ni rastro de los datos del Plan Nacional sobre Drogas, que muestran que el alcohol es responsable del 3,3 % de las muertes en España.

La campaña cervecera comenzó en la primavera de 2025 y se prolongó casi hasta final de año, cuando la Asociación de Usuarios de la Comunicación presentó reclamación y denuncias. Se desarrolló gracias a la cooptación de influencers con dos características indispensables: que su profesión y contenidos estuvieran centrados en el ámbito de la salud y que tuvieran una masa crítica de seguidores. Este es el mensaje que recibió uno de los invitados a participar, que prefiere mantener el anonimato:

“Estamos organizando una nueva edición del evento sobre Dieta Mediterránea, impulsado por la Asociación de Cerveceros de España, y nos encantaría contar contigo, ya que creemos que tu perfil encajaría genial para esta colaboración. Se trata de un encuentro con enfoque en nutrición, salud y bienestar, donde asistirán expertos como nutricionistas, psicólogos y periodistas gastronómicos, todo acompañado de una experiencia gastronómica y cata de cervezas. ¿Qué buscamos? Perfiles como el tuyo (nutrición, salud o deporte) que quieran compartir la experiencia en su Instagram a través de un reel (y opcionalmente stories), ayudando a difundir el mensaje de que llevar una vida saludable es también saber disfrutar con equilibrio”.

La colaboración, desde luego, era remunerada. Nuestra fuente rechazó participar en la campaña por considerarla antiética e ilegal, una perspectiva que comparten los especialistas del departamento jurídico de la AUC, que añaden en su denuncia una extensísima fundamentación legal contra lo que definen como “publicidad ilícita”, tanto por el tipo de mensaje como por quienes cooperan en su difusión.

Eliminar el contenido no evita el daño

Ambas denuncias están precedidas por una reclamación presentada el 31 de octubre ante Autocontrol, el organismo que conforman anunciantes, agencias y medios de comunicación para fomentar la publicidad honesta, legal y responsable. Dicha reclamación documenta la participación del enfermero Héctor Castiñeira y detalla que, desde la autoridad que le confiere su profesión, “menciona positivamente a la cerveza, afirmando que puede formar parte de un estilo de vida basado en el equilibrio físico y mental y en el cultivo de la amistad, omitiendo los perjuicios que para la salud pueden derivarse del consumo de esta bebida alcohólica, incluso con un consumo moderado”.

En esto se han basado para requerir el cese de la campaña, “sin menoscabo de las sanciones administrativas o acciones judiciales que pudieran corresponder” por las infracciones cometidas. “La reclamación que presentamos ante Autocontrol se cerró con promesa de cese, tanto por parte de Cerveceros como por parte del influencer [Héctor Castañeira] y el post ha sido eliminado”, explica María Esperanza Rodríguez, responsable del Departamento Jurídico de la AUC. Sin embargo, suprimir una publicación no enmienda el daño causado a sus destinatarios. Aunque hoy ya no esté disponible, su mensaje alcanzó a miles de personas que no pueden ‘desver’ lo que ya han visto.

En cuanto a las denuncias, el Ministerio de Sanidad aún no ha emitido resolución. “Lo sabemos por dos motivos”, detalla Rodríguez; “primero, porque no nos han comunicado nada y segundo, porque hemos comprobado que todas las publicaciones de los influencers siguen activas”. A día de hoy (uno de marzo) aún se pueden ver. A esto hay que sumar los artículos publicados en medios de comunicación que se hicieron eco de las declaraciones de los sanitarios reproduciendo, punto por punto, los postulados de la campaña. En estos casos, la audiencia reconoce a los personajes pero desconoce la existencia de los guionistas.

Del jolgorio de la fiesta al silencio clínico

La ligereza, el ambiente festivo, la apelación a nuestra cultura y la comensalidad que rodea la campaña no borra el hecho de que incentiva el consumo de una sustancia adictiva, apelando a la responsabilidad individual. Un oxímoron que nos haría llevarnos las manos a la cabeza si en lugar de una droga legal hablásemos otras sustancias de marcado carácter adictivo: “La cocaína, siempre con equilibrio”. ¿A que ya no suena tan inocente?

Como indica Jesús Sánchez, director de la Fundación Centro de Solidaridad de Zaragoza - Proyecto Hombre, son precisamente la cocaína y el alcohol las dos sustancias que llevan a más gente a buscar ayuda en su entidad. El segundo tiene una particularidad: la normalización social de su consumo. En España, más del 76 % de la población ha bebido alcohol en alguna ocasión durante el último año, y no precisamente poco. Según los registros de la OMS, en nuestro país se consumen anualmente 11,7 litros de alcohol puro por persona (traducido en cervezas, unos 230 litros) frente a los 7,4 litros de alcohol puro per cápita que se beben, por ejemplo, en Rusia. No es que bebamos como cosacos; les superamos.

Estos niveles de consumo pasan inadvertidos muchas veces. “Hay un silencio clínico elevado y se tarda mucho en detectar el problema. Hoy estamos tratando pacientes con patología alcohólica que empezaron a tener problemas hace más de 15 años”, relata Sánchez. “Son personas de 45 años en adelante. Al preguntar a un paciente cuánto bebe la respuesta habitual es ‘lo normal’”. Lo “normal”; un baremo tan íntimo, variable e impreciso como lo que se puede entender por “moderado”, tiene reflejos muy concretos en la realidad, como la ubicuidad de los puntos de venta y las recaídas de quienes intentan dejarlo. “En países del Norte de Europa solo se vende alcohol en establecimientos específicos con horario de apertura y cierre. En España hay alcohol hasta en las gasolineras”, compara.

