Gobernanza y talento, claves en el futuro digital
La gestión de los recursos humanos, la formación profesional y la evolución de los modelos organizativos son tan relevantes como la tecnología


Primero fue resiliencia. Ahora es talento. Cada año surge una palabra que empacha la semántica. Estos días se han unido gobernanza y eficiencia, pero casi nadie ha estudiado la relación de este triángulo. La academia explica —al menos— alguno de sus lados. La gobernanza afecta mucho a la capacidad de atraer y retener el talento. Si tiene principios poco claros —advierte el catedrático de Economía de la Universidad Pompeu i Fabra, José García Montalvo— desalienta el fichaje de los mejores porque no están definidas las bases de su carrera profesional (por ejemplo, ascensos sin méritos) o los objetivos que persigue la compañía. Y si la gobernanza se transforma en una dirección autoritaria, el futuro se desmorona al igual que un estandarte en una batalla perdida.
Los trabajadores más cualificados de la firma de inteligencia artificial OpenAI se marchan a otras organizaciones por el empeño de Sam Altman, su fundador, de concentrar los recursos en avanzar en modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM según sus siglas en inglés) en lugar de trabajos experimentales, para justificar así su astronómica valoración en Bolsa. Al otro lado de la ribera: la gobernanza asfixiante. Documentos, políticas o powerpoints que apenas mueven un milímetro la estrategia del consejo de administración. Se trata de “hacer bien tu tarea, crecimiento académico y tecnología”, propone Juan José Martínez, director comercial de Accedia, la escuela de Formación Profesional (FP) que ha lanzado Analistas Financieros Internacionales (AFI), destinada a la economía y los nuevos escenarios tecnológicos de vanguardia. “Para nosotros es una oportunidad de país”, admite. “Lo que no podemos consentir es que los perfiles profesionales queden obsoletos”. Es la respuesta a una certeza. Por primera vez en décadas, son las grandes empresas tecnológicas las que parecen diseñar los planes de estudios. Ahora toca ser ingeniero, matemático, analista de datos, físico.
“Las economías con poblaciones envejecidas y mano de obra cada vez más escasa se enfrentan a la disyuntiva de no hacer nada hacia el declive o transformarse para seguir creciendo”, avisa Marien-Baptiste Pouyat, gestor senior en Pictet AM. Y añade: “Las organizaciones deben generar más con menos y alcanzar nuevos niveles de rendimiento y eficiencia”. Y aquí entra la inteligencia artificial (IA) y el mantra —mil veces redactado— sobre su habilidad para agilizar las tareas rutinarias y convertir a las personas en más productivas. “Hay una tendencia, nada intuitiva por ahora, en la que las grandes compañías estarían moderando la contratación de nuevos profesionales pero manteniendo aquellos con mayor experiencia para entrenar a la IA”, narra Roberto Scholtes, jefe de Estrategia de Singular Bank.
Conexión con la empresa
“Un LLM tiene un conocimiento equivalente a cientos de miles o millones de libros. Si algo ya han demostrado estas máquinas es que son capaces, literalmente, de aprender”, observa Ignacio Linares, experto en innovación. ¿Entonces? “El perfil profesional idóneo es tener unos saberes profundos, aunque sean ajenos a la tecnología, junto a habilidades relevantes en los flujos y tratamiento de datos, información y conocimiento de la compañía”, detalla Scholtes. Después, las empresas deben ofrecer la formación necesaria para “conectar” esas destrezas con la manera en la que quieran incorporar la IA en sus procesos. Esta es la ecuación y su respuesta. Los “cambios” causados por la tecnología se solucionan, paradójicamente, con mejor tecnología.
El país tiene una extrema dificultad —acorde con el Observatorio de Ocupaciones del Sepe— de encontrar trabajadores como albañiles, cocineros, enfermeros, médicos de familia, camareros o cuidadores. El sector de la construcción —no solo de viviendas; pensemos en centros de datos— sufre problemas análogos. En el último trimestre de 2025 (cifras más actualizadas del INE) faltaron en la construcción 6.357 trabajadores para cubrir la demanda. Un estudio de la Universidad de Stanford (When LLMs Propose Research Ideas, que podría traducirse como Cuando los LLMs proponen ideas de innovación) concluye que los mejores resultados en creatividad los obtienen los equipos híbridos: seres humanos más inteligencia artificial. Hay consecuencias. En el sector de las infraestructuras y también en otros. “La diferencia es que antes, cuando se producía una gran disrupción, pensemos en el tren de vapor, lo probaban y lo adquirían otras compañías. Ahora las grandes firmas tratan de imponer su tecnología de vanguardia, sus propios desarrollos, a otras organizaciones”, analiza Rubén Blanco, doctor en sociología de la Universidad Complutense de Madrid. “Hay un enorme interés por controlar la IA”, remata.
Pocos negarán que estas tecnologías vuelven más competitivas a las empresas. Pero todo resulta tan incipiente y la velocidad tan excesiva que harán falta algunos años hasta ver si añadimos un problema a la sociedad o una solución. Quizá la ventaja no la tengan tanto las empresas tecnológicamente avanzadas, sino aquellas que poseen una visión más nítida de cuáles pueden mejorar sus procesos y decisiones.
Cada país tiene sus problemas. Al igual que España está muy envejecida, sus infraestructuras aeroportuarias, claves en la economía de la nación, parecen ajenas a la ausencia de profesionales y embarcan con facilidad en las innovaciones de vanguardia. Enaire agrupa a un colectivo tan importante como los controladores aéreos. Entre 2021 y 2025 —según fuentes de la organización— se han sumado a la plantilla 617 nuevos profesionales en tránsito aéreo. Un número importante teniendo en cuenta que esta unidad congrega, en total, a 2.000 trabajadores, a los que se añaden otros tantos de mantenimiento y administrativos. Aterrizando en el detalle, durante 2025 logró un récord histórico de 2.470.604 vuelos gestionados en el espacio aéreo español. “El desafío es acertar con las dimensiones de la plantilla en un contexto en el que el tráfico de aeronaves supera las previsiones. Pero no existe escasez de profesionales, porque las condiciones de trabajo resultan muy atractivas”, zanjan. Tal vez el verdadero desafío ya lo planteó el físico Richard Feynman (1918-1988). “El espacio y el tiempo están unidos por un factor de conversión [cambio de unidades métricas, 1.000 metros equivale a 1 kilómetro]: la velocidad de la luz”. Estas tecnologías van demasiado deprisa.
Tormenta perfecta en un ladrillo
“El problema es que los españoles no quieren trabajar en este sector, que es muy duro, y no se forman para ello; el trasvase del negocio de padres a hijos ha desaparecido”. Luis Corral, consejero delegado de Foro Consultores Inmobiliarios, se refiere así a la construcción. “Los actuales empleados sénior carecen de aprendices y la demanda que llega es de inmigrantes, que rellenan el hueco, pero están poco o nada cualificados”, ahonda. En España, de acuerdo con BBVA Research, el 55% de los trabajadores de este segmento tiene más de 45 años y la proporción de jóvenes sigue reduciéndose; esto afecta, sobre todo, a oficios clave como albañilería, fontanería o pintura. La falta de mano de obra retrasa la entrega de viviendas, reduce la productividad y aumenta el precio de los proyectos. Y la tecnología o las casas preindustrializadas suponen un parche. La tormenta perfecta en un ladrillo naranja.
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