¿Mosto con gas? Un joven de 27 años de La Rioja crea el refresco Mostea como alternativa al alcohol
Esta bebida con alma riojana está pensada para la nueva demanda de bebidas sin alcohol. Ya se vende en bares y supermercados del norte de España


“Ni mi padre tiene una bodega, ni mi abuelo viñas”, dice Miguel Lucea, el creador del mosto con gas Mostea. Este joven riojano de 27 años explica que el vino no ha estado presente en su vida más allá de haber sentido orgullo de su tierra cuando alguien en el extranjero hablaba de los vinos de Rioja. “A los 17 años me fui de España. Primero a Reino Unido y después Luxemburgo, donde estudié Relaciones Internacionales y Filosofía”, recuerda. Durante esos años, trabajó para diferentes organizaciones, participó en voluntariados e incluso llegó al Parlamento Europeo, donde trabajó en la Unidad de Desarrollo y Formación. “Pero toda la parte burocrática me decepcionó y después de más de siete años fuera de casa decidí regresar porque en España es donde mejor se vive”, dice riendo.
A su vuelta, con toda la experiencia de convivencia en el extranjero rodeado de diferentes nacionalidades, se le ocurrió abrir el primer coliving de La Rioja. Y se empeñó en erigirlo en un pueblo de 35 habitantes llamado Sojuela, con la idea de traer a jóvenes que trabajaran en remoto, esa nueva especie llamada nómadas digitales que engloba profesiones como programadores, diseñadores o ingenieros. “Solicité una ayuda de proyectos piloto y emblemáticos para el reto demográfico y me lancé a convencer a alguien de la mucha gente que había conocido por ahí, para que se mudara conmigo, aunque fuera solo un trimestre, y consiguieramos desarrollar la misma comunidad internacional que podíamos encontrar en Dublín, pero en un pueblo de 35 habitantes”. En septiembre de 2023 lo inauguró.

Cuando Lucea regresó a casa, también se encontró con una realidad que desconocía: “La crisis del vino en La Rioja. Por un lado, los agricultores en el bar del pueblo quejándose del campo, de que no les pagan la uva y del exceso de producción de la misma. Y por otro, los jóvenes internacionales del coliving, cada vez bebiendo menos alcohol y buscando alternativas al vino entre semana”. Uniendo ambas posturas, y sin provenir de una familia de bodegueros ni expertos en vino (sino de funcionarios), tan solo observando su entorno, pensó que si sobraba uva y había una demanda creciente de bebidas sin alcohol: “¿Por qué no hacer algo más con la uva?”. Y buscando respuestas llegó al mosto, un producto con tradición, con una imagen “muy viejuna, muy aburrida, con mucho margen de modernizar”.
Hasta llegar a la actual lata, que ya se puede encontrar en bares y algunos supermercados -entre ellos, los Carrefour de la cornisa cantábrica, de Asturias a Navarra-, el proceso no fue fácil. Comenzó planteándose hacer todo desde cero, desde la viña a la fábrica, pero pronto descubrió que era inviable por los elevados costes. “Entonces fui a buscar a quienes se dedican a la venta de refrescos y descubrí que hacían tanto sus marcas como otras y podría trabajar en una receta nueva con ellos”.
Encontró tres empresas en España que se dedicaban a eso: “Dos multinacionales que pertenecen a grupos de inversión y un señor que empezó hace 20 años con el boom de las bebidas energéticas fabricando marcas propias a discotecas de Baleares. Le conté que quería hacer mosto con gas en lata y le debió de parecer curiosa la idea porque me dijo que me ayudaría y que apostaría por ello”. Con un mosto que eligió de una empresa de Aragón, trabajaron durante meses juntos la receta para equilibarlo con el gas, evitar la fermentación y garantizar la estabilidad. “Después de varias pruebas, dimos con la fórmula evitando aromas artificiales y priorizanso lo natural”. Como se puede leer en la lata, es mosto con gas sin azúcares añadidos, solo los presentes en el zumo. “Tardamos cuatro meses en conseguir la homologación de la receta por parte de Sanidad. Si fuera una energética, por decir un refresco sobre el que se trabaja mucho, habría sido más rápido porque ya saben de qué va el tema. Sin embargo, esto se les hacía nuevo”, cuenta.
Tras producir 250.000 latas, comenzó el lanzamiento puerta por puerta en bares de La Rioja; luego entraron distribuidoras que se encargaron de la logística y han llegado a Zaragoza, Burgos, Valencia y Barcelona. “Pero cuando entramos en supermercados y descubro que se vende en un Carrefour de Gijón me emociona que guste, que no sea algo local de lugares donde el mosto está más arraigado”, añade.
Este mosto con gas aterriza en un momento en el que las nuevas bebidas NoLO (sin alcohol o con baja graduación) comienzan a tener un nicho importante de mercado. “Por un lado está el vino sin alcohol, que aún está poco desarollado, por otro la kombucha, que te encanta o la odias, y luego están los refrescos tradicionales, que son nuestra competencia más directa”, cuenta. Su objetivo es ser popular y el precio que ha puesto es de 1,50 euros cada lata.

A Miguel, que cerró el coliving el pasado diciembre porque “no daba a basto”, le gustaría terminar como empezó su sueño: produciendo el mosto directamente en La Rioja. “Pero para eso hay que convencer a los agricultores, que tristemente no me querían vender uva para algo que no fuera vino, incluso pagando más. Pero ahora que ven que el producto es real, lo miran con otros ojos y comienzan a interesarse al ver que igual es una solución. Y esa es la gran aspiración del proyecto, aparte de aportar bebidas sin alcohol, dar solución al problema del desperdicio de uva que existe aquí, en más partes de España y en otros lugares de Europa”.
La historia del emprendimiento de Miguel Lucea evidencia que en el interior de estas latas hay algo más que una bebida. En una región construida históricamente alrededor del vino, este proyecto pone sobre la mesa la pregunta de qué hacer con la uva cuando ya no todo el mundo quiere beberla como siempre.







