Para el director de la fundación, esta normalización retrasa el momento de pedir ayuda y prolonga los problemas de la adicción alcohólica, que “afecta a todos los ámbitos de la vida personal y familiar, con separaciones, divorcios o violencia”. A su vez, “dificulta la recuperación una vez se abandona la terapia, porque conseguir alcohol es facilísimo y no conlleva reprobación social”. El éxito terapéutico ronda el 40 %. Por ello, en su opinión, no hay que perder de vista que el “triángulo de la adicción” está conformado por la persona, la sustancia y el entorno. “También hay que trabajar con el entorno”, dice. Eso incluye las recomendaciones sanitarias, la avaricia personal, la voracidad comercial y la publicidad.

El daño a la población y a las profesiones sanitarias

¿Qué opinan los colegios profesionales sobre este tipo de colaboraciones para promocionar el alcohol? Hemos preguntado a los representantes de las distintas profesiones sanitarias. El Consejo General de Colegios Oficiales de Enfermería de España ha sido tajante en su respuesta: “Participar en campañas publicitarias o promocionales que presenten el alcohol, incluida la cerveza, como compatible con la salud o con estilos de vida equilibrados supone una grave irresponsabilidad y un riesgo para la salud pública”. Desde el punto de vista ético y deontológico, “dichas conductas son completamente inaceptables y pueden conllevar asociadas sanciones deontológicas, dado el potencial impacto negativo sobre la población y la credibilidad profesional”.

Por su parte, el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas añade que “asociar efectos saludables a las bebidas alcohólicas con fines promocionales o publicitarios es contraria al ordenamiento jurídico, al existir una prohibición específica en el artículo 4.3 del Reglamento (CE) nº 1924/2006”, precisa. Esta prohibición se aplica a cualquier forma de comunicación comercial, incluidos los anuncios y el etiquetado. Además, recuerda que los profesionales sanitarios deben guiar su actuación por la evidencia científica, que es clara al señalar que el alcohol conlleva riesgos para la salud en cualquier cantidad.

En la misma línea, la Asociación Nacional de Dietistas (ASNADI) expone que sus estatutos obligan a promover hábitos saludables basados en evidencia y a evitar conflictos de interés, lo que excluye la promoción de productos insanos como el alcohol. “Consideramos que la participación de cualquier profesional de la salud en promocionar alcohol es un peligro por tratarse de un tóxico. La sociedad puede cambiar su percepción ‘relajando’ el cuidado de la salud”, dice, y añade que la asociación puede posicionarse públicamente ante estos casos y aplicar sanciones, incluida la expulsión.

¿Podrían también denunciar a las empresas promotoras? “Luchar judicialmente contra estas empresas tan grandes en muy difícil, aunque no descartaríamos este tipo de acciones si nos acompañan otros gremios. En alguna ocasión lo hemos propuesto, pero la respuesta no ha sido positiva”, reconocen en ASNADI. A propósito de negativas y silencios, ni el Consejo General de Colegios Farmacéuticos ni la Organización Médica Colegial contestaron a nuestras preguntas. Tampoco la asociación Cerveceros de España, que ha declinado responder.

El aura de la dieta mediterránea

La polémica campaña, además de insistir en el bienestar social y la responsabilidad individual, vincula la cerveza con la dieta mediterránea. Persigue su aura —igual que muchos productos alimenticios insanos y bebidas destiladas de alta graduación alcohólica, por cierto— porque es un eslogan cuyo uso no está sujeto a la legislación alimentaria. Esto es: se trata de una expresión vacía que a la gente le suena bien, tiene buena prensa y, además, sale gratis. Lo que se pretende es que tomarse una cerveza quede enmarcado en un estilo de vida que incluye el disfrute colectivo y el consumo equilibrado y saludable.


Estas ideas también se han utilizado (y utilizan) como reclamo para el vino, una bebida que sí forma parte de esta dieta y que, a la luz de la evidencia científica actual, es su punto más débil. Sin embargo, la cerveza no está incluida. Aunque Cerveceros de España señala que sí en su Informe de 2024, el artículo académico en que se basa para afirmarlo no menciona ni una vez esta bebida. Al contrario: documenta con claridad el “consumo moderado de alcohol, principalmente vino, durante las comidas”, y solo hay una línea, una mención genérica donde se lee “otras bebidas fermentadas”, que bien podrían ser kéfir, kombucha o sidra, porque no se detalla cuáles son.


A su vez, basta una somera revisión de los postulados mediterráneos originales –el famoso estudio de los 7 países y las dos obras divulgativas escritas por el padre putativo del tema mediterráneo, Ancel Keys, junto a su esposa, Margaret Haney–, para darse cuenta que la palabra “cerveza” es tratada más como ejemplo de antimediterraneidad que otra cosa. Es más, en el último libro del matrimonio Keys, publicado en 1975 y traducido al español por la Fundación Dieta Mediterránea, la cerveza aparece mencionada pocas veces y en situaciones algo curiosas. Por ejemplo, para comentar que las botellas de cerveza vacías se emplean en los países mediterráneos para embotar conservas de tomate casera, o para hacer saber que la bebían los leñadores finlandeses después de una sesión de sauna, acompañada con una tostada de pan untada con una capa de mantequilla de un centímetro de grosor.


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