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Rioja Alavesa: entre Trump y el bajo consumo

El sector vitivinícola de la comarca busca abrir nuevos mercados para sortear los aranceles de EE UU y adaptarse a las tendencias de la demanda global

Los problemas se acumulan en las bodegas de la Rioja Alavesa. A la caída del consumo de vino a escala global se han sumado los aranceles del 15% impuestos por Estados Unidos, en un contexto de falta de relevo generacional y aumento de costes, además de los efectos que el cambio climático está ocasionando en las viñas. Y podríamos citar también el descontento en la comarca con la estrategia del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja a la que la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA) acusa de priorizar “la producción masiva y los intereses de las grandes distribuidoras sobre las bodegas pequeñas y tradicionales”. Las bodegas de la Rioja Alavesa dentro de la denominación han pasado de 358 en 2015 a 262 en 2023, según datos de ABRA. Son los tiempos más complicados que se han vivido en la historia reciente del sector vitivinícola alavés. Y para colmo, en esta última campaña las vides se han visto afectadas por la enfermedad del mildiu. “Tocado pero no hundido, este sector nunca va a estar hundido”, en palabras recientes del viceconsejero de Alimentación y Desarrollo Rural del Gobierno vasco, Raúl Pérez Iratxeta.

Lo último han sido los aranceles de Donald Trump, aunque todavía es pronto para saber cuál será la dimensión del golpe. El Ejecutivo autonómico calcula una caída de ventas de entre el 22% y el 25%; entre 7 y 10 millones de euros en pérdidas. Estados Unidos es el segundo país que más vinos de la Rioja Alavesa importa, tras el Reino Unido. Muchas bodegas alavesas han adelantado pedidos a lo largo del último año, pero, con el 15% de aranceles ya establecido, hay diferentes estrategias desplegadas. Una de ellas pasa por buscar nuevos mercados internacionales. Bodegueros de la comarca alavesa han viajado este año en misiones comerciales a México y Japón. Se habla también de aumentar la presencia en Canadá. “Lo que pasa es que puede que logres un mercado nuevo, pero es prácticamente imposible que asuma las caídas que hubo con el Brexit en el Reino Unido o ahora en Estados Unidos”, matiza Iker Madrid, de Bodegas Casa Primicia, en Laguardia. Por eso, no hay que dar por perdida la batalla en Estados Unidos. El Gobierno vasco plantea campañas para concentrar esfuerzos en estados como California, Nueva York o Massachusetts.

Norteamérica no está perdida

Juan Luis Cañas, referente del vino en España, explica que sus bodegas se han lanzado a la búsqueda de nuevos mercados dentro de Estados Unidos, en aquellos lugares donde no existe una referencia previa del precio de sus vinos. “En lugar de tener solamente un importador, le hemos pedido permiso para buscar directamente distribuidores en zonas donde no trabajamos mucho con él”. Estados Unidos no es uno de sus principales mercados y Cañas prevé que podrán vender más. Javier Ruiz de Galarreta, CEO del grupo exportador Araex, también cree que “queda mucho camino” por recorrer en el país norteamericano: “España tiene el 8% del volumen de las importaciones de vino embotellado frente al 40% de Italia o el 21% de Francia”.

El impacto de los aranceles de Trump ha llegado en pleno descenso del consumo del vino. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino, en 2024 el consumo a escala mundial cayó un 3,3% y se sitúa en la cifra más baja desde 1961. Los nuevos hábitos están girando la atención a los vinos blancos; ahora mismo se les dedica una de cada 12 hectáreas de cultivo en Álava. El mercado reclama vinos más afrutados, más frescos y con menos graduación alcohólica. Los más carnosos y potentes no están tan de moda. “Es increíble lo que puede repercutir bajar medio grado, de 14,5% a 14%, o de 14% a 13,5%; es algo que lo estamos trabajando y cada vez investigando más”, explica Cañas. Otra de las vías es la de plantar a mayor altitud. “Las últimas plantaciones a las que nos hemos animado han sido en las faldas de la Sierra Cantabria, a 800 metros de altitud”, comenta Iker Madrid. Una barrera montañosa que protege a las vides del estrés hídrico y las temperaturas cada vez más cálidas por efecto del cambio climático, que está complicando la elaboración de los vinos: la uva madura antes y con más azúcar y los vinos presentan mayor graduación alcohólica.

José Ignacio Junguitu, enólogo y consultor en comunicación, considera que la Rioja Alavesa tiene “que pelear por el mercado de los vinos buenos, no el de las cantidades”. Es la estrategia que están siguiendo muchas bodegas alavesas, entre ellas, “proyectos muy nuevos de gente que se ha formado o que ha salido fuera, que están en una comercialización importante y están vendiendo a precios con valor”, explica Junguitu. En la Rioja Alavesa, la diferenciación, incluso dentro de la propia marca Rioja, se cita como otra de las claves. El enoturismo puede ser además una alternativa para intentar suplir la caída de ingresos por la venta de vinos. Paralelamente, el Gobierno vasco y la Diputación de Álava han desplegado varias líneas de ayudas económicas y planes para proteger no solo al sector, sino a toda una comarca en la que, por ejemplo, hay un problema de escasez de vivienda que dificulta el relevo generacional y la capacidad para atraer trabajadores de otros lugares.

Universidad del vino en Laguardia

De la mano del Basque Culinary Center, Álava va a acoger el EDA Drinks & Wine Campus, un centro universitario con sedes en Vitoria y Laguardia dedicado al mundo de las bebidas y el vino. El proyecto ya cuenta con arquitecto, Carvalho Araújo, y en el caso del campus de Laguardia estará focalizado en el vino y el emprendimiento. Contará con una planta piloto de vinificación de más de 700 metros cuadrados, dos laboratorios y un espacio para la incubación de start-ups, entre otras instalaciones. Esta iniciativa va a atraer a la Rioja Alavesa estudiantes de todo el mundo, un talento que podría quedarse en la comarca. Además, el Gobierno vasco ha recuperado este curso en Laguardia el grado medio de FP de aceites de oliva y vinos. “La formación es fundamental para la comarca“, defiende el bodeguero Juan Luis Cañas.

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